Agencia EFE
Sin novedad en El Cairo... Despues el terremoto
El Cairo, 14 oct 1992
Cuarenta y ocho horas después del terremoto que el lunes azotó Egipto y se cobró más de quinientas vidas, El Cairo recupera la normalidad. Vuelve el caos de tráfico de siempre, las estridentes y constantes bocinas de vehículos que avisan que sobresaltan al caminante muchas veces pocos segundo antes de atropellarlo, los mismos vendedores ambulantes.
Los almuédanos, gracias a la capacidad de la megafonía moderna de alcanza un nivel de decibelios que francamente no es de este mundo, sacuden cinco veces al día a los cairotas del posible sopor con una dedicación ecuménica que alcanza a los ciudadanos de todas las confesiones.
En un recorrido en coche de cuatro horas por la capital, nada recuerda a la tragedia pasada. En parte porque esta ciudad de 16 millones de hacinados habitantes parece vivir "en estado de terremoto permanente".
Hoy miércoles se produjeron dos réplicas del seísmo de escasa intensidad en comparación con el del pasado lunes, que, según el presidente egipcio, Hosni Mubarak, causó más de 450 muertos y 4.000 heridos.
Ahora, algunos edificios se derrumban con total normalidad, los techos se hunden, y las tuberías de agua subterráneas estallan en los barrios viejos de la ciudad. Pero la gente sigue viviendo en ellos como si nada hubiera pasado o nada pudiera pasar. No tienen a dónde ir.
A excepción de las orillas del Nilo, donde han crecido modernos edificios y grandes hoteles turísticos, todo -el Cairo faraónico, el árabe, el mameluco, el musulmán- parece estar vivo y muerto a la vez y las calles, en obras permanentes, se hallan continuamente levantadas, sin que en estas circunstancias se sepa muy bien si fue obra del terremoto o si estuvieron así desde siempre.
Los habitantes de este país, con unos ingresos per cápita medios de 160 dólares, que se reproducen a un ritmo de un millón de egipcios más cada ocho meses, saben que un antiguo faraón soñó que veía salir del Nilo cuatro vacas gordas y cuatro vacas flacas. Están acostumbrados a los años de vacas flacas pero todavía no conocen los de vacas gordas. Según los gobernantes lo bueno está -siempre- por venir.
En ninguna ciudad del mundo el pasado más remoto, la historia antigua, la media y la moderna, conviven con mayor promiscuidad que en El Cairo. Curiosamente, y a pesar de su vetustez en muchos casos, los edificios de todas esas épocas siguen de pié y utilizados. Tanto si tienen 1000 años como 1000 horas, si son torres modernas de apartamentos como construcciones faraónicas o del primer Islam, los edificios se caen en Cairo.
El bauab (portero), el verdadero dueño de la vida e los barrios de El Cairo, puede hacernos la vida menos difícil si se le contenta con propinas, o imposible en caso contrario. Como dice Neguib Mahfuz en sus novelas, el bauab es en su barrio más poderoso que el Gobierno.
En covachas de dos o tres metros cuadrados, que les asignaron los propietarios de los edificios cuando adolescentes comenzaron a ejercer su función, pueden llegar a vivir con el tiempo 6, 7, 8 personas, una familia o dos familias. Cada año, sin que el espacio disponible aumente, parientes, amigos o conocidos del pueblo del bauab que huyen del paro y de la desesperación, se han añadido a la familia original y llenan los espacios aún sin ocupar de las azoteas, los lavaderos o los trasteros de la casa.
En otras ocasiones, a muchos edificios construidos y calculados hace 20 ó 30 años para soportar 4, 5, ó 6, les han ido añadiendo con el tiempo otros tantos pisos más. Unas veces es porque las familias crecen, y otras porque los propietarios de los inmuebles creen que les pueden añadir plantas y alquileres hasta tocar el cielo.
La mayor tragedia ocurrida en la capital como consecuencia del terremoto fue el hundimiento de un edificio de 14 alturas en la calle que lleva el nombre de una región de Arabia Saudí, Charia Hedjaz. Cuando el edificio se acabó de construir sólo tenía la mitad de plantas. Según hemos sabido por la prensa, el inmueble fue construido en 1979 cuando comenzó la Infitah (apertura) del régimen con la presidencia de Anuar Sadat a la muerte del rais Gamal Abdel Nasser.
En Egipto, como en muchos otros países recién liberados del comunismo, los nuevos conversos al capitalismo creían que la democracia es solo poder ganar dinero sin ninguna pega ni limitación. El edificio derrumbado había sido construido con prefabricados y con tecnología de los países socialistas, y claro, si encima le pusieron siete pisos de más, lo milagroso es que solo lo hubiera hecho caer el terremoto.
Las autoridades suelen jugar con frecuencia, después estas tragedias, a buscar culpables y sobre todo a prevenir para que en el futuro no se repitan accidentes mortales. En las primeras semanas después de algún derrumbe, los ediles ordenan buscar edificios ampliados hacia arriba sin autorización y se multiplican las órdenes de demolición. Nadie recuerda, no obstante, que ninguna de esas órdenes haya sido ejecutada.
Todavía hoy miércoles los bomberos, la Defensa Civil y la Cruz Roja se esfuerzan, con palas excavadoras y una grúa, por recuperar cuerpos de entre los escombros. En Charia el Hedjaz los acongojados parientes de los desaparecidos observan a los operarios trabajar temiendo que si alguno de los suyos sigue con vida, no lo mate la excavadora.
A mediodía un soldado grita que ha descubierto un nuevo cuerpo sin vida, un hombre de unos 41 años. Una hora después aún queda una mano del desgraciado por liberar. Unos metros más lejos un bombero anuncia que ha aparecido otro cadáver, esta vez de mujer.
Unos 40 bomberos y soldados, subidos en un promontorio de unos diez metros de altura de vigas retorcidas y objetos machacados, comienza a tirar con todas sus fuerzas de aquella parte del cuerpo de la mujer que han podido agarrar. Otros grupos, de vecinos supongo, recogen todos los objetos que encuentran: calentadores eléctricos, colchones, trozos de ropa, alfombras, agendas y cuadernos.
Todo es depositado en un camión de la policía que cada vez que se llena parte con destino desconocido, mientras las ambulancias efectúan numerosos viajes al depósito de cadáveres, donde los que han perdido a familiares intentarán identificarlos. La rueda de la vida sigue girando y si sólo se contabilizan 500 muertos es, porque como dice el almuédano cuando llama a la oración, “allah ua Akhbar”, Dios es grande.
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