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Real Instituto Elcano

La persistencia del conflicto del Sáhara

Tanto los anteriores Gobiernos socialistas como los del Partido Popular, han hablado siempre de proyección española global hacia el Magreb. La importancia de las relaciones económicas de España con todos los países de la región avala hoy el acierto de esa política. Sin embargo, la persistencia de conflictos como el del Sáhara, las inextinguidas reivindicaciones marroquíes de territorios de sus vecinos, España incluida, las malas percepciones mutuas entre españoles y marroquíes, y una vecindad geográfica fuente constante de nuevos problemas y conflictos, hizo y hace que Marruecos acapare la casi totalidad del esfuerzo político, humano, de cooperación, de diálogo y de reflexión, tanto institucional como social, de España con el Mediterráneo occidental.

Más de un cuarto de siglo después de iniciado, el conflicto del Sáhara sigue afectando negativamente a las relaciones hispano-marroquíes y parece tan lejos de una solución de compromiso entre los países interesados como en sus inicios. Las partes implicadas no han logrado en ese tiempo ponerse de acuerdo ni sobre la aplicación de las resoluciones de la ONU pertinentes, ni sobre una solución pactada entre ellas. A falta de ese acuerdo, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó el pasado 31 de julio la resolución 1495 que hace suyo el informe del 23 de mayo del secretario general de la ONU y el Plan Baker para la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental, que la propia resolución 1495 define como la "solución política óptima" para el conflicto.

El Frente Polisario la aceptó en una carta enviada al secretario general, Kofi Annan, el 6 de julio de 2003. Marruecos, por el contrario la rechazó en principio y el 17 de septiembre de 2003, en la reunión que mantuvo una delegación marroquí en Houston con el representante del secretario general de la ONU, pidió más tiempo para dar una respuesta. Para atender esa petición, el Consejo de Seguridad prorrogó -mediante la resolución 1513 del 28 de octubre- el mandato de la MINURSO hasta el 31 de enero de 2004, y en su reciente gira por la región, el secretario de estado estadounidense, Colin Powell, urgió a Marruecos a "concentrarse en la respuesta a dar al Plan Baker".

La lucha contra el terrorismo ha dado la oportunidad a Marruecos, a su prensa y a sus partidos políticos, de intentar descalificar al Frente Polisario con la acusación de terrorismo, aunque nada en los 28 años transcurridos desde la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid permita avalar esas tesis. Durante la reciente Cumbre 5+5 de Túnez, el propio Rey Mohamed VI hizo suya esa tesis al sostener que el problema del Sáhara se inscribe en el de la lucha contra el terrorismo. El presidente argelino Abdelaziz Buteflika le respondió que "el problema del Sáhara no es de terrorismo sino de autodeterminación".

La diplomacia marroquí parece en la actualidad relativamente aislada y su estrategia, tanto ante su opinión pública como hacia el exterior, ha seguido el mismo patrón establecido con respecto a otros conflictos, como el de Perejil. Dicha estrategia se basa en la presentación parcial del problema por la prensa a la opinión pública; la caricaturización del adversario y la personalización de las adversidades propias en terceros, en este caso el secretario general de la ONU y su enviado especial. Las imputaciones de la prensa marroquí contra Kofi Annan y James Baker recuerdan las formuladas en 1984 contra el secretario general de la Organización de la Unidad Africana, Edem Kodjo, en una controversia que en definitiva terminó con la retirada de Marruecos de la organización africana tras la admisión de la República rabe Saharaui Democrática.

A título de ejemplo, un diario moderado y vocero del empresariado marroquí, L'Economiste, escribía el pasado 5 de agosto que "no nos asusta ni la América de Bush, ni su representante Baker, ni las resoluciones de la ONU [...] Hoy Washington da prueba de su ingratitud: olvida nuestros 40 años de compromiso con el campo occidental, durante la guerra fría y la guerra del Golfo [...] nuestra apertura democrática [...] Como recompensa América se confabula para una solución en el Sáhara que agrade a Argelia, país durante 40 años pro-soviético y base de todos los movimientos antiamericanos, hoy día gran refugio del terrorismo y régimen opresor".

Marruecos reclama a EEUU, y a España de una manera más apremiante, el apoyo a su idea de que el Sáhara Occidental debe quedar, en cualquier caso, bajo soberanía marroquí, con el doble argumento de las relaciones privilegiadas mantenidas todos estos años con Washington y Madrid y del pasado pro-sovietismo de Argelia.

El Gobierno español ha reiterado en varias ocasiones, a través del propio presidente Aznar, que estaría dispuesto a aceptar cualquier acuerdo de solución al que lleguen las partes, en beneficio de los ciudadanos de ese territorio y de la estabilidad en la región, que no conculque los principios básicos de la ONU. Ese entendimiento ha fallado hasta ahora porque Rabat entiende que el problema es exclusivamente entre Argelia y Marruecos, y que la solución la deben pactar el Rey Mohamed VI y el presidente argelino directamente, lo cual excluye al Frente Polisario, que ha sido tradicionalmente descrito por Rabat como un "instrumento de Argelia" y hoy como movimiento terrorista. Ello ha dado lugar a que Argelia a su vez se atrinchere en el formalismo de que se trata de un problema que corresponde a la ONU solucionar y rechace una discusión con Marruecos, que a fin de cuentas podría ser beneficiosa. Aunque Hassán II aceptó por los Acuerdos Tripartitos de Madrid repartirse el territorio con Mauritania, su sucesor Mohamed VI rechaza repartirlo, en aras de una solución de compromiso, con el Frente Polisario.

La falta de solución prolonga la imposibilidad de desarrollar económicamente el territorio, cuyas importantes riquezas podrían contribuir poderosamente al bienestar de sus habitantes. Grandes empresas internacionales se han interesado por la valorización económica del Sáhara, pero la actual indefinición política lo impide. La prolongación de este conflicto sigue afectando negativamente a las relaciones de España con Marruecos, y aunque la posición española ha sido la misma en los últimos treinta años, Marruecos lleva el mismo tiempo intentando que la modifique en su beneficio.

Es precisamente esa percepción de la "Argelia pro-comunista" que apuntaba el diario marroquí antes citado, que prevaleció en las décadas de los años 60, 70 y parte de los 80, hasta la disolución de la URSS, la que ha comenzado a cambiar. La economía argelina ha emprendido, partiendo de los hidrocarburos, una integración estratégica en la economía occidental, y el país ha iniciado un tímido acercamiento a la OTAN. España, cuando se complete la construcción del segundo gasoducto transmediterráneo que elevará la dependencia española del gas argelino casi al 60 por ciento permitido por la Unión Europea, será el país europeo más estrechamente vinculado con Argelia a este respecto.

La reciente liberación de los líderes integristas argelinos y la posibilidad abierta por las declaraciones de Abbasi Madani en favor de un compromiso con el poder, así como la política de reconciliación nacional del actual presidente Buteflika, permiten de nuevo, tras once años de guerra, concebir una cierta esperanza de apaciguamiento interno. Para España la pacificación de Argelia, al igual que la vuelta de Libia a la escena internacional, representa una oportunidad para que sus empresas recuperen y amplíen el espacio que ya habían logrado en ellos. Se trata de una coyuntura que el Gobierno español se ha mostrado diligente en aprovechar. Rabat por el contrario la percibe, según comentarios de su prensa, como una confabulación de España y Argelia contra Marruecos.

Durante los últimos años, España ha hecho grandes progresos en sus relaciones con Argelia. El presidente del Gobierno español visitó Argel por primera vez en el año 2000, acompañado por una importante delegación de empresarios. Luego el presidente argelino viajó a Madrid durante el semestre de presidencia española de la Unión Europea, y los dos países firmaron un Tratado de Amistad, Cooperación y Buena Vecindad, similar a los ya concluidos por España con Túnez y Marruecos.

Actualmente, tanto las privatizaciones como las reformas de la economía argelina están paralizadas a la espera de las elecciones presidenciales de abril de 2004, pero la evolución de las relaciones entre Madrid y Argel, sobre todo tras la cumbre hispano-argelina de los primeros días de diciembre, confirma que Argel y Madrid, al igual que la Unión Europea y Argelia, han establecido unas relaciones que España y la Unión Europea consideran estratégicas.

http://www.realinstitutoelcano.org/analisis/382.asp