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Real Instituto Elcano

El integrismo marroquí, una preocupacion para España destinada a durar

ARI 4/06/2003

TEMA: Los atentados terroristas del pasado 16 de mayo en Casablanca obligan a España a prestar más atención a la situación interna de Marruecos. Su eventual inestabilidad le afectaría por la importancia de los intereses españoles allí implicados, de las fronteras marítimas y terrestres comunes, y por la naturaleza de los problemas recurrentes entre los dos países.

RESUMEN: El 16 de mayo pasado el régimen marroquí recibió un inesperado aviso terrorista. Varios mitos cayeron: el de un Marruecos inmune al terrorismo islamista porque dirige un rey que es también jefe religioso y porque es, sostienen los marroquíes, el país más democrático del mundo árabe-musulmán. ¿Se trata de un hecho aislado o de una evolución de la escena política marroquí? ¿El atentado contra intereses españoles es un castigo por el apoyo del gobierno español a la guerra de Irak, el turno de España porque alguien es víctima siempre del terrorismo, o ambas cosas a la vez?

El autor de este artículo sostiene que aunque la guerra de Irak haya determinado el “tempo” de estos atentados, en la vida política marroquí existen ingredientes suficientes para sostener que la acción terrorista de Casablanca marca simbólicamente el fin de la “excepción” marroquí.

El pasado 16 de mayo 41 personas, entre ellas tres españoles, perdieron la vida en cinco atentados terroristas casi simultáneos dirigidos contra intereses españoles y símbolos y establecimientos judíos en Casablanca (Marruecos). Por su ferocidad, hasta ahora inédita en Marruecos, constituyen una poderosa y brusca llamada de atención sobre el país vecino, que los marroquíes creían inmune a esta plaga del siglo XXI que es el terrorismo.

La sofisticación de los medios empleados, detonadores que se activan mediante la llamada de un teléfono móvil, la sincronización de los cinco ataques, que se produjeron todos en el espacio de veinte minutos, la decisión y la organización, por ejemplo, en la Casa de España, donde los kamikazes entraron distanciados entre si para que el efecto de las bombas que portaban en su cuerpo fuera más devastador, cuadra mal con la imagen de pobres jóvenes desesperados de las chabolas del barrio de Sidi Mumen, como se les ha descrito.

La imagen del terrorista desheredado y desesperado concuerda aún menos con el descubrimiento, gracias al terrorista que pudo ser detenido vivo, de explosivos suficientes para causar grandes estragos en el Twin Center, el “World Trade Center” de Casablanca, construido hace unos años por el arquitecto español Ricardo Bofill, hoy centro comercial y de ocio de alto standing de la capital económica del reino. Se trataba de un plan terrorista que, a escala marroquí, recuerda la nueva estrategia del terrorismo que considera secundarios los objetivos y prioritario que éstos estén mal defendidos y sobre todo que el número de victimas y daños que se pueda ocasionar tenga posibilidades de ser elevado.

Estos atentados suscitan otras dos observaciones. Primero demostraron la fragilidad de la supuesta “excepción marroquí” según la cual un país dirigido en la más estricta tradición islámica por un Rey que reina y gobierna y además es Emir al Muminim o Jefe Religioso, como es el caso de Mohamed VI, está protegido contra los embates del terrorismo de carácter religioso.

En segundo lugar, y ello puede tener consecuencias históricas realmente lamentables, la insistencia de los terroristas de Casablanca en algunos objetivos judíos, mucho más importantes simbólicamente de lo que ha traslucido en la prensa, pudiera poner fin a una presencia judía bimilenaria en Marruecos. De paso liquidaría la única experiencia en el mundo árabe y musulmán de convivencia de judíos y musulmanes a lo largo de siglos en que existe una auténtica y sincera simpatía de una comunidad por otra.

Contra la presencia judía en Marruecos
En el Hotel Farah, anteriormente Safir de propiedad judía (según la radio del Ejercito israelí) se encontraban en el momento del atentado cuarenta israelíes de origen marroquí que habían venido a Marruecos, como es tradicional desde hace más de un siglo, para asistir el día 19 del mismo mes en la ciudad de Uezzan, en el Norte de Marruecos, con otros casi mil judíos también de origen marroquí que debían venir de todo el mundo, a la “hallula” o romería a la tumba del rabino Amran Ben Diwan.

Aquel rabino, hoy venerado como santón, llegó a Marruecos desde la antigua Palestina a mediados del siglo XVIII y murió en Uezzan. Los descendientes de los judíos marroquíes emigrados a Israel desde los años cuarenta, 800000 en el presente, y otros muchos dispersos por todo el mundo, acuden periódicamente en peregrinación a la tumba del santón judío marroquí.

Esa comunidad y esa cultura judía de Marruecos, que se remonta al año 535 antes de Cristo, que remite a los orígenes de nuestra cultura Occidental, es resultado del mestizaje de tradiciones judías ancestrales, influencias bereberes y árabes y sobre todo sefardíes por las varios aportaciones de los judíos expulsados o autoexpatriados de Sefarad/España desde el siglo XIV. Ese patrimonio cultural judeo-árabe-hispano, puede perecer si los escasos cinco mil judíos que aún permanecen en Marruecos decidieran expatriarse.

El gobierno israelí se ha tomado en serio la amenaza que para esa comunidad representa el descubrimiento de que el islamismo radical y violento parece definitivamente afincado en Marruecos. Como prueba de ello la ministra israelí para la Integración ha ofrecido a los 5000 marroquíes de confesión judía que quedan en Marruecos expatriarse a Israel donde les ha garantizado que serán recibidos con cariño. Algunos ya han respondido que para preservar este patrimonio cultural bimilenario vale la pena asumir los riesgos que puedan correr.

Parece inevitable que en tanto que vecinos occidentales más inmediatos de Marruecos, con fronteras terrestres y marítimas sensibles para España, Europa y la OTAN que constituyen auténticos espacios de promiscuidad religiosa, cultural y humana, muy permeables casi por necesidad, sintamos preocupación por esos hechos.

En esos entornos fronterizos hispano-marroquíes actúan las mafias más importantes de esta zona del mediterráneo, que ahora se han extendido al espacio canario-sahariano. Trafican con seres humanos, con estupefacientes, y con mercancías que contrabandean. Tan importante son esas mafias que en algunos medios marroquíes se ha calculado que tienen una capacidad financiera equivalente al 50 por ciento del PIB marroquí. Esa proporción puede ser exagerada, pero el FMI ha llamado la atención sobre la importancia de este sector “informal” de la economía marroquí. Diagnosticar de nuevo la existencia de las mafias es ya secundario. Lo necesario es que Marruecos, con la ayuda de Europa y Estados Unidos, las combata y las elimine. Una parte importante de esa actuación debería empezar por acabar de una vez por todas con las más de 100000 hectáreas en el Norte de Marruecos dedicadas al cultivo de hachich, y como contrapartida ayudar a Marruecos a compensar la pérdida de medio de vida para cientos de miles de marroquíes en el Norte a que esa represión daría lugar.

Por las fronteras de Ceuta y Melilla han transitado en los últimos dos años, sin ser descubiertos, terroristas y radicales tanto hacia Marruecos como desde Marruecos, como ha quedado confirmado en el pasado y en el presente. El territorio español y el marroquí ha servido de base para la coordinación de algunas de las operaciones terroristas llevadas a cabo y otras que pudieron ser evitadas. Entre las últimas, en mayo de 2002 fue descubierta y desmantelada en Marruecos una red de Al Qaeda de tres saudíes y siete cómplices marroquíes que proyectaban atentados suicidas contra barcos de la OTAN a su paso por el Estrecho de Gibraltar, así como otros atentados en Marruecos.

Una de las organizaciones colaboradoras marroquíes, según las investigaciones, Salafia Yihadia, estaba dirigida por Abdelwahab Rafiki, “Abu Hafs” un predicador de una mezquita de Fez que había proclamado en uno de sus sermones que Osama Ben Laden era un héroe de todo el mundo musulmán. Él y otro predicador, Abdelwahab Kettani, fueron acusados de tener conexiones con Al Qaeda y de haber organizado un campo de entrenamiento en el bosque de la Maamora de Rabat. Por entonces Abu Hafs había declarado al periódico saudí Al Majalla que “la batalla hoy es total y hay que mundializar al islam”.

Poco más tarde, otros 30 salafistas de las organizaciones Takfir ual Hijra y la misma Salafiha eran detenidos acusados de delitos de sangre. Assirat al Mustaqim (El camino recto), otra de las organizaciones que el sumario implica en los atentados, dirigida por el Imán Zakaria Miludi, estaba ya acusada del asesinato de un marroquí aparentemente en estado de embriaguez, y sigue la influencia wahabita. Mientras que la prensa islamista, principalmente el diario At Tajdid, próximo al partido islamista PJD, acusaba a Marruecos de simplemente querer agradar a Estados Unidos con esas detenciones, la prensa socialista denunciaba que esos grupúsculos integristas tenían milicias urbanas en Casablanca que atacaban a los “malos musulmanes impíos” –un marroquí en estado de embriaguez fue muerto a golpes en la calle- obligaban a las mujeres a llevar el velo, y castigaban a los hombres que no acudían a la oración colectiva de los viernes.

El 7 de mayo, nueve días antes de los atentados de Casablanca. Estados Unidos había advertido de la existencia de una organización terrorista marroquí aunque la prensa islamista había ridiculizado esa pretensión con el pretexto de que el nombre de la organización proporcionado por los americanos –Grupo islámico combatiente marroquí- no era conocido en los medios islamistas marroquíes.

Las mafias del narcotráfico y de la emigración ilegal, dispone de embarcaciones rápidas y medios sofisticados, radares de alta precisión para detectar los movimientos de las fuerzas de seguridad españolas, y sus “capos”, conocidos de todos en el Norte de Marruecos y en Ceuta y Melilla, pero nunca molestados, colaboran con ese terrorismo que no carece de medios financieros para moverse.

Testimonio de la preocupación española son las relaciones especiales y directas que han establecido con Marruecos las Comunidades Autónomas de España fronterizas como Andalucía y Canarias y otras, como la Catalana, que cuenta con la presencia de un colectivo magrebí importante.

La Generalitat de Cataluña es la que parece haber ido formalmente más lejos al abrir una Casa de Cataluña en Marruecos inaugurada por el propio Arthur Mas. Para no dejar la iniciativa exclusivamente a la Generalitat, el líder socialista catalán, Pascual Maragall, viajó también a Marruecos menos de un mes después de la apertura de la Casa de Cataluña en lo que la prensa marroquí llamó “idilio catalano-marroquí”.

El presidente de la Comunidad andaluza, Manuel Chávez es ya un visitante habitual de Marruecos y su Comunidad coopera en planes de desarrollo del Norte de Marruecos, como iba a hacerlo también el gobierno español en gran escala antes de la ruptura del acuerdo de pesca en 1999.

El último de los llegados a Rabat es Román Rodríguez, presidente de la Comunidad Canaria, quien intenta establecer una cooperación con Marruecos para el control de unas mafias, fundamentalmente las dedicadas al tráfico con personas candidatas a la emigración ilegal, que operan también ya desde Tan-Tan, Bojador y Laiun.

Donde más preocupación causa, sin embargo, la situación interna de Marruecos, por las repercusiones inmediatas que en ellas tiene, es en Ceuta y Melilla. Por Ceuta sobre todo, transitan todos los años más de un millón de magrebíes tanto a la ida como a la vuelta de vacaciones a Europa. Los dos puertos conocen un importante tráfico diario de personas, mercancías y de camiones. En Ceuta en especial, los controles de ingreso desde territorio peninsular son prácticamente inexistentes y tal vez esa es la razón por la cual esa vía de ingreso a Marruecos parece haber sido más utilizada que el puerto marroquí de Tánger en los movimientos de terroristas.

Debido a la inmigración ilegal, las dos ciudades han tenido que reforzar considerablemente los controles en los pasos fronterizos por tierra y ambas se han protegido contra las entradas clandestinas con vallas dobles de alambre de espino vigiladas con cámaras y sensores de movimiento.

Las dos ciudades, no obstante, dependen en gran medida de su entorno, tanto para los abastecimientos principalmente en frutas y verduras frescas, como para el comercio. Decenas de miles de marroquíes fronterizos ingresaban diariamente en ambas ciudades para efectuar compras. La dificultad del paso de la frontera ha perjudicado el comercio e incidido sobre la recaudación de impuestos de los respectivos ayuntamientos. Las asociaciones de comerciantes se han quejado de esas dificultades de acceso a la ciudad, que provoca ahora largas horas de espera en los controles y que, según la Asociación de Ceuta se ha traducido en una caída del 30 por ciento del comercio.

Esos problemas no tienen realmente solución sin una cooperación de ambas ciudades en los proyectos de desarrollo económico del hinterland marroquí, una intención aireada hace años que no tuvo ningún eco y que ciertamente no lo puede tener no sólo por el estado coyuntural de las relaciones con Marruecos, sino por lo que es permanente en la relación entre ambos, la constante reivindicación nacionalista de ambas ciudades españolas. Lo concreto es que Marruecos proyecta un espectacular desarrollo de su infraestructura portuaria en la región que prácticamente duplicará la capacidad portuaria española y que requerirá una inversión considerable sin que una cooperación hispano-marroquí pueda evitarlo.

El islam marroquí actual
La supuesta inmunidad del islam marroquí al extremismo, que se supone garantiza un rey jefe de creyentes y defensor de la religión, se ve puesta en entredicho en el presente cada día y cada hora por los predicadores radicales y por los terroristas que creen defender un Islam que no es, obviamente, el del Emir al Muminim.

La verdad es, según han señalado algunos islamólogos como Olivier Roy, que donde más afincado está ese islamismo radical, donde dispone de más medios económicos y de mayores facilidades de movimiento y comunicación, es precisamente en la Unión Europea y en los países democráticos.

Sería muy lamentable que la opinión pública europea extendiera sus sospechas a un colectivo musulmán que en Europa componen ya once millones de personas que en su inmensa mayoría trabaja en paz, pero parece lógico que los terroristas se muevan con mayor facilidad e incluso recluten, entre los grupos radicales minoritarios musulmanes en Europa.

En Marruecos, el islamismo que llaman moderado ha progresado y se ha consolidado como fuerza en el escenario político en las tres últimas décadas hasta obtener resultados holgados en unas elecciones aceptablemente libres como las de septiembre de 2002. Mientras tanto, el islamismo radical y violento parece haber tejido alianzas con el islamismo radical y violento internacional que inquietan a Marruecos y por supuesto a sus vecinos.

En la práctica, las fronteras entre uno y otro islamismo, al menos en lo ideológico, resultan difíciles de precisar. Pero el escenario marroquí no resulta inquietante solo por la extensión del radicalismo de tipo islámico. Lo es también por la penetración de los integrismos de corte saudí e iraní, que a su vez han dado lugar, además de a una radicalización del integrismo marroquí, a la introducción de discusiones de tipo teológico que recuerdan a las controversias medievales doctrinales del cristianismo. Los saudíes, gracias a la generosidad con que han financiado a grupos y predicadores radicales, promocionan el rito hanbalita y el wahabismo rigurosos predominantes en Arabia Saudi.

Irán, de una manera más política y tal vez más moderna en términos relativos, promueve la influencia de su revolución y ha ayudado a la aparición de grupos que se dicen seguidores del chiísmo iraní. Es una situación doctrinal tan confusa que las autoridades religiosas marroquíes actuales han dicho que “la seguridad espiritual del reino –un reino que sigue el rito malekita- está en peligro”.

La diversión que estas controversias suscitan, y el predominio del integrismo de tan diferentes filiaciones en el panorama social marroquí, se ha traducido ya en la pérdida de tiempo de movilización intelectual y política para debatir cuestiones que en las sociedades democráticas europeas fueron superadas hace siglos. Desvían a buena parte de los marroquíes de la discusión moderna de cómo gestionan los gobiernos la economía y los presupuestos, cómo crean puestos de trabajo, cómo combaten la corrupción, en Marruecos todavía muy extendida, cómo hacen que el estado de derecho sea una realidad, garantizan las pensiones, proporcionan el marco legal para que la mujer pueda alcanzar la igualdad con el hombre en el derecho y en la práctica social, y otras muchas cuestiones de este calado que son las que preocupan en las sociedades modernas.

Resultado de esa penetración del wahabismo, algunos grupos integristas marroquíes se dedican a la represión de los que consideran atentados a la moral islámica, consumo de alcohol, promiscuidad de sexos en los colegios, centros deportivos, piscinas, contra la elección de “misses”, movilizando a las mujeres en contra de sus propios intereses sobre todo para que lleven el velo y se opongan a la reforma del Código de Familia a fin de cuentas responsable de su condición de permanentes tuteladas por el hombre, y promueven un rigorismo anacrónico con la sexualidad.

No son los únicos pero es cierto que han contribuido mucho a que el radicalismo marroquí haya protagonizado muchas de sus actuaciones, reprobadas por los demócratas laicizantes, de los últimos meses. Bajo estas presiones fue censurada la última película del cineasta Nabyl Ayouch por mostrar un desnudo que entre nosotros hubiera pasado desapercibido. Ayouch fue acusado, incluso por el dirigente del partido PJD, tercera fuerza en el Parlamento, Mustafa Ramid, de “atentar contra los valores del Islam” y, lo que es más insidioso, de formar parte de una “quinta columna francófona y sionista”.

Mucho más desproporcionado quizá fue el proceso este mes de abril llamado del “satanismo”, emprendido bajo presión del integrismo contra los 14 jóvenes integrantes de un grupo de “hard rock” que tuvo la idea de llamar a su grupo Satán. Lo sorprendente es que la fiscalía del estado les acusó de “alteración del orden público” de “atentar contra la fe musulmana”, algo que les parecía evidente por los pantalones estrechos y las camisetas con la imagen del diablo que portaban los jóvenes en sus actuaciones.

Algunas de las organizaciones que se levantaron en defensa del grupo de rock señalaron que el fiscal, durante los interrogatorios les preguntaba si sabían rezar y les reprochaba que cantaran en inglés. Peor aún, la Organización Marroquí de los Derechos del Hombre OMDH, según informaciones de prensa, ha denunciado las agresiones sexuales que al parecer sufrieron los jóvenes detenidos no solo durante su paso por la prisión, sino –según afirman- incluso en la fase de instrucción.

Gracias a la presión de los partidos democráticos marroquíes y de varias ONGs que se movilizaron en favor de esos jóvenes, la presión social contra la justicia complaciente creció a tal punto que tuvieron que ser absueltos. Pero absueltos o no, el estado de derecho ha quedado muy maltrecho. Tanto que algunos periódicos democráticos como “Tel Quel” y “Le Journal” hablan ya de la existencia de un “integrismo preventivo”.

Algunos analistas han señalado que Mohamed VI al irrumpir con fuerza en la vida política con la pretensión de que su reinado sería diferente, con cierta “inexperiencia” según esos mismos observadores, rompió de alguna manera los equilibrios precarios que había establecido su padre con el integrismo a la par que permitió que todas las aspiraciones contenidas durante décadas se manifestaran de repente y simultáneamente a la luz pública. Otros han añadido que los incidentes con España del verano de 2002 por el Islote de Perejil pretendían crear una maniobra de diversión frente al peligro islamista.

¿Argelinización del islamismo marroquí?
A los marroquíes no les agrada nada que se compare la situación interna actual de su país con la de Argelia de los primeros años de la década de los noventa. Entonces, la precipitación del poder militar, después de haber creado las condiciones políticas que permitieron un triunfo electoral del islamismo, decidió interrumpir bruscamente el proceso, llevó a Argelia una guerra civil no declarada, a un terror que no respetó barreras morales ni humanas, y a una inestabilidad que doce años después aún no ha sido superada totalmente.

Marruecos hoy, ciertamente, no es la Argelia de 1990. Su régimen es una monarquía y el “tempo” de los monarcas, que están ahí para reinar –en este caso también para gobernar- sin límites de tiempo ni de preocupaciones electorales, es más lento y cauto que el de los generales, por mucho que se hayan demorado los argelinos en el poder. En Marruecos existen partidos políticos, tantos que es casi imposible que logren mayorías capaces de gobernar sin coaliciones “contra natura” o sin que el Rey, que a fin de cuentas nombra y agradece los servicios prestados por los gobiernos, tome la iniciativa, como es el caso del actual gobierno marroquí, de nombrar a un primer ministro fuera del partido más votado.

Pero ni siquiera esto es realmente importante pues a fin de cuenta y gracias a una Constitución y a una práctica constitucional que fagocita en beneficio del monarca los sectores más importantes de lo que normalmente son las competencias de un gobierno, el Primer Ministro marroquí no tiene que preocuparse de la política exterior, de la Defensa, de la Seguridad interior y exterior del país, de la Religión, tan importante en los tiempos que corren en el mundo árabe-musulmán, y de otros muchos asuntos puntuales de los que el monarca con frecuencia le libera.

Así es que Marruecos no es Argelia pero en algunos aspectos comienza a parecerse mucho. En las pasadas elecciones legislativas de septiembre de 2002, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) islamista, obtuvo 41 diputados de los 380 que componen la primera Cámara marroquí. Sólo siete escaños menos que el partido USFP ganador lo que le permitió quedar como tercera fuerza política del país, detrás del partido Istiqlal (47 diputados) con más de sesenta años de rodaje y experiencia política. Lo picante de la cuestión es que el PJD obtuvo ese resultado electoral habiendo presentado candidatos en sólo 56 de las 91 circunscripciones electorales del país, no porque no los tuviera sino, como explicaron después sus dirigentes, porque no querían asustar con una victoria arrolladora.

Y el PJD no es el principal partido islamista de Marruecos. Al Adl ual Ihsane (Justicia y Beneficencia), que dirige el carismático jeque Abdessalam Yassin, ha rehusado hasta ahora constituirse en partido político, pretende –una pretensión que muchos analistas le conceden- ser la primera fuerza islamista de Marruecos y boicoteó las pasadas legislativas. El alto índice de abstención, superior al 30 por ciento del electorado, pudo tener algo que ver con ese boicot.

De una manera suave y justificándolo por la necesidad de reestructurar las circunscripciones electorales para acomodar al millón largo de nuevos votantes inscritos, el gobierno ha hecho con las elecciones municipales y comunales que debieron ser convocadas este mes de mayo algo parecido a lo que decidió el gobierno argelino en 1991 con las suyas: las ha pospuesto hasta septiembre, en principio, por temor, según algunos comentaristas, a que los islamistas se hicieran con el control de los poderes locales del país.

La expansión de ese islamismo contestatario, radical y hoy violento ha sido constatada periódicamente por los grandes especialistas marroquíes en esta materia. El profesor Mohamed Tozy, autor de numerosos trabajos de campo, ha explicado, desde los años setenta y ochenta, cómo ha progresado en Marruecos un islam que escapaba cada vez más al control y tutela de los sucesivos ministros de “Habus” (Asuntos Religiosos), que comenzaba a recrear su propia visión de la sociedad marroquí y del papel movilizador que debía desempeñar la religión, y que se infiltraba progresivamente en la enseñanza, el sector preferido de acción de los islamistas, en las universidades, en los barrios pobres y en los suburbios de chabolas, auténticas ciudades marginales donde se concentraba en aquellos años el importante éxodo rural que venía a la ciudad a la búsqueda de alguna oportunidad.

Tozy describió y enumeró los cientos de mezquitas clandestinas que surgían a todo lo largo y ancho del país donde se reclutaban y formaban nuevos predicadores y se proponía un islam cada vez más alejado del oficial y más militante.

En sus primeros escritos de los años ochenta censaba ya casi un centenar de pequeñas o medianas organizaciones que preconizaban todas, en términos generales, el retorno a un islam más cercano a los que aquellos islamistas consideraban fundamentos originales de su religión y proponían, a la manera del cristianismo medieval, grandes controversias doctrinales que, al menos en Oriente Medio donde se habían iniciado un siglo o dos antes con muchísima mayor altura filosófica y cultural, tenían casi todas por objetivo definir cómo el mundo árabe musulmán podría salir del estancamiento en que se encontraba y alcanzar a Occidente sin renunciar a su religión, sus tradiciones, y su cultura.

El ha explicado también cómo Hassán II utilizó al islamismo contra los partidos de corte occidental en los años setenta y cómo después supo combinar pequeñas concesiones con una mano extraordinariamente dura para mantener a raya a un islamismo en auge cuyas direcciones se nutren en casi un 50 por ciento de profesores y casi un 20 por ciento de profesiones liberales que son también los sectores sociales que en los años anteriores proporcionaban lo esencial del liderazgo medio de los partidos de corte occidental.

El profesor Abderrahim Lamchichi recuerda a su vez en sus escritos que durante el reinado de Hassán II el islamismo radical no pudo actuar con violencia en la sociedad y cuando lo intentó fue duramente reprimido. De su reinado son los grandes procesos de Kenitra de 1973 y de Casablanca de 1979 como resultado de los cuales el islamismo radical quedó muy diezmado pero siempre inventó nuevas formas de influir en la sociedad.

Ya en 1974 Abdesalam Yasin, lider de Al Adl ual Ihsan, cuestionaba la legitimidad de Hassán II como jefe religioso. Casi treinta años después, numerosos ulemas (doctores en religión) y predicadores radicales de Marruecos, han vuelto a cuestionar esa misma legitimidad a su sucesor Mohamed VI.

Los intentos de los islamistas marroquíes de crear organizaciones paramilitares y simultáneamente lanzarse a la conquista de los espacios políticos legales se remontan, según coinciden los islamólogos marroquíes a finales de la década de los años setenta y principios de los ochenta. Algunos, como Bruno Etienne, sostienen que fueron los franceses quienes construyeron el mito del reino jerifiano (de descendencia profética) ideal y del islamismo moderado marroquí.

En aquellos años iniciales del integrismo en Marruecos, el jeque Abdesalam Yassin, figura emblemática del islamismo marroquí, jefe de la actual organización Al Adl ual Ihsan (Justicia y Beneficencia), llamaba “islamizar la modernidad” contra la proposición de las elites formadas en universidades occidentales que en su opinión intentaban “modernizar al islam”. Fue también el autor, por esas mismas fechas, de un libro titulado “El islam en la hora de la revolución” que, con gran anticipación en su país, teorizaba sobre la forma que podría revestir un estado islámico en Marruecos.

Algunos analistas marroquíes sostienen que el auge del islamismo es consecuencia del fracaso de los partidos nacionalistas de corte occidental, que ocupaban todo el espacio político visible a la independencia en 1956, de estructurar a la sociedad marroquí

Se puede convenir con ellos en que la mayor desgracia para la democracia en Marruecos fue, probablemente, la incapacidad del movimiento nacionalista marroquí y del rey Hassán II de encontrar desde el inicio un acomodo que les permitiese compartir el poder. Hasta 1975 la vida política marroquí se agotó en luchas estériles por ese motivo entre el nacionalismo potencialmente democrático y el Monarca, que siempre terminaron a favor de éste último.

El conflicto del Sahara de 1975 les reconcilió pero en adelante el juego político seguirá entre unos lideres políticos cada vez más alejados de sus electorados respectivos y una Monarquía que asumía efectivamente todos los poderes que se irá atribuyendo en sucesivas constituciones y que interpretará siempre de manera extensiva.

Las nuevas generaciones se agotaron a la espera de oportunidades políticas en una escena monopolizada por unos hombres, rey y políticos, de la misma generación, en la que los segundos se veían legitimados más por el papel de interlocutores preferentes que el monarca les otorgaba que por los sectores de la sociedad que decían representar.

El rey Hassán II recurrió a los periodos de excepción según su conveniencia mientras las explosiones sociales periódicas venían a recordar la anomalía del juego político marroquí. Cuando a finales de los años ochenta el rey comprendió que debía preparar su sucesión, los políticos de la primera generación estaban cansados y separados de sus bases sociales y el espacio para la contestación política lo habían infiltrado ya y recuperado los islamistas.

Es verdad que son minoritarios, numéricamente hablando, en Marruecos pero es también cierto que tienen aquello de que las fuerzas democráticas parecen carecer, la voluntad y la decisión para dar la batalla lo cual les hace mucho más visibles. El rey Hassán II, con todo su aparato coercitivo, su prestigio exterior, y su enorme capacidad maniobrera, mantuvo a raya hasta su muerte al islamismo marroquí y tejió unas alianzas externas de seguridad que le ayudaron enormemente a lograrlo.

Su último hallazgo táctico fue nombrar un gobierno que llamó de “alternancia” y que ofreció al socialista Abderramán el Yussufi. La experiencia prometía ser interesante pero chocó con lo que choca cualquier intento de modernización política en Marruecos: con la Constitución y con los enormes poderes que concede al rey. Yussufi, consciente de sus limitaciones cumplirá con dignidad la primera parte de su mandato, y con cierta resignación pesimista la segunda lo que le atraerá las críticas de otros partidos de izquierda más impacientes.

En esta etapa, sin embargo, y gracias a la existencia de un buen equipo económico en el partido socialista marroquí, Marruecos logrará mejorar sus índices macroeconómicos, satisfacer las recomendaciones del FMI y lograr un crecimiento medio anual del PIB superior al 5 por ciento. Desgraciadamente para Marruecos la macroeconomía no tiene traducción a la microeconomía. Los indicadores sociales remiten hoy a Marruecos al pelotón de cola de la clasificación del Informe sobre Desarrollo Humano 2002 elaborado por el PNUD.

A la muerte de Hassán II en 1999 su sucesor Mohamed VI inauguró su reinado con unas formidables promesas de cambio que grosso modo se reducían a la oferta de “gobernar de otro modo”. En unos primeros tiempos el campo de la libertad de expresión y de imprenta se ensanchará, desaparecerá el temido ministro del Interior, Driss Basri, se denunciarán algunos casos sangrantes de corrupción, se facilitará la relación de los administrados con la administración, e incluso se iniciará una reconciliación con las víctimas del reinado de Hassán II, se compensará a las familias de los torturados y desaparecidos, y se ofrecerá un mejor estatuto al berberismo.

Pero sobre todo se prometerá hacer justicia a las mujeres marroquíes a través de un Plan Para la Integración de la Mujer al Desarrollo, presentado por el Secretariado de Estado para la Protección Social de la Familia del gobierno Yussufi, y la proposición de reformar la Mudawana, el Código del Estatuto Personal que rige a la familia, que se inspira de la Charia (ley islámica) y que mantiene, entre otras cuestiones, lo que las mujeres consideran los mayores abusos de la sociedad musulmana hacia ellas, la poligamia y el repudio unilateral de la esposa por el marido.

Será a este último respecto en donde el integrismo demostrará toda su fuerza y organizará en contra de esas reformas grandes manifestaciones multitudinarias en Casablanca y Rabat, replicará con un contraproyecto de familia islámica propuesto por el Colectivo Autenticidad para el Desarrollo de la Familia y de la Mujer, tutelado por la organización Al Adl ual Ihsan. La hija del Jeque Yassin, Nadia, que es en el presente uno de los dirigentes más destacados de la organización, decía que “ningún régimen puede decidir por si solo” en este dominio. En definitiva, forzaron al rey a remitir la reforma de la Mudawana a una comisión que encabeza el conservador ex ministro del istiqlal, M’Hamed Buceta, donde probablemente quedará relativamente olvidada.

Los motivos del terrorismo en Marruecos
Los atentados de Casablanca, que ocurrieron a las pocas semanas de acabada la guerra de Irak, como los ocurridos unos días antes en Arabia Saudí, y unos días después en Turquía, han sido explicados como una consecuencia de la guerra de Irak. Que intereses españoles hayan sido los más afectados ha llevado a concluir que pretendían castigar el apoyo destacado ofrecido por el gobierno español y su Presidente, José Maria Aznar, a la coalición liderada por Estados Unidos que decidió la guerra.

Que se expliquen así las motivaciones de los atentados terroristas de Casablanca parece lógico. Todas las guerras y conflictos de Oriente Medio, desde los primeros ocasionados por la colonización en los siglos XIX y XX, dieron lugar a una reacción con frecuencia terrorista.

En las semanas que precedieron a los atentados de Casablanca, los ulemas, imanes y predicadores del Norte de Marruecos pidieron resucitar el espíritu de Yihad y de resistencia de la comunidad musulmana, “boicotear los productos americanos, británicos y sionistas y los de todos los países que formaron parte de la coalición”.

El diario At Tajdid invitaba el primero de mayo al mundo islámico a “invertir el curso de las cosas y salvar al mundo” y afirmaba que "Todo musulmán tiene en adelante derecho a luchar por salvar a la humanidad.

El periódico, considerado portavoz del partido PJD, tercera fuerza en el Parlamento marroquí, pedía que se cerrasen las embajadas de los países agresores y que se boicoteasen los “productos norteamericanos y sionistas” y pretendía que “Solo la guerra santa y el martirio de la comunidad musulmana le permitirá recuperar su dignidad.

Pero a diferencia de los medios de expresión de los partidos nacionalistas que insistieron mucho en la guerra de Irak y sus circunstancias, los medios integristas y radicales se inclinaban más por presentar la situación en clave palestino-israelí o como ellos prefieren describirla islámico-sionista. Tanto insistieron en este aspecto, que algunos analistas marroquíes concluyeron que los atentados de Casablanca significaban sobre todo una advertencia al régimen de Mohamed VI.

El citado diario At Tajdid At Tajdid comentaba el 19 de abril que “Marruecos está a punto de una nueva normalización con el enemigo sionista y mayor implicación con Estados Unidos en lo que ellos llaman lucha contra el terrorismo. Es urgente que Marruecos se reintegre a lo que son las preocupaciones de la comunidad musulmana”.

Las criticas al Presidente del gobierno español por su postura en la guerra de Irak han procedido, en Marruecos, principalmente de los entornos nacionalistas y modernistas y no del integrismo. De hecho el integrismo marroquí ni siquiera mostró un reconocimiento especial a Francia, Alemania y Rusia, que se opusieron a la guerra y por el contrario aprovechó la primera oportunidad para señalar que estos países “ahora se muestran más flexibles para beneficiarse del botín de guerra”.

Los movimientos integristas marroquíes, al igual que Al Qaeda y el propio Ben Laden, establecen pocos distingos entre países occidentales. Es sintomático que la palabra que aparece en casi todos sus comunicados es la de “cruzados”, lo que engloba a todo el mundo occidental, partidario de la guerra de Irak o no, a los que el comunicado de Al Qaeda del 17 de mayo acusaba de “atacar a nuestros hermanos en Palestina, Afganistán e Irak” antes de añadir, sin mayor distinción, que “debemos prepararnos para la venganza” y que “nuestro deber es aterrorizar al enemigo”. Según entienden los islamólogos marroquíes, los grupos integristas marroquíes capaces de haber realizado los atentados de Casablanca, son precisamente los que siguen a Ben Laden y Al Qaeda, es decir los que no establecen distinciones entre países occidentales, a los que consideran globalmente enemigos del islam.

Qué futuro
Las alternativas a la democracia, la educación y el desarrollo son muy pocas. En realidad ninguna. La mayor parte de la sociedad marroquí lo entiende así; otra entiende que es necesario conciliar la modernidad con las tradiciones islámicas, y el islamismo radical, más motivado, más agresivo y más vehemente, sostiene, como sostenía el integrismo argelino y todos los integrismos existentes, que el Islam es la solución y el Corán la Constitución.

Europa siempre ha abogado, lo mismo que han hecho los marroquíes de la primera opción mencionada, por el “anclaje” de Marruecos a la Unión Europea, por la extensión de la democracia y el estado de derecho, por el desarrollo económico del país, como mejor antídoto contra la expansión del integrismo radical o no. La zona de libre cambio con el Magreb respondía, por parte de la Unión Europea, a esa preocupación.

La UE está hoy dispuesta a ir con Marruecos más allá del marco que permite el Proceso de Barcelona que no ha resultado tan eficaz y del Partenariado preferente hoy existente que sigue sin satisfacer a los marroquíes. Pero en Marruecos se discute ahora sobre la oportunidad de ese anclaje a Europa. La zona de libre cambio proyectada con Estados Unidos, y que debe estar operativa en 2004, antes que la ZLC con Europa, sugiere el deseo de Marruecos de conservar la autonomía de la UE.

Marruecos, según ha reconocido hace poco el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mejorado todos sus indicadores macroeconómicos, el pacto social aprobado este mes de mayo mejora las condiciones de los trabajadores marroquíes y sus retribuciones. Pero la necesidad de adelgazar a una administración pública y a un sector privado pletóricos, anticipa que unos 30000 marroquíes serán enviados a la jubilación anticipada en el sector público y otros 35000 en el privado.

Los buenos datos macroeconómicos señalados no son capaces en mucho tiempo de modificar algunos datos significativos: el 50 por ciento de los marroquíes son analfabetos, el 63 por ciento de la población rural no dispone de agua corriente, el 87 por ciento tampoco de electricidad y el 93 por ciento carece de cuidados médicos. El paro se sitúa en las ciudades en el 20 por ciento de la población activa y en el campo resulta difícil de determinar. La agricultura sigue empleando a casi el 40 por ciento de la población, aunque sólo contribuye en un 17 por ciento a la formación del PIB. Es tributaria además de la climatología. Los años anteriores fueron de sequía pertinaz, pero este año Marruecos se dispone a recoger una cosecha de alrededor de 80 millones de quintales de cereales, algo que siempre garantizó estabilidad al menos hasta el año siguiente.

Pero independientemente de los resultados agrícolas de este año, los mejores en la última década, ninguna medida, ninguna actuación económica, es susceptible de modificar de manera sensible los datos microeconómicos y por lo tanto de remediar la angustiante situación de un Marruecos en donde existen 5 millones de pobres absolutos según los patrones internacionales de medición de la pobreza, y casi 10 millones según los patrones utilizados por los partidos democráticos marroquíes para el mismo fin.

En esa coyuntura y en ausencia de una auténtica voluntad del régimen de adentrarse decididamente en el camino de la democracia y hasta que esta voluntad surja, el integrismo marroquí tiene asegurada larga vida y con él probablemente el terrorismo. La Unión Europea, y España como vecino inmediato, no tienen más alternativa que combinar cooperación económica y ayuda a la promoción de la democracia, con una crecida y vigilante precaución de carácter securitario.