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Conferencias

El límite de la comprensión mutua entre culturas

Ponencia presentada al seminario Islam y Occidente: Las condiciones para el diálogo

Granada, Universidad Euroárabe, 10 a 12 de febrero de 1993

Europa y los países árabes (e Israel) comparten en el Mediterráneo un espacio de alta densidad en civilizaciones, historia compartida, conflictos, guerras y paces. La ribera norte, desde el Algarve y Andalucía a la exYugoslavia y Turquía y la ribera sur, desde Marruecos a Egipto y Siria, sin olvidar las islas de Malta y Chipre, conservan la huella de la dominación alternativa de unas civilizaciones sobre otras.

Consciente de que la consolidación de Europa está parcialmente relacionada por los conflictos y relaciones con el sur, la Asociación de Periodistas Europeos ha organizado en los últimos 9 años otros tantos encuentros entre periodistas, profesores, historiadores, sociólogos y políticos de ambas orillas mediterráneas.

El objetivo de esos encuentros, siempre subsidiarios de la actualidad, varió con los años. Primero se trató de identificar y ganar para el diálogo a profesionales de una y otra civilización dispuestos a realizar el esfuerzo de escuchar, hablar, tratar de comprender y cooperar con el otro.

Luego dialogamos sobre el conflicto árabe-israelí, sobre el reparto de los acuíferos en una zona del mundo donde el agua puede alcanzar un precio tan elevado como el petróleo, sobre demografía y migraciones, sobre información y conocimiento mutuo, sobre la representación del otro, sobre el auge del Islam radical, sobre empleo y desarrollo, y sobre educación, cultura e intercambios económicos que es el tema que nos congrega hoy.

En esos 9 años hemos aprendido a conocernos, hemos realizado un esfuerzo por comprendernos, y hemos más o menos llegado a la conclusión de los límites posibles de esa comprensión. En esos 9 años, justo es reconocerlo, nuestros avances han ido siempre por detrás de los progresos que llevaban a cabo los gobiernos y países en sus relaciones políticas, económicas y comerciales.

Ningún tema de diálogo avanzó de una manera proporcionada o equivalente al avance de los intercambios comerciales y económicos o la implantación de empresas e instituciones comerciales en nuestros países respectivos.

El entendimiento entre periodistas, historiadores o sociólogos, ha estado a la zaga de la colaboración establecida entre instituciones financieras y bancarias, empresas y actores económicos, aunque ello no significa que no haya sido positivo, lo cierto es que los actores económicos han establecido microclimas de confianza mutua con mayor rapidez y facilidad que nosotros en el terreno de las ideas.

A pesar de ello, creo que ya hemos dialogado suficiente sobre temas generales pero no por ello fundamentales, de cultura y civilización y relaciones entre lo que se ha dado en llamar sociedad civil, y pienso que ha llegado el momento, conocedores de los límites hasta donde podemos llegar en cuestiones humanas y culturales, de que pasemos a la etapa siguiente de proyectos de acción o cooperación en común.

Pienso que existen algunos campos concretos en donde la cooperación es posible. Por ejemplo creo que la creación de una estructura de coordinación permanente entre periodistas europeos y periodistas magrebíes, por la defensa de intereses comunes y para el intercambio de información y apoyos mutuos, sería necesaria. Creo que una cooperación entre arabistas españoles e hispanistas magrebíes para analizar la presentación de la civilización del otro en los respectivos textos escolares y proponer las eventuales correcciones, sería de gran utilidad. De la misma manera creo que un trabajo similar entre historiadores con los textos de historia contribuiría tal vez a cerrar una página y crear un punto de partida diferente.

La misma cooperación entiendo que puede emprenderse entre organizaciones de mujeres, derechos humanos, e incluso entre universitarios para el estudio de los sistemas políticos respectivos al menos para identificar los puntos de discordancia y las posibles estrategias de futuro comunes. Pienso, por último, que también sería útil una cooperación entre los hombres de religión que nos permitan a posteriori comprender mejor el alcance y la profundidad de las corrientes de fondo espiritual en nuestras respectivas sociedades.

Hasta ahora la mayor parte, por no decir la totalidad del esfuerzo de organización de encuentros y la preparación de foros de debate ha correspondido a una sola de las partes. No sólo por el debate, sino por el valor añadido que representa para el llevarlo a cabo alternativamente en unos y otros países, entiendo que sería útil que nuestros interlocutores organizaran ellos de vez en cuando encuentros similares para sensibilizar también a sus respectivas sociedades e instituciones políticas.

El mas reciente ejemplo de cooperación económica, el gasoducto entre Hassi R’mel en Argelia y Córdoba en España a través de Marruecos, inaugurado el pasado día 9 de diciembre, que alimentará en una primera etapa a las redes gasísticas de España y Portugal, implica, por tratarse de una interdependencia de carácter estratégico, una gran confianza en el futuro de la cooperación económica.

Asimismo y al cumplirse el año de la conferencia euroárabe de Barcelona, que se fijo el objetivo ambicioso de hacer del Mediterráneo una zona de libre comercio para la primera década del próximo siglo, el primer paquete de financiero de ayudas con cargo al presupuesto global de 4.700 millones de euros para el quinquenio 1995/1999 ya está disponible, según explicaba aquí ayer el diputado español en el Parlamento Europeo, Pedro Aparicio.

La cooperación entre las llamadas sociedades civiles no ha logrado ese ritmo de crucero, pero tampoco se ha paralizado. En España, como fuera de ella, son numerosos los institutos, universidades y centros de estudio que llevan a cabo esfuerzos similares y complementarios a los de la Asociación de Periodistas Europeos.

Con dificultades vamos sacando adelante un diálogo entre civilizaciones que parece evidente que tiene sus límites. A diferencia de lo que ocurre con el entendimiento para la cooperación económica, la comprensión mutua entre los seres humanos encuentra en la cultura, la civilización y las tradiciones, una mayor dificultad.

En todo caso se ha planteado a lo largo de los debates que hemos celebrado ahora, y lo comparto, que si bien es legítimo reivindicar el derecho a ola diferencia en el propio país frente a los intentos externos de influir sobre sistemas políticos transiciones democráticas, e incluso para la protección de la identidad propia, la misma legitimidad se nos ocurre que merece reclamar el derecho a que sea respetada la diferencia política, religiosa, cultural y humana del país anfitrión por parte de una comunidad huésped procedente de una civilización diferente.

La debilidad numérica de la inmigración en España impide por el momento que los problemas interculturales se planteen con la misma acritud que en Francia, por ejemplo, pero es lógico suponer que en los años venideros y a partir del flujo migratorio creciente de los últimos años, España se encontrará en una situación parecida.

A la dificultad intrínseca del diálogo y la comprensión entre culturas viniera a sobreponerse en los últimos años algunas teorías filosóficas pesimistas que predicen guerras de civilizaciones y razas. Primero se nos anunció el fin de la historia. Ese primer anunció traducía la euforia del triunfo del liberalismo sobre el marxismo y en ese impulso se llegaron a anunciar unos dividendos de la paz que, por supuesto distribuiría Estados Unidos, el último y único imperio de Occidente que reclamaba además el liderazgo.

Las dos hipótesis de trabajo posteriores, la guerra de civilizaciones y la de razas diferentes, parecen traducir más bien el pesimismo de algunos filósofos norteamericanos que creen inevitable el declive del imperio americano, que para ellos ya ha comenzado. Los grandes conjuntos regionales político-económico-culturales que han hecho su aparición constituyen el anticipo de un sistema mundial más fluido y multipolar que no se sabe muy bien por qué es contemplado con pesimismo por algunos.

Esa guerra de civilizaciones o de razas anunciada no parece ninguna novedad en nuestro entorno mediterráneo, cuyas civilizaciones han estado siempre y alternativamente en paz y en guerra, La cooperación económica acelerada ahora proyectada puede hacer remitir cada vez más los períodos de enfrentamiento.

La única duda razonable concierne a la posibilidad de entendimiento civil y está dada en el fracaso de las experiencias de estados multiconfesionales como Israel, Chipre y Líbano y tal vez ello marque el límite infranqueable de la cooperación y la comprensión porque si bien la experiencia multiconfesional parece tentadora, cuando esta implica un estado plural en lo político y en lo jurídico, y bi o multiconstitucional, la cuestión cambia.