Domingo del Pino
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Tiempo 9 agosto 1999

El lado oscuro de Hassan II

Gobernó de manera apasionada, absoluta, arbitraria y a menudo caprichosa, dejando cadáveres en sentido literario y literal en el camino
Tras de si deja un rastro de desapariciones, muertos, y exiliados que al día de su muerte no habían regresado a su país

Si a los reyes se les pudiera dar puntuación por sus actuaciones, al joven rey Mohamed VI de Marruecos habría que concederle un diez sobre diez. En tres meses de reinado sus gestos simbólicos han despertado en la oposición marroquí esperanzas que sólo son comparables a las que trajo la independencia de 1956.

Por primera vez corre insistentemente en Rabat el rumor de que el rey puede pasar de los gestos a los actos concretos y sustituir al poderoso ministro del Interior, Driss Basri. Para mejor apreciar la envergadura de ese acto, si se produce y ya que tanto gusta hoy a españoles y marroquíes comparar las transiciones respectivas podría decirse que la inmensa mayoría de los ciudadanos del reino vecino ven en Driss Basri al Carlos Arias Navarro marroquí y en el ministerio del Interior a una especie de Jefatura del Movimiento que monopoliza la famosa “reserva de valores eternos” ...del régimen anterior.

Reminiscencia de ese “lado oscuro” del alma del pasado es la dependencia orgánica de los medios de comunicación públicos, muy en especial la Radio Televisión Marroquí, pero también la agencia de noticias MAP, del ministerio del Interior. La primera la dirige un gobernador de Interior “en misión” y la segunda un hombre que procedía originalmente de entornos policiales. Ambas constituyen, por seguir con las comparaciones, una Cadena de Prensa del Movimiento que escapa por completo del control de la coalición de gobierno que encabeza el socialista Abderramán Yusufi, cuyo ministro de Comunicación, el dirigente del partido Istiqlal e hispanista Larbi Messari, sólo puede ser espectador de una utilización de los medios públicos que responde al pasado.

La presión popular, las quejas de los partidos políticos que integran el gobierno y del propio gobierno contra Basri son tan fuertes que la prensa, la privada por supuesto, cree incluso saber que su sustituto podría ser el ex ministro tecnócrata Driss Jettu. Por primera vez en el reino un ministro de Su Majestad fue abucheado en presencia del rey. Eso es lo que le ocurrió a Basrí en Tánger cuando en la segunda semana de octubre acompañaba al rey en su gira por el norte de Marruecos. Desde palacio y desde el gobierno se ha comenzado a arañar sus competencias. El Primer Ministro logró desgajar de ese superministerio que sólo respondía ante el fallecido Hassán II la Ordenación del Territorio que confió al segundo hombre del socialismo marroquí Mohamed el Yazghi. Ahora es el propio rey el que comienza a limitar la competencia “insignia” de Driss Basri, que es el expediente del Sáhara que el superministro monopolizaba hasta hace poco. El pasado 23 de Septiembre Mohamed VI creó una Comisión Real de Seguimiento del problema, nombró directamente al representante de Marruecos ante la MINURSO, encargada de establecer el censo de votantes en el referéndum que se supone pondrá fin a tan largo conflicto. Mohamed VI ha ordenado también que el Consejo de Notables Saharauis creado hace años por su padre para premiar a saharauis complacientes sea integrado en la Comisión Real de Seguimiento, pero después de que sus miembros sean elegidos democráticamente y no a dedo. Como prueba significativa de la desconfianza del joven monarca por los métodos electorales del ministro del Interior Mohamed VI ordenó que sea el Primer Ministro Yusufi y no Basri quien presida la comisión electoral para garantizar la transparencia de la elección al Consejo.

Con razón o sin ella muchos marroquíes ven hoy la mano interesada de Basri en lo que parece una incongruencia con las buenas intenciones de Mohamed VI. Por ejemplo se sostiene que la brutal represión con que fueron reprimidas unas manifestaciones de protesta en El Aíun el 30 de septiembre fueron obra o por lo menos obra permitida por el ministro del Interior quizá con el ánimo de sugerir subliminalmente a la población de ese territorio que si bien el rey es nuevo el “bastón que golpea es viejo”. El rey Mohamed VI reaccionó inmediatamente, ordenó al ministro que destituyera a los responsables de la represión y le invitó a que, en el marco de una comisión de seis ministros del gobierno, viajara a la capital del Sáhara para dialogar con los representantes de los manifestantes, escuchar sus dolencias y aportar soluciones.

El rey también ha reaccionado ante el reto que representaba la existencia de “flecos” en materia de derechos humanos y a pesar de la teoría oficial entretenida por el propio ministerio del Interior de que en Marruecos no hay ni hubo prisioneros políticos publicó un Decreto Real en agosto para que fuesen indemnizados esos ex prisioneros políticos cuya existencia se negaba. Y aunque éstos consideran insuficiente las cantidades que les van a pagar por su padecimientos, la decisión real no deja de ser un hecho sin precedentes en toda la historia de Marruecos.

El que otrora fuera llamado el “prisionero político más antiguo del reino”, Abraham Serfaty, que había sido liberado bajo la presión internacional hace varios años pero exiliado a Francia, fue autorizado a regresar a Marruecos y ya vive libremente entre los suyos. La familia del líder de la oposición marroquí Mehdi Barka, asesinado en París en 1965, ha recibido ahora los pasaportes que el ministerio del Interior le negaba desde hacía más de una década. El mismo entorno favorable ha sido decidido para la familia del que fuera el principal hombre de mano de Hassán II, el general Ufkir. En los próximos días se levantará la prisión domiciliaria en que el anterior monarca y luego el ministerio del Interior mantienen hasta ahora contra el dirigente islamista Abdesalam Yacin.

Y otro hecho muy significativo el rey Mohamed VI ha tomado la iniciativa de reconciliar al trono con los rifeños y bereberes de Marruecos y durante su reciente gira por el norte del país visitó la célebre localidad de Ajdir, donde nació en 1881 Abdelkrim el Jattabi, el gran caudillo rifeño que en la primera mitad de este siglo desafió a las potencias colonias y a la propia monarquía creando la República del Rif. El 16 de octubre la reconciliación fue sellada en un abrazo intercambiado entre Mohamed VI y Said Jattabi, hijo de Abdelkrim, quien vino para la ceremonia desde el Cairo donde reside. En los próximos meses los restos de Abdelkrim, que descansan en la capital egipcia, serán repatriados para encontrar el espacio que les corresponde en su ciudad natal.

Mohamed VI, sigue viviendo en su residencia de príncipe heredero y ha ordenado que los numerosos palacios de su padre sean inventariados y reconvertidos en hospitales u otras instituciones de utilidad social. Todavía conduce solo su automóvil y trae de cabeza al Servicio de Seguridad en sus viajes cuando se sale de los cortejos oficiales para saludar a la multitud. Por cierto que, además de rodearse de nuevos y jóvenes consejeros, Mohamed VI ha prescindido del viejo aparato de seguridad que mantenía su padre. Algunos de aquellos agentes, sorprendidos por la medida, hicieron saber al rey que tenían deudas contraídas y que muchos estaban aún pagando sus viviendas. La respuesta de Mohamed VI fue: “Pues que les paguen sus casas, pero que se vayan”.

En cuanto al grave problema de la corrupción que el Primer Ministro quiere atacar, se afirma que Mohamed VI había tratado este último problema con su padre cuando aún era Príncipe y al parecer le había presentado una lista de 250 personajes grandes corruptos con los cuales proponía que se actuase de manera ejemplar. La respuesta un tanto displicente de Hassán II, según cuentan algunos próximos, fue: “Mientras yo viva en Marruecos no habrá corruptos”. La prensa presiona para que se publiquen las resoluciones del Tribunal de Cuentas que en 1996 llevó a cabo una auditoría del ministerio del Interior y al parecer encontró importantes irregularidades en la utilización y destino de los fondos públicos por 108 personalidades.

A Mohamed VI le queda, no obstante, por solucionar el escabroso expediente del Sáhara, que muchos consideran “herencia envenenada” de Hassán II. A nadie se le oculta en Marruecos que el independentismo saharui surgió a principios de la década de los años sesenta cuando en pocos meses de reinado Hassán II había frustrado ya todas las aspiraciones democráticas de los nacionalistas que hicieron posible la independencia de Marruecos. Hoy las circunstancias comienzan a cambiar radicalmente y parece permitido tener la esperanza de que haya también una solución para el Sáhara. Hassán II quería hacer un Marruecos de regiones. Mohamed VI tendrá que pensar, al menos en lo que al Sáhara occidental concierne, en una gran autonomía en libertad que se parezca lo más posible a un estado asociado. Para ello tiene que desactivar al mismo tiempo la bomba de relojería que constituye uno de los ejércitos más poderosos y numerosos de Africa en donde la modernidad de numerosos oficiales jóvenes bien preparados y formados en las academias militares marroquíes y occidentales contrasta con la pervivencia de un sector de privilegios en el que tiene reflejo la corrupción administrativa del sector público.

El estado de la economía marroquí le da, sin embargo, una gran volatilidad a los buenos propósitos del rey y del gobierno socialista y no parece que esté en condiciones de sufragar la política de solidaridad y social que el gobierno de Abderramán el Yusufi y la sociedad reclaman desde hace casi medio siglo. El ministro de Trabajo, Jalid Aliua, señalaba hace poco como éxito de estos dieciocho meses de gobierno de alternancia, la creación de 50.000 puestos de trabajo en ese período en abierto contraste con los 1500 puestos creados por el gobierno anterior. Pero ¿que son esos 50.000 puestos de trabajo comparados con los 350.000/400.000 que el país necesita crear todos los años solamente para mantener el actual y deficiente nivel de empleo?

Tampoco augura nada bueno la reciente e inesperada crisis con Argelia que ha tomado a todos por sorpresa después de las buenas palabras tenidas por Abdelazis Buteflika cuando acudió al entierro de Hassán II. El pasado 30 de septiembre unos incidentes fronterizos que terminaron con el ejercicio del “derecho de persecución” por el Ejército argelino dentro de territorio marroquí, ha roto el frágil entendimiento. Los incidentes tuvieron lugar en el Yebel Gruz, las montañas que hacen de frontera entre los dos países, escenario de la “guerra de las arenas” entre ambos de 1963. Las colinas y gargantas intransitables del Yebel Gruz constituyen una de las rutas más frecuentes del kif que sale de las montañas del Rif marroquí. Los argelinos creen que los gobiernos marroquíes y la propia monarquía se han mostrado muy pusilánimes a la hora de reprimir ese tráfico y los marroquíes sostienen que son los militares argelinos quienes quieren entretener la tensión y prolongar el conflicto del Sáhara para mantener sus privilegios.

En estas incertidumbres, todos reclaman y exigen ahora que pueden con mayor apremio. Una de las exigencias más importantes y simbólicas y más generalizada, es la dimisión del ministro del Interior Driss Basri. A este respecto, no obstante, la partida no está aún ganada para la oposición democrática.