Conflictos en el Mediterráneo: como tratar con el radicalismo islámico
Seminario La paz y los Conflictos
Facultad de Ciencias Políticas de Granada
26 de noviembre de 1996
Después de padre y madre, la palabra paz es junto con la palabra Dios, una de las primeras que aparece en el vocabulario de los hombres como consecuencia de la interpretación mágica original del universo. La primera estuvo motivada por la necesidad de comprender el origen del mundo en que vivimos, la segunda por buscar una alternativa al infierno en que en muchos casos convertimos nuestro mundo. Ambas opciones permiten las dudas razonables más profundas.
Dios ha sido utilizado con posterioridad, incluido en el presente, ya sea para culparle de males que nos han ocurrido, ya para justificar en su nombre acciones que los hombres, nosotros, reprobaremos. En algún momento de la evolución, los amantes de la paz han querido matar a Dios porque creían que les traía la guerra. Los personajes Gog y Magog de la Biblia, después de cada invasión que sufrían de pueblos procedentes del Este y de cada derrota y pillaje de que eran objeto, volvían sus flechas contra el cielo v disparaban con la intención de matar a un Dios que les parecía injusto. Los extremismos e integrismos del presente, por el contrario, siembran en muchos casos la destrucción y la muerte supuestamente en nombre de Dios y para mayor gloria suya.
Si lo prefieren cito todos los tópicos y lugares comunes que constituyen nuestro discurso retórico con respecto al Mediterráneo así a lo largo de la exposición ni les molesto con más tópicos, ni me refiero más a ellos: El Mediterráneo es uno de los lugares del planeta más fecundo en el encuentro entre civilizaciones; Es el espacio armónico de las tres grandes religiones monoteístas; Es un espacio estratégico de primer orden; Es la cuna de la civilización occidental; Es el eslabón de encuentro de tres Continentes; Es un crisol de cultura y civilizaciones, etc.
¿Qué es el Mediterráneo?
Para m, un área de historia, civilización, cultura y comercio muy particular enzarzada siempre, desde tiempos inmemoriales, en problemas probablemente insolubles, pero susceptibles de acomodos y compromisos temporales. Entre ellos y no en último lugar por cierto, están los problemas de civilización, o de civilizaciones diferentes que se encuentran y se solapan y para las cuales la guerra ha sido, en esta zona del mundo como en cualquier otra, el estimulante revulsivo de encontronazos germinales.
Hablo de guerra, no como un lamento, sino con el convencimiento de que es una característica recurrente de la historia y la evolución de todas las civilizaciones, que en todas las etapas los hombres intentan ponerle fin no con la paz, que a mi modo de ver sugiere como idea no el final de los conflictos sino el de las causas que los motivaron, pero si con compromisos y acuerdos puntuales.
Alguien me contaba el otro día con motivo de la visita próxima del Papa a Cuba que al llegar éste al aeropuerto de Rancho Boyeros en La Habana entre los miles de cristianos cubanos allí congregados para recibirle se encontraban por casualidad dos ciudadanos cubanos de confesión judía. Curiosos y asombrados de tanta movilización y tanto fasto, sacaban sus cabezas entre la multitud para ver como el Sumo Pontífice descendía del avión, besaba como es tradicional en él la tierra cubana, bendecía a los congregados y en medio de vítores abordaba el Papamóvil y se dirigía a la ciudad. Ante esa formidable catarsis uno de los judíos le dice al otro: "Y pensar Moshé, que todo este negocio empezói con un borriquitoÖ" Las relaciones internacionales me parecen con frecuencia un gran negocio que la mayoría de la veces comienza con algo parecido a un borriquito.
¿Qué es y cuánto abarca el Mediterráneo? : En términos geográficos sólo son mediterráneos los países y pueblos ribereños, pero cualquier análisis político no tiene más remedio que tomar en consideración a los países que tienen una relación con los conflictos, riesgos y amenazas para la paz que sobre el concurren. Por eso son asociados a toda discusión sobre el Mediterráneo los países de Oriente Próximo, el Golfo y el Cuerno de Africa.
Pero el Mediterráneo no es sólo una región sobre la cual gravitan un cierto número de Estados, sino también un conjunto de contradicciones y líneas de división políticas, ideológicas, culturales. lingísticas y religiosas, y sistemas económicos y de seguridad diferentes. Es un conjunto extremadamente vulnerable y potencialmente explosivo que además de los países dominantes que lo integran, se estructura o intenta estructurarse alrededor de varios polos:
- La Comunidad Europea y sus prolongaciones militares Unión Europea Occidental y OTAN.
- Rusia (antes URSS) interesada en los Balcanes
- La Liga de los Estados árabes y por extensión sus organizaciones regionales, Consejo de Cooperación del Golfo y Unión del Maghreb Arabe.
- Los llamados países solos como Israel, Albania, Malta y en menor medida Chipre.
- La Ex Yugoslavia en vías de desmembración política y geográfica.
Los conflictos del Mediterrneo
De una manera sumaria, los conflictos principales del Mediterráneo son, comenzando por el Sur y de Oeste a Este:
El conflicto del Sáhara occidental, no resuelto; El caso de Libia, aislada en su propia y región y sometida a embargos continuamente renovados por el Consejo de Seguridad de la ONU, acusada de favorecer e incluso organizar el terrorismo internacional; El conflicto árabe israelí, que parecía en vía de apaciguamiento después de las conferencias de Oslo y de unos acuerdos palestino israelíes que hoy se encuentran en entredicho a mi modo de ver por la circunstancia coyuntural de la llegada al poder en Israel del Likud -siempre ha habido un Likud que llegaba al poder-; El caso del Líbano, ocupado militarmente por Siria en víia de arabización acelerada y con una composición étnica y religiosa donde se reflejan a su vez todos los otros conflictos del mundo árabe, y por lo tanto de difícil solución; Irak, sometido a embargo por el Consejo de Seguridad de la ONU desde la llamada guerra del Golfo y con su territorio literalmente desmembrado por las famosa zona de exclusión dictada por la coalición de potencias ganadora de la guerra en beneficio de un pueblo kurdo a caballo entre tres países en los que a la vez son indeseados y reprimidos.
De derecha a izquierda del mapa, en la orilla Norte o en el centro del Mediterráneo, tenemos la situación de las poblaciones albanesas de Macedonia y Kosovo; El estallido de la exYugoslavia y su desmembramiento; Las interminables y agotadoras confrontaciones entre turcos y griegos en el Mar Egeo; La división de Chipre, etc.
Por último, pero no por ello menos importantes, están los riesgos graves de carácter global que conlleva el auge de los radicalismos e integrismos en la región, que comprometen la estabilidad de varios países como Argelia, Egipto, Túnez, y en menor medida Marruecos y Jordania; las amenazas para la paz futura que suscita el reparto de un agua cada vez más escasa, donde algunos especialistas ven con más claridad que en ninguna otra causa el origen de una posible nueva guerra y que concierne por un lado a Israel, y por otro lado a los palestinos y los países vecinos árabes vecinos de ambos por la distribución de los escasos acuíferos de la región; las amenazas formuladas por Egipto contra Etiopia y Sudán, dos países que controlan las fuentes del Nilo Azul, donde nace el agua que dio origen a una de las más portentosas civilizaciones de la humanidad; el estado de guerra virtual en que se encuentran Siria e Irak con Turquía por el reparto de las aguas del Tigris y del Eufrates, cuya llave tiene éste último país; y como conflictos que implican a países del Norte y del Sur del Mediterráneo, todos aquellos derivados del acceso y control de las fuentes de energía y que son importantes si se tiene en cuenta que más de un cuarto de los aprovisionamientos de la Unión Europea proceden de esta región del mundo.
Esta lista no es exhaustiva porque desde el punto de vista del análisis político no se pueden desvincular totalmente del Mediterráneo las crisis del Golfo, las ambiciones hegemónicas Irán y Arabia Saudita, y los conflictos territoriales entre algunos países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo entre si y entre miembros del CCG e Irán.
Seguridad y estabilidad
Con el ánimo nunca reconocido por los demás de crear mecanismos de consulta para tratar de esos conflictos y de proyectos de cooperación, algunos países ribereños se han puesto de acuerdo para crear grupos más o menos preocupados por la seguridad que hasta ahora no han tenido mucho éxito.
Los primeros en unirse fueron los del llamado arco latino de la Unión Europa. España, Francia, Italia, Portugal más Malta y por parte del Magreb los miembros de la UMA, Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez, en lo que se llamó gráficamente el Grupo 5+5.
Desde 1990 existe también un proyecto ítalo-español de extender los mecanismos de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa al Mediterráneo en un organismo parecido que llevaría el nombre de Conferencia de Seguridad y Cooperación en el Mediterráneo y que fue propuesto por primera en septiembre de ese año en Palma de Mallorca.
Al año siguiente el Presidente egipcio Hosni Mubarak, en su visita al Parlamento Europeo de Estrasburgo en noviembre de 1991, propuso la creación de un Foro informal mediterráneo que se reunió el año pasado en Alejandría. Por último existe también una iniciativa de Malta de crear una especie de Consejo Mediterráneo, propuesto en marzo de 1992.
Lo cierto es que los conceptos de seguridad y estabilidad válidos hasta hace muy pocos años ya no tienen curso. Antes teníamos la guerra fría resultante de un sistema bipolar que evitaba la guerra entre los dos principales actores a causa de la posibilidad de destrucción recíproca. Cuando uno de los dos ideó un mecanismo militar diferente que trascendía al equilibrio nuclear, la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica, vulgarmente conocida como la Guerra de las Estrellas, el otro socio no pudo seguir con el esfuerzo económico que exigía contrarrestarla y se hundió. Todavía recuerdo con nostalgia cuando los políticos hablaban de los dividendos de la paz, ahora francamente excluidos del lenguaje diplomático incluso para fines retóricos.
De la misma manera que la medicina del futuro se orienta hacia la prevención de las epidemias y las enfermedades, la ONU y otros países estiman que el nuevo sistema de seguridad sustitutivo del existente para la guerra fría debe construirse sobre la base de la prevención de las crisis y los conflictos. La Guerra del Golfo, sin embargo, proporcionó a Estadas Unidos la oportunidad de reivindicar con mayor fuerza el liderazgo del sistema mundial y sentó las bases de una posible acción unilateral imposible de cuestionar.
El fin de la historia
Desde la Cumbre de Williamsburg de 1983 Estados Unidos invita al mundo a asociarse a su idea de la globalidad de 1a amenaza, parece entender que en el presente la única verdadera rivalidad al sistema de partidos políticos y de democracia que intentan promover por todo el planeta a imagen y semejanza de EE.UU. esta en el radicalismo islámico y en los nacionalismos anti-americanos. Los sociólogos norteamericanos y algunos profesores de moda entre los medios de comunicación expusieron algunas teorías de sensación que pasado el primer impacto causado por la espectacularidad de las propuestas, han sido contempladas con mayor circunspección y sentido critico.
Después de la desintegración de la URSS el profesor Francis Fukuyama anunció el final. de la historia. El final que él anunciaba era, obviamente, el triunfo de la democracia liberal sobre el marxismo leninismo ciertamente fracasado. Durante unas años hemos vivido en una especie de realidad virtual que parecía dar la razón a Fukuyama. Al punto que él mismo concretó sus artículos iniciales en un libro que tituló El Fin de la Historia y el último Hombre, que era por supuesto el hombre americano.
Sin embargo la historia no parece haber terminado y en este final de siglo grupos de países intentan constituir nuevos polos de influencia que apoyados en progresos económicos, técnicos y militares quisieran proyectarse como actores importantes y si es necesario como competidores de ese nuevo orden internacional, el de la historia muerta que Fukuyama preveía presidida por el único superviviente norteamericano.
Me refiero concretamente a la Unión Europea, a Japón, a China que sugieren que más que al final de la historia, que como hipótesis de trabajo parece una insensatez, nos encaminanos a una historia diferente a la que predominó en Occidente desde los inicios de la revolución industrial europea en el siglo XIX y el triunfo del marxismo en un país a partir de 1917, y sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial cuando los principales actores, EE.UU y URSS convierten en bipolar, por la posesión por ellos de armas de destrucción masiva, un mundo que era, es y probablemente seguirá siendo multipolar y extraordinariamente interdependiente.
Pero la historia sigue viva no sólo por eso, sino por la pervivencia de las contradicciones sociales, de la existencia de la pobreza, de desempleo y de marginación. En lo que concierne a las civilizaciones, el islamismo radical o moderado, se afirma como la utopía alternativa al comunismo derrotado, al menos para el área de civilización islámica.
Para algunos, puesto que la amenaza actual es global, donde mejor se combate es en el seno de la Alianza Atlántica, de la OTAN, donde Estados Unidos conserva una total hegemonía. Claro que la OTAN, al menos en sus estatutos fundacionales de 1949, tiene un área geográfica de actuación bien definida que será necesario ampliar en función de esa supuesta amenaza global.
El Mediterráneo, en la acepción amplia de que he hablado antes, es para la OTAN uno de esos escenarios hacia los cuales considera que debe extender sus frontera. Naturalmente, una readaptación de la OTAN de esta naturaleza no deja de suscitar fricciones entre Estados Unidos y Europa.
El presidente francés actual lo ha expresado quizá más gráficamente que ningún otro dirigente del Continente al afirmar que esa readaptación debe comenzar por tener en cuenta la identidad europea. Para el presidente Bill Clinton, la OTAN debe permanecer en el centro de la Seguridad europea porque "es la única que posee los medios y la experiencia" y de ahí han surgido las numerosas iniciativas militares posteriores a la guerra fría que muchos consideran más que orden un estado de anarquía codificada que, por el momento, sólo parece una opción estratégica y política bajo el dominio y tal vez en beneficio de Estados Unidos.
Riqueza y pobreza como telón de fondo
<¿De qué nos tenemos que defender globalmente, una vez desaparecida la URSS y el Pacto de Varsovia? Otro profesor norteamericano, de Harvard, Samuel Huntington, nos lo aclara al proponer que las amenazas futuras están en el previsible enfrentamiento entre civilizaciones y afirma que la oposición entre Occidente y ciertos estados de la civilización islámica o asiática (confuciana) será la fuente principal de conflicto en el futuro inmediato.
El Mediterráneo, zona de convergencia y solapamiento de dos de esas civilizaciones en conflicto, según Hungtinton, es pues un escenario preferido para esa guerra de civilizaciones que vaticina. Pienso que la tesis de Huntington ha tenido demasiados adversarios ya como para que me extienda en una nueva refutación. Pero lo cierto es que al igual que las tesis de Fukuyama, las de Huntington parecen surgir de una visión demasiado maniquea del mundo. Si algo enseña la historia y en particular la historia del Mediterráneo, es que las civilizaciones y las culturas no son bloques monolíticos estancos que funcionan y actúan de una manera independiente. Las interdependencias y las influencias recíprocas entre ellas, al igual que las guerras que se han librado con suerte alterna, se remontan a los mismísimos orígenes y no parece que estemos en una situación radicalmente diferente desde el punto de vista histórico.
Lo diferenciador en los años venideros parece ser más bien que la civilización y la cultura, la riqueza y la pobreza. Otra cosa es que se pueda hablar de una Civilización/Pobre/Sur o civilización/rica/norte, referido a lo mejor a la civilización europea y a la islámica, pero incluso en ese caso lo distintivo de la confrontación no es la religión sino la riqueza. A este respecto creo que la división pobre/rico no concierne solamente a dos civilizaciones diferentes sino a países miembros de una misma área de civilización en cuyo interior coexisten sectores de población norte/ y sectores de población sur.
Según las cifras que manejan los organismos especializados internacionales, la quinta parte de la población mundial acapara el 84'7 por ciento del PNB mundial, es extrapolable a la situación de la mayoría de los países del Sur en donde los ricos acaparan riquezas en proporciones similares a las cifras dadas para la distribución mundial de las riquezas.
El enfrentamiento religioso/político en curso no es exclusivamente Norte/Sur sino que en la mayoría de los países del Sur estoy hablando siempre del arco mediterráneo el resurgimiento violento de la religión se asemeja más a un asalto al poder con objetivos, entre otros, redistributivos que a una evolución con fines exclusivamente teológicos. No se puede hablar, según creo, de estabilidad y seguridad en el Mediterráneo si no se encuentra una solución global a sus conflictos más importantes y a los de su entorno, y en el centro de todos estos conflictos al problema de la riqueza y la pobreza, pero éste, repito, no es un problema exclusivo Norte/Sur sino también Sur/Sur.
Europa y el Mediterráneo.
El fin de la guerra fría trajo un interés creciente de algunos países europeos por el Mediterráneo. Ese interés creciente se ha convertido en un proyecto bautizado de cooperación y codesarrollo que implicará probablemente en otra etapa una cogestión de las crisis, formulado con claridad en la Conferencia de Barcelona y dotado de contenido financiero en reuniones posteriores de la Comisión europea. Mientras que Estados Unidos siempre predominó en el Mediterráneo oriental, de influencia anglosajona, Francia, Italia y España se encuentran en el presente interesadas incluso en misiones de vigilancia y defensa en el marco de la OTAN pero como consecuencia de una embrionaria definición de. los marcos de la seguridad y la defensa de Europa a través de la UEO.
La demografía ha venido no obstante a incrustarse en este entramado de relaciones complejas no falseando pero si por lo menos confundiendo los riesgos y amenazas para el futuro. Se dan como válidas las cifras de evolución de población del Banco Mundial al respecto que estima que, para el año 2000 el Magreb contará con más o menos 100 millones de habitantes y que está cifra para el año 2035 se habrá duplicado. Es verdad que el crecimiento de población europeo se halla estancado, que los intentos de asimilación de la inmigración emprendidos por algunos países como Francia hacen agua y fracasan, pero también han fracasado todas las experiencia de estados multiconfesionales del Mediterráneo, e incluso el famoso "melting pot" norteamericano tiene ya poco de melting y nada de pot. Aún así, en el año 2035 Europa o la orilla Norte del Mediterráneo tendrá algo más de 450 millones de habitantes y en muchos países como Francia o Alemania, la seguridad social no será deficitaria como probablemente sí lo sea en España, debido al aporte financiero de las deducciones por el trabajo inmigrante.
El gasoducto euro-mediterráneo que el próximo día 10 de diciembre será inaugurado en Córdoba sugiere que el Magreb y la Unión Europa siguen empeñados en un esfuerzo histórico por unir sus destinos en lo estratégico. Ese gasoducto, que permitirá que los hogares españoles y portugueses dispongan de un medio de energía barato, y que se extenderá en un futuro próximo a Francia y Alemania, se une al ya existente entre Argelia e Italia a través de Sicilia, que enlazará en una segunda fase con Austria.
Sólo la situación especial a que se ve sometida Libia impide que se establezcan con ese país proyectos de carácter estratégico similar, pero aún así, Libia suministra la cuarta parte del consumo energético de algunos países europeos, entre ellos España.
Sin hablar de los acuerdos de partenariado entre países del Norte. y del Sur del Mediterráneo ya concluidos, la Unión Europea y el Magreb están, como los matrimonios religiosos, unidos prácticamente hasta que la muerte nos separe por unos flujos comerciales en los dos sentidos que en cifras globales representan el 60 por ciento del comercio exterior de los socios del sur.
La democracia, asignatura pendiente
Creo que el mundo árabe en su conjunto con las salvedades que impone globalizar situaciones individuales, es el área de civilización menos avanzada en materia de conquistas democráticas, de institucionalización de la vida política, y predominio de los estados de derecho. La reticencia de los gobernantes surgidos en las luchas por las independencias de la colonización, que son más o menos los que aún gobiernan o en cuyo nombre se gobierna, con su persistente negativa a homologarse con el mundo democrático, abrieron la puerta a una interpretación radical del islam que hasta el momento han tenido la habilidad de redirigir contra Occidente.
El islamismo radical, al igual que el comunismo en su momento, intenta sustituir un sistema que considera injusto por otro desgraciadamente totalitario. El primero, como bien decía León Trotsky y luego su "analista" Isaac Deutscher, sustituyó al pueblo por el partido, en cuyo nombre se suponía que dirigía, y al partido por el líder máximo, el secretario general o el gran timonel. Las descripciones del cargo son exclusivamente consecuencia de la diferente imaginación de las culturas en que se desenvolvió, pero el resultado fue el mismo: una sucesiva delegación de libertades y derechos hasta concentrarlos en una sola persona. Es decir una concentración de delegaciones equivalente a la que pretenden los islamistas radicales que corresponde acaparar a Dios. Un Dios que a diferencia de los tiempos del Profeta del islam o de los profetas que le precedieron, ya no se manifiesta públicamente para señalarles el camino justo. La decisión de señalar ese buen camino ha terminado en las manos de los múltiples y variopintos emires que se arrogan la capacidad de interpretar los mandatos de Dios con frecuencia de una manera notablemente alejada de las revelaciones que los contienen, la Biblia y el Corán.
Occidente no sabe cómo tratar a esta utopía alternativa, radical y violenta. Grosso modo, las izquierdas preconizan un paternalismo seudo comprensivo que se solidariza con todo sin diferenciar entre conflictos puntuales y problemas transcendentes, y las derechas, temerosas del vacío y de la aventura, se desinteresan y se vuelven del lado de los regímenes la mayoría de las veces militares existentes en el sur que para-democráticos o no parecen ofrecer una cierta garantía de estabilidad del sistema.
Los unos ocultan las diferencias que nos separan, y los otros resaltan las similitudes formales entre los regímenes para justificar la cooptación. El problema de fondo queda así escamoteado por unos y otros y las diferencias y desconocimientos idiomáticos completan un cuadro de posible encuentro de civilizaciones relativamente mediatizado. Los diálogos de Occidente y los occidentales con la civilización vecina se reducen, a fin de cuentas, a los intercambios con aquellos que viven entre nosotros, más o menos occidentalizados, a diálogos esporádicos con las elites de los países vecinos, principalmente con aquellos de sus miembros que han estudiado en universidades europeas, que hablan lenguas europeas y sobre todo que son capaces de traducir a una racionalidad occidental la complejidad de los movimientos intelectuales que circulan con fuerza en sus respectivas sociedades.
Ocultar las diferencias lleva, según creo, a favorecer a los integrismos radicales en el sur y a dejar a los moderados de esos países en las manos de sus radicales. La realidad es que existe un profundo movimiento dentro del islam de recuperación histórica de una personalidad que creen aplastada por la colonización, y él Occidente ha de contar, dialogar, tratar y lograr compromisos. Así marginaran ambos al radicalismo violento y terrorista.
Ese reconocimiento de la diferencia implica que Occidente coopere en la eliminación de las diferencias de desarrollo, económico y político, y que se predisponga favorablemente a entrar en un mundo, en un sistema político global, con la civilización vecina pero también con las demás civilizaciones, multipolar, de responsabilidades compartidas.
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