Domingo del Pino
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Mediterráneo: El espacio y sus conflictos

(Ponencia presentada al Seminario de la Paz y los conflictos, organizado por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada el 26 de noviembre de 1996)

Cuando me invitan a hablar suelo comenzar por lo que pudiéramos llamar cláusulas de estilo. Les ruego que no las interpreten como una pedantería de mi parte, sino como algo necesario para evitarme incomodidades futuras. La primera es que nada de lo que yo diga puede comprometer en modo alguno a EFE. Hablo y hablaré a titulo absolutamente personal. El trabajo en agencia de prensa me ha ayudado a ir a los hechos primera y a sacar conclusiones después, pero no al revés. En segundo lugar no soy más que un francotirador que prefiere permanecer en esa condición y soy conciente de que como todos los francotiradores estaré siempre expuesto al fuego graneado desde todos los costados. Prefiero pues los foros universitarios donde parece que se puede hablar con mayor libertad.

La palabra Paz es, junto con la palabra Dios, una de las primeras que aparece en el vocabulario de los hombres como consecuencia de la interpretación mágica original del universo. La primera estuvo motivada, por la necesidad de comprender el origen del mundo en que vivimos, la segunda por buscar una alternativa al infierno que en muchos casos hicimos de él. El supuesto culto a ambas permite las dudas razonables más profundas sobre su significado.

Dios ha sido utilizado con posterioridad, incluido en el presente, ya sea para culparle de males recibidos, ya para justificar en su nombre acciones reprobables de los hombres. Los amantes de la paz en algún momento le han querido matar porque creían que les traía la guerra. Los personajes Gog y Magog de la Biblia, como es sabido, después de cada invasión de pueblos procedentes del Este y de cada derrota y pillaje de que eran objeto, volvían sus flechas contra el cielo y disparaban con la intención de matar a un Dios que les parecía injusto. Los extremismos e integrismos del presente, por el contrario, siembran en muchos casos la destrucción y la muerte supuestamente en nombre de Dios y para mayor gloria suya.

Si me lo permiten citaré de una sola vez algunos estereotipos y lugares comunes que constituyen nuestro discurso retórico con respecto al Mediterráneo y de esa manera no me refiero más a ellos durante mi intervención: El Mediterráneo es uno de los lugares del planeta más fecundo en el encuentro entre civilizaciones; Es el espacio de las tres grandes religiones monoteístas; Es un espacio estratégico de primer orden; Es la cuna de la civilización occidental; Es el eslabón de encuentro de tres Continentes; Crisol de cultura y civilizaciones, etc.

¿Qué es el Mediterráneo para mi?: un área de historia, civilización, cultura y comercio muy particular enzarzada siempre, desde tiempos inmemoriales, en problemas probablemente insolubles, pero susceptibles de acomodos y compromisos temporales. Entre ellos y no en último lugar por cierto, están los problemas de civilización, o de civilizaciones diferentes que se encuentran y se solapan y para las cuales la guerra ha sido, en esta zona del mundo como en cualquier otra, el estimulante revulsivo de encontronazos germinales.

Hablo de guerra no en un lamento, sino con el convencimiento de que es una característica recurrente de la historia y de la evolución de todas las civilizaciones. En todas las etapas los hombres intentaron contraponer la paz a la guerra pero nunca fueron tan optimistas para creer que las paces eran el final de los conflictos ni de las causas que los motivaron. La paz siempre fue concebida con carácter temporal, como compromiso y como acuerdo puntual.

Alguien contaba el otro día, con motivo de la próxima visita del Papa a Cuba, que al llegar éste al aeropuerto de Rancho Boyeros en La Habana entre los miles de cristianos cubanos allí congregados para recibirle se encontraban por casualidad dos ciudadanos cubanos de confesión judía. Curiosos y asombrados de tanta movilización y tanto fasto, sacaban sus cabezas entre la multitud para ver como el Sumo Pontífice descendía del avión, besaba como es tradicional en él la tierra cubana, bendecía a los congregados y en medio de grandes aplausos abordaba el Papamóvil y se dirigía a la ciudad. Ante esa formidable catarsis uno de los judíos le dice al otro:

Y pensar, Moshé, que todo este negocio comenzó con un borriquito.

Las relaciones internacionales parecen con frecuencia un gran negocio que la mayoría de la veces comenzó con algo parecido a un borriquito.

Qué es y cuanto abarca el Mediterráneo

En términos geográficos sólo son mediterráneos los países y pueblos ribereños del histórico Mare Nostrum. A los efectos de los conflictos, los análisis políticos no tienen más remedio que tomar en consideración a numerosos países no ribereños pero que tienen una relación estrecha con los conflictos, riesgos y amenazas mediterráneos. Por eso es inevitable asociar a cualquier reflexión sobre el Mediterráneo a Oriente Próximo, el Golfo arábigo o pérsico, y el Cuerno de frica por el Este. Por el oeste, según el mapa del petróleo y de los intereses de las petroleras, puede que se prolongue hasta el Golfo de Gabón.

Pero el Mediterráneo no es sólo una región sobre la cual gravitan un cierto número de Estados con sus intereses, sino también un conjunto de contradicciones y líneas de división políticas, ideológicas, culturales. lingüísticas y religiosas, y sistemas económicos y de seguridad diferentes. Es un conjunto extremadamente vulnerable y potencialmente explosivo que además de los países que lo conforman está estructurado o intenta estructurarse alrededor de varios polos externos.

  • Comunidad Europea y sus prolongaciones militares Unión Europea Occidental y OTAN.
  • Rusia (antes URSS) interesada en los Balcanes y en el Mediterráneo oriental en general.
  • La Liga de los Estados rabes y sus organizaciones regionales Consejo de Cooperación del Golfo y Unión del Magreb rabe
  • Los llamados países aislados como Israel, Albania, Malta y en menor medida Chipre.
  • La Ex Yugoslavia en vías de desmembramiento político y geográfico.

Los conflictos en el Mediterráneo

En un breve recuento de conflictos, empezando por el sur y por la izquierda del mapa, es decir de Oeste a Este, los más actuales y persistentes me parecen: El conflicto del Sahara occidental, no resuelto; el caso de Libia, aislada en su propia y región y sometida a embargos continuamente renovados por el Consejo de Seguridad de la ONU, acusada de favorecer e incluso de organizar el terrorismo internacional; el conflicto árabe israelí, que parecía en vías de apaciguamiento después de las conferencias de Oslo y los acuerdos palestino israelíes, se encuentra una vez más en entredicho debido a la llegada al poder del Likud en Israel. E añade a ello la persistente ocupación militar de Líbano por Siria, al embargo por el Consejo de Seguridad de la ONU de Irak desde la llamada guerra del Golfo, al auténtico desmembramiento de Irak en zonas de exclusión dictadas por la coalición de potencias ganadora de la guerra; al conflicto recurrente del pueblo kurdo, a caballo entre tres países en los que a la vez son indeseados y reprimidos. De derecha a izquierda del mapa del mediterráneo y en su orilla norte o centro, tenemos la situación de las poblaciones albanesas de Macedonia y Kosovo, el estallido de. la ex-Yugoslavia y su desmembramiento, las interminables y agotadoras polémicas entre turcos y griegos en el Mar Egeo, en la Isla de Chipre, etc.

Por último, pero no por ello menos importantes, debemos añadir los riesgos graves de carácter global que conlleva el auge de los radicalismos e integrismos en la región que comprometen la estabilidad de varios países como Argelia, Egipto, Túnez, y en menor medida Marruecos y Jordania; las amenazas para la paz futura que implica la escasez de agua y las controversias por su reparto. Algunos especialistas ven en esto último, con más claridad que en ninguna otra causa, el origen de una posible nueva guerra entre Israel y los palestinos y los países vecinos árabes vecinos de ambos por el reparto de los escasos acuíferos de la región. En el agua está también la causa de las amenazas de Egipto contra Etiopía y Sudán, dos países que controlan las fuentes del Nilo Azul, donde nace el agua que dio origen a una de las más portentosas civilizaciones de la humanidad; el estado de guerra virtual en que se encuentran Siria e Irak con Turquía que tiene la llave del reparto de las aguas del Tigris y el Eufrates. Por supuesto, no podemos silenciar los conflictos que implican a países occidentales entre ellos y del Norte y del Sur del Mediterráneo, derivados del acceso a las fuentes de energía.

Esta lista no es exhaustiva porque desde el punto de vista de los conflictos no se pueden desvincular totalmente del Mediterráneo las crisis del Golfo, las ambiciones hegemónicas Irán y Arabia Saudita, los conflictos territoriales entre algunos países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo entre si y entre miembros del CCG e Irán por varias islas del Mar Rojo.

Seguridad y estabilidad

Con el ánimo de crear mecanismos de consulta para tratar de esos conflictos y de proyectos de cooperación, algunos países ribereños se han puesto de acuerdo para crear grupos más o menos preocupados de la seguridad que hasta ahora no han tenido mucho éxito. Los primeros en unirse fueron los del llamado arco latino de la Unión Europa. España, Francia, Italia, Portugal más Malta y los países miembros de la UMA, Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez, en lo que se llamó gráficamente el Grupo 5+5.

Desde 1990 existe también un proyecto Italo-español de extender los mecanismos de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa al Mediterráneo en un organismo parecido que llevaría el nombre de. Conferencia de Seguridad y Cooperación en el Mediterráneo, propuesto por primera vez en septiembre de ese año en Palma de Mallorca.

Al año siguiente el Presidente egipcio Hosni Mubarak, en su visita al Parlamento Europeo en Estrasburgo en noviembre de 1991, propuso la creación de un Foro informal Mediterráneo que se reunió el año pasado en Alejandría.

Por último existe también una iniciativa de Malta de crear una especie de Consejo Mediterráneo, presentada en marzo de 1992.

Lo cierto es que los conceptos de seguridad y estabilidad válidos hasta hace muy pocos años ya no tienen curso. Antes teníamos la guerra fría resultante de un sistema bipolar condicionado militarmente por la amenaza de destrucción recíproca entre los dos sistemas. Cuando uno de los dos ideó un mecanismo militar diferente que trascendía al equilibrio nuclear, la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica, vulgarmente conocida por guerra de las Estrellas, el otro socio no pudo seguir con el esfuerzo económico que exigía contrarrestarla y se hundió. Todavía recuerdo con nostalgia cuando los políticos hablaban de los dividendos de la paz, ahora francamente excluidos del lenguaje diplomático incluso para fines retóricos.

De la misma manera que la medicina del futuro se orienta hacia la prevención de las epidemias y las enfermedades, la ONU y otros países estiman que el nuevo sistema de seguridad sustitutivo de la guerra fría debe construirse sobre la base de la prevención de las crisis y los conflictos. Pero la Guerra del Golfo ha proporcionado a Estados Unidos la oportunidad de reivindicar con mayor fuerza el liderazgo del sistema mundial.

Estados Unidos, que desde la Cumbre de Williamsburg de 1983 invita al mundo a asociarse a su idea de la globalidad de la amenaza, parece entender que en el presente la única verdadera rivalidad al sistema de multipartidos y democracia que intentan. promover por todo el planeta a imagen y semejanza de EE.UU. está en el Islam y el mundo islámico. Los sociólogos norteamericanos y algunos profesores de moda entre los medios de comunicación expusieron algunas teorías de sensación que pasado el primer impacto causado por la espectacularidad de las propuestas, han sido contempladas con mayor circunspección y sentido critico.

Después de la desintegración de la URSS el profesor Francis Fukuyama anunció el final de la historia. El final que anunciaba era, obviamente, el triunfo de la democracia liberal sobre el comunismo. Durante unos años hemos vivido en una especie de realidad virtual que parece dar la razón a Fukuyama. Hasta tal punto que él mismo concretó sus artículos iniciales en un libro que tituló E1 Fin de la Historia y el último Hombre, el hombre norteamericano por supuesto. Sin embargo la historia no parece haber terminado y en este final de siglo surgen nuevos polos de influencia de países que gracias a sus progresos económicos se perfilan como competidores de un posible nuevo orden internacional, cuya defunción Fukuyama ha proclamado.

Me refiero concretamente a la Unión Europea, a Japón y su zona de influencia, y sobre todo a China que sugieren que más que al final de la historia, que como hipótesis de trabajo parece una insensatez, nos encaminamos a una historia diferente a la que predominó en Occidente desde la revolución industrial europea del siglo XIX. La realidad es que más allá de los imperios que prevalecieron temporalmente, el mundo ha sido, es y probablemente seguirá siendo, multipolar y extraordinariamente interdependiente.

Pero la historia sigue viva no sólo por eso, sino por la pervivencia de las contradicciones sociales, de la existencia de la pobreza, el desempleo y la marginación. En lo que concierne a las civilizaciones, el Islamismo radical o moderado, se afirma como la utopía alternativa al comunismo derrotado, al menos para el área de civilización islámica.

Algunos sostienen que, puesto que la amenaza actual es global, donde mejor se combate es en el seno de la Alianza Atlántica, de la OTAN, donde Estados Unidos conserva una total hegemonía. El Mediterráneo, en la acepción amplia de que he hablado antes, es para la OTAN uno de. esos escenarios hacia los cuales considera que debe extender sus fronteras. Naturalmente una readaptación de la OTAN de esta naturaleza no deja de suscitar fricciones entre Estados Unidos y Europa. El presidente francés actual lo ha expresado quizá más gráficamente que ningún otro dirigente del Continente al afirmar que esa readaptación debe comenzar por tener en cuenta la identidad europea. Para el presidente Bill Clinton, la OTAN debe permanecer en el centro de la Seguridad europea porque "es la única que posee los medios y la experiencia" y de ahí han surgido las numerosas iniciativas militares posteriores a la guerra fría que muchos consideran más que orden un estado de anarquía codificada que por el momento sólo parece una opción estratégica y política bajo dominio y tal vez en beneficio de Estados Unidos.

El profesor norteamericano Samuel Huntington, nos aclara en parte el escenario visto por Estados Unidos al proponer que las amenazas futuras están en el previsible enfrentamiento entre civilizaciones y afirma que la oposición entre Occidente y ciertos estados de la civilización islámica o asiática.

El Mediterráneo, zona de convergencia y solapamiento de dos de esas civilizaciones en conflicto, según Huntington, es pues un escenario preferido para esa guerra de civilizaciones que vaticina. La tesis de Huntington ha tenido demasiados adversarios ya como para que me extienda en una nueva refutación. Solo quiero añadir mi convencimiento de que tanto Fukuyama como Huntington parecen expresar una visión demasiado maniquea del mundo. Si algo enseña la historia y en particular la historia del Mediterráneo, es que las civilizaciones y las culturas no son bloques monolíticos estancos que funcionan y actúan de una manera independiente. Las interdependencias y las influencias reciprocas entre ellas, al igual que las guerras que se han librado con suerte alterna, se remontan a los mismísimos orígenes y no parece que estemos en una situación radicalmente diferente desde el punto de vista histórico.

Lo diferenciador en los años venideros será, más que la civilización y la cultura, la riqueza y la pobreza. Otra cosa es que se pueda hablar de una civilización pobre en el sur y de una civilización rica en el norte, pero incluso en ese caso lo distintivo de la confrontación no es la religión sino la riqueza y la pobreza. A este respecto me parece también maniqueo hablar de norte rico y sur pobre en la medida en que tanto el norte, pero sobre todo el sur, tienen a su vez su norte y su sur de riqueza y pobreza, desarrollo y subdesarrollo.

De acuerdo con cifras que manejan los organismos especializados internacionales, la quinta parte de la población mundial acapara el 84.7 por ciento del PNB mundial. Esta relación es extrapolable a la situación de la mayoría de los países del sur en donde los ricos acaparan riquezas en proporciones similares a las cifras dadas para la distribución mundial de las riquezas,

El supuesto enfrentamiento religioso-político en curso no es exclusivamente norte/sur sino que en la mayoría de los países del Sur estoy hablando siempre del arco mediterráneo el resurgimiento violento de la religión se asemeja más a un asalto al poder con objetivos, entre otros, redistributivos que a una evolución con fines teológicos, No se puede hablar, según creo, de estabilidad y seguridad en el Mediterráneo si no se encuentra una solución global a sus conflictos más importantes y a los de su entorno, y en el centro de todos estos conflictos está el problema de la riqueza y la pobreza.

Europa y el Mediterráneo

El fin de la guerra fría trajo un interés creciente de algunos países europeos por el Mediterráneo. Ese interés creciente se ha convertido en un proyecto bautizado de cooperación y co-desarrollo que implicará probablemente en otra etapa una co gestión de las crisis, como propugnó con claridad la Conferencia euro-mediterránea de Barcelona.

La demografía ha venido a incrustarse en este entramado de relaciones complejas no falseando pero si por lo menos confundiendo los riesgos y amenazas para el futuro. Se dan como válidas las cifras de evolución de población del Banco Mundial al respecto que estima que para el año 2000 el Magreb contará con más o menos 100 millones de habitantes y que está cifra para el año 2035 se habrá elevado a unos 135 millones. Es verdad que el crecimiento de población europeo se halla estancado, que los intentos de asimilación de inmigrantes emprendidos por algunos países como Francia han fracaso, pero también fallaron las experiencia de estados multiconfesionales del Mediterráneo, e incluso el famoso "melting pot" norteamericano tiene ya poco de melting y nada de pot. Aún así, en el año 2035 Europa o la orilla Norte del Mediterráneo tendrá algo más de 300 millones de habitantes y en muchos países como Francia o Alemania, la seguridad social no conocerá el déficit que en otros como España debido al aporte financiero de las deducciones por el trabajo inmigrante.

El gasoducto que el próximo día 10 de diciembre será inaugurado en Córdoba sugiere que el Magreb y la Unión Europa siguen empeñados en un proyecto histórico de vincularse estratégicamente. Ese gasoducto permitirá que los hogares españoles y portugueses dispongan de un medio de energía barato, que será extendido en un futuro próximo a Francia y Alemania. Ese gasoducto completa el ya existente entre Argelia e Italia a través de Sicilia, que enlazará en una segunda fase con Austria.

Sólo la situación especial a que se ve sometida Libia impide que se establezcan con ese país proyectos de carácter estratégico similar, pero aún así, Libia suministra la cuarta parte del consumo energético de algunos países europeos, entre ellos España.

Sin hablar de los acuerdos de partenariado entre países del Norte y del Sur del Mediterráneo ya concluidos, la Unión Europea y el Magreb están como los matrimonios religiosos, unidos hasta que la muerte los separe por unos flujos comerciales en los dos sentidos que en cifras globales representan el 60 por ciento del comercio exterior de los socios.

Creo que el mundo árabe en su conjunto, con las reservas de rigor que imponen situaciones aisladas, es el área de civilización menos avanzada en materia de conquistas democráticas y de institucionalización de la vida y predominio de los estados de derecho. La reticencia de los gobernantes surgidos en las luchas por las independencias de. la colonización, que son aún los que o gobiernan o con cuya herencia política se gobierna, a homologar a sus países con el mundo democrático vecino, abrió las puertas a la aparición de una interpretación radical del Islam que conocemos como integrismo.

Éste, al igual que el comunismo en sus orígenes, intenta sustituir un sistema que considera injusto por otro desgraciadamente totalitario. El primero, como decían León Trotski y su biógrafo Isaac Deutscher, sustituyó al pueblo por el partido, en cuyo nombre se suponía que dirigía, y al partido por el líder máximo, el secretario general o el gran timonel. La diferente descripción del líder son exclusivamente consecuencia de la diferente imaginación de las culturas, pero el resultado fue el mismo: una sucesiva delegación de libertades y derechos hasta concentrarlos en una sola persona. Es decir, una concentración de delegaciones equivalente a la que pretenden los Islamistas radicales que corresponde acaparar a Dios que, como desde los tiempos del Profeta o los profetas, de la Revelación en suma, no se manifiesta públicamente y, obviamente, los poderes que supuestamente debía ejercer terminan en las manos de los múltiples y variopintos emires que se arrogan la pretensión de gobernar en nombre de Dios y sus mandatos. Unos mandatos, dicho sea de paso, y al menos a jugar por las revelaciones que los contienen, la Biblia y el Corán, se prestan a interpretaciones radicalmente opuestas.

Occidente no sabe cómo tratar a esta nueva utopía alternativa. Grosso modo, las izquierdas preconizan un paternalismo, un angelismo que se solidariza con todo sin diferencias entre conflictos puntuales y problemas transcendentes, y las derechas, temerosas del vacío y de la aventura, se desinteresan y se vuelven del lado de regímenes que democráticos o no, parecen ofrecer una cierta garantía de estabilidad del sistema.

Los primeros ocultan las diferencias que nos separan, y los otros resaltan las similitudes formales para justificar la cooptación. El problema de fondo queda así escamoteado por unos y otros y las diferencias y desconocimientos idiomáticos completan un cuadro de encuentro relativamente intervenido y manipulado por los gobiernos. Los diálogos de Occidente y de los occidentales con la civilización vecina se reducen a intercambios con aquellos que viven entre nosotros o se han educado en nuestras universidades, que en buena medida se han occidentalizado. De ello resultan monólogos y no diálogos, por añadidura esporádicos, entre elites que son capaces de traducir a una racionalidad común, occidental, la complejidad de los movimientos intelectuales que circulan con fuerza en sus respectivas sociedades.

Ocultar las diferencias lleva, según creo, a favorecer a los integrismos radicales y a lanzar a moderados contra radicales. La realidad es que existe dentro del mundo islámico un profundo movimiento de recuperación histórica de la personalidad propia parcialmente perdida durante la colonización, con él que ha de contar, tratar y lograr compromisos Occidente. Es la única manera de marginar al radicalismo violento y terrorista

Ese reconocimiento de la diferencia implica que Occidente coopere en la eliminación de las diferencias de desarrollo económico y político, que sea sensible a la pobreza, y que acepte un mundo, en un sistema político global que incluya a la civilización islámica en pie de igualdad, es decir que sea multipolar.