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Economía ExteriorNº 34. Otoño 2005El proceso de Barcelona +10 visto desde el surIntroducciónDiez años después de su fundación el Proceso de Barcelona (PB) parece en vía de una profunda refundación. En la década transcurrida, los escenarios local, regional e internacional, han sido objeto de cambios importantes que lo afectan. Los más significativos conciernen al número de países implicados en el PB, que ha aumentado desde 1995, y a los marcos en que se ha de desarrollar en adelante el proceso de integración de la Unión Europea (UE) -Proceso de Barcelona y Política de Vecindad - con sus espacios exteriores. No son, no obstante, los únicos cambios. En 1995 se encontraron en Barcelona 15 países entonces miembros de la UE y 12 mediterráneos. Cuando Barcelona II se reúna en noviembre de este año, los países europeos serán 25 y los mediterráneos 10. Dos de los en 1995 entre los mediterráneos, Chipre y Malta, forman ya parte de la UE. Dos países más, Bulgaria y Rumania, se integrarán en enero de 2007, y Turquía lo hará en un plazo indefinido. Otros seis países de la antigua Europa Central y Oriental soviética (PECOS), Armenia, Azerbaiyán, Belarús, Georgia, Moldavia y Ucrania, constituyen desde junio de 2004 unos vecinos especiales con los cuales, de acuerdo con la terminología casi siempre esotérica de la Comisión, la UE quiere “trabajar más estrechamente” y “extenderles (al igual que a los diez del Mediterráneo) algunos de los beneficios de la ampliación”. El Artículo 49 del Tratado de la Unión Europea establece el derecho de todos los países europeos a solicitar la adhesión y, aunque la condiciona a que los candidatos cumplan los llamados criterios de convergencia, teóricamente abre la puerta a los países claramente ubicados en Europa como Rusia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Albania, Macedonia, Serbia, Montenegro y Kosovo. La UE ya tiene en marcha con ellos, en diverso grado de avance, Acuerdos de Cooperación y Partenariado. El proceso de integración de la UE con sus entornos de interés estratégico parece ahora más dinámico pero quizá más ambiguo que el de 1995. Lo nuevo se llamó primero “Europa Ampliada” (Wider Europe) y a partir de 2003 Política Europea de Vecindad (PEV) la cual, y en expresión del anterior Presidente Romano Prodi, ofrece a sus vecinos “todo menos las instituciones”. El Proceso de Barcelona se estructura alrededor de los Acuerdos de Asociación, ratificados por todos los países mediterráneos y operativos con muchos de ellos menos con Siria, con la cual está solo “inicializado”, y con Libia, que solo se ha incorporado al proceso en el 2004 después de que le fueran levantadas las sanciones internacionales. Mauritania está fuera del PB, pero asiste como observador a las Conferencias de Ministros de Asuntos Exteriores, lo cual permite suponer que en un futuro se puede incorporar al proceso como ya lo están todos los otros miembros de la Unión del Magreb Arabe (UMA). Política de Vecindad y Proceso de BarcelonaPero la PEV ¿qué es exactamente con respecto al Proceso de Barcelona? La Comisión ha de hacer un esfuerzo para explicar como se relacionan los dos procesos porque corre el riesgo de ser mal comprendida. Son varios los países que ven con reticencia la PEV como quedó de manifiesto en un encuentro organizado en Argel en febrero por el Institut national des études stratégiques et globales (INESG). Smail Hamdani, exjefe del gobierno argelino, afirmó que “la PEV representa un retroceso en las relaciones entre la UE y los países terceros” y añadió que “el único texto digno de ser retenido por Argelia y los países de sur del Mediterráneo, es el de Barcelona” que para él “es portador de una visón generosa e insiste sobre la noción de prosperidad compartida” calidades que no veía a la PEV. Leonello Garbici y Lucio Guerrato, entonces responsable de la Unidad Magreb de la UE y jefe de la misión de la UE en Argel respectivamente, contestaron que “la PEV no modifica ni a Barcelona ni a sus principios “ pero “corrige eficazmente sus insuficiencias como la falta de instrumentos para desarrollar el diálogo político bilateral”. Para uno y otro funcionario hay que relativizar Barcelona que “a fin de cuentas no es más que una bella retórica sin instrumentos para ser aplicada” y “una fiesta de matrimonio” que tiene necesidad de instrumentos para ser aplicada. Ambos explicaron que esos instrumentos son “los planes de acción que la UE ”quiere negociar” con sus socios mediterráneos “según sus especificidades y sus prioridades”1. Se trata de una visión muy compartida en el Magreb como se desprende de un artículo publicado este año por los investigadores tunecinos Jaled Kaddur y Selma Huisa, que se preguntan en qué medida la PVE va a reforzar el PB estando como están todas las políticas de la UE, en ese marco, relacionadas con la seguridad. Según ellos, la política mediterránea de la UE en materia de desarrollo y reducción de disparidades “no cuenta ahora con los mismos medios que los previstos para los PECOS”. Algo parecido afirmaba el embajador argelino en Bruselas ya citado, Halim Benatallah, cuando escribía que la UE ha desarrollado una visión de containment hacia el sur del Mediterráneo”2. Acuerdos de Asociación y Planes de AcciónUna comunicación de la Comisión al Consejo y Parlamento europeos titulada “Europa Ampliada -Vecindad: un nuevo marco para las relaciones con nuestros vecinos del Este y del Sur” explica que los países comprendidos en la PEV constituyen un conjunto muy diverso de situaciones que en materia de renta per capita contiene mayores distancias aún que las que existen entre la UE y sus socios mediterráneos. Esas distancias van desde los 417 Euros de PIB de Moldavia y los 855 Euros de Ucrania, los más bajos del “vecindario”, a los 19578 Euros de Israel, un país en la media de renta europea, pasando, como recuerda la comunicación, por los 1292 a 1663 Euros per cápita de Belarús, Egipto, Marruecos, ANP/Gaza, y Siria3. La PEV se articulará a partir de 2007 en torno a Planes de Acción que la comisión ya ha comenzado a negociar con Marruecos, Túnez, Jordania, Israel, y la ANP. Estos acuerdos incluyen, según la Comisión, de una manera más decisiva y perentoria la exigencia de democratización de sus socios y vecinos, en la medida en que modulan la relación con todos a un consenso sobre el ritmo y alcance de las reformas que estos quieran aplicarse. Los documentos de la Comisión describen esa fórmula con el concepto de “copropiedad” (co-ownership). Se trata, probablemente, del resultado del compromiso alcanzado en la Cumbre del G-8 de Sea Island de junio de 2004. Tal como afirma su documento final, constituye la expresión del apoyo de los dirigentes de la región al plan de democratización y reformas elaborado por el G-8 cuyas iniciativas los gobiernos, los medios de negocios y la sociedad civil de la región pueden “utilizar como deseen” en “un proceso dinámico basado sobre el respeto mutuo”. Cada miembro del G-8 y los países de la región se han comprometido a dirigir alguna o varias de las iniciativas previstas. La relación con la UE vista por el surLas evaluaciones de estos diez años de PB difieren según la hagan los gobiernos, los institutos integrados en las redes euro-mediterráneas, o instituciones y analistas independientes. En este artículo se presta menos atención a la visiones de los gobiernos porque están suficientemente expuestas en los documentos de la Comisión. La visión de los gobiernos árabes está expresada en un documento circulado por ellos a principios de 2005 y luego parcialmente recogido en los documentos de la UE titulado “Elementos de la contribución árabe a la evaluación y refuerzo del Proceso de Barcelona”. La mayoría de los analistas árabes parece comprender en 2005 que con la UE se ha iniciado un proceso, se han firmado unos acuerdos, y se ha establecido un tejido de relaciones institucionales, económicas, profesionales, académicas y asociativas tan denso que, sean cuales sean sus dificultades pasadas o futuras y las criticas que se le puedan formular, comprometen ya a sus gobiernos en un proyecto realmente importante que contemplan con aprensión. Una percepción muy común, de la cual la Comisión es en gran parte responsable por su déficit en materia de comunicación y persuasión, es la de que de nuevo una política hacia el Mediterráneo no ha sido completada, cuando ya hay otra nueva en marcha. La misma percepción es extensible al diseño de Europa, al de sus fronteras en constante y aún no concluida expansión, y que hace de los países del sur, según las etapas, socios, vecinos especiales, partícipes de un “círculo de amigos” o acreedores a “todo menos las instituciones”. Lo que resulta sorprendente, tanto hoy como en 1995, es la importancia que los intelectuales árabes atribuyen a la rivalidad entre la UE y Estados Unidos, que consideran en el origen mismo de las políticas mediterráneas (ahora de vecindad) de la UE, y algunos incluso de la idea misma de unificación europea. Para la mayoría de esos expertos del sur ello se deriva, en parte, del contagio a Europa de la prioridad a la seguridad de la percepción norteamericana de la región. El nuevo paradigma del “miedo necesario”, que proponen los estados mayores políticos, es el terrorismo masivo que afirman procede -que de hecho procede en sus manifestaciones más graves desde el 11/S/2001- esencialmente del área árabe islámica. La proposición incluye, por extrapolación subliminal, al mundo árabe-islámico, que supuestamente es incompatible con la democracia, occidental por supuesto. Los informes sobre desarrollo humano del PNUD le señalan como el conjunto étnico, cultural y religioso coherente más retrasado en todos aquellos parámetros que esa organización internacional seleccionó para definir qué es desarrollo humano. En el sur las actitudes y las políticas de la UE se perciben con frecuencia como demasiado subordinadas a las preocupaciones de seguridad. El embajador argelino en Bruselas, Halim Benatallah, ya citado, lo ha expresado con claridad cuando sostenía que la visión europea se ve agravada por “la irrupción con fuerza del factor religioso armado y los riesgos crecientes de distanciamiento cultural, en un contexto pos-11 de septiembre de seguridad sobrevalorada (sur-sécuritaire), de intervención en Irak, y de amalgama entre Islam y terrorismo”4. De Barcelona I a Barcelona II: cambio de escenarioEntre 1995 y 2005 uno de los cambios que quizá más ha influido en modificar las percepciones tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea es probablemente el terrorismo masivo, que después del 11 de septiembre 2001 en Nueva York y Washington, el 16 de mayo 2003 en Casablanca, el 11 de marzo en Madrid, y en julio de 2005 en Londres, ha demostrado una impresionante vitalidad y una capacidad de volverse contra los centros vitales de Occidente. Otros hechos importantes son: la entrada en vigor del euro como moneda única desde principios de 2002; la creación de una Facilidad Euro-Mediterránea de Inversión y Partenariado (FEMIP) operativa desde octubre de 2002; la Política de Vecindad Europea anunciada en marzo de 2003; la firma en febrero de 2004 del Acuerdo de Agadir que establece una zona de libre comercio entre Egipto, Jordania, Marruecos y Túnez; la inauguración de la Asamblea Parlamentaria Euro-mediterránea en marzo de 2004; la ampliación de la UE a 10 nuevos estados en mayo de 2004; la ratificación por el Senado norteamericano en julio de 2004 del acuerdo con Marruecos para el establecimiento de una zona de libre cambio; la entrada en funcionamiento de la Fundación Anna Lindh para el Diálogo entre Culturas en febrero de 2005 y el “no” francés al proyecto de Constitución europea en mayo de 2005, etc. El conflicto árabe/palestino-israelí, que en vísperas de la Conferencia de Barcelona de 1995 parecía en una vía razonable de solución, al entrar en el camino contrario ha constituido, como reconocen la mayoría de los especialistas, uno de los obstáculos mayores para la consolidación del proceso euro-mediterráneo en estos diez años. No es el único conflicto: están por solucionar el de Chipre y el del Sahara Occidental. En vísperas de la II Conferencia de Barcelona en noviembre próximo, el único signo externo alentador reciente es la retirada israelí en agosto de Gaza y varios pequeños asentamientos de Cisjordania. Sin embargo, es una esperanza que tiene una doble lectura, la otra negativa, que ya se ha encargado de introducir el premier israelí Ariel Sharon al hablar de la irrenunciabilidad a los otros grandes asentamientos -los más importantes- de Cisjordania. Tampoco ayudan nada las dificultades de Estados Unidos para poner en marcha un proceso constituyente y democrático en Irak, y la transformación de la escena iraquí en un campo de experimentación y escuela de terroristas. Lo peor puede que esté por venir si la Administración norteamericana escucha a quienes dentro de ella preconizan mantener un cuerpo expedicionario de cien mil hombres en Oriente Medio. El proceso de Barcelona y la PEV vistos por los magrebíesLos cambios ocurridos en la década 1995-2005 y un análisis de los resultados alcanzados incitaron al profesor marroquí Driss Khrouz a sostener que “La Unión Europea está cada vez más preocupada por la hegemonía tecnológica, política y financiera de Estados Unidos, por un lado, y por otro lado por los sobresaltos religiosos, migratorios y de seguridad del sur del Mediterráneo”5. Un excelente trabajo colectivo de evaluación de la década transcurrida, dirigido por Driss Khrouz reconoce los esfuerzos realizados tanto por la UE como por Marruecos para establecer los mecanismos y las instituciones necesarias para acompañar y desarrollar la cooperación, desde los ajustes estructurales de 1982 y 1992, la salida del ciclo de reescalonamientos de la deuda, los programas Meda I y Meda II, las ayudas a la modernización (mise à niveau) de las empresas y las infraestructuras, para integrar a los países del sur en lo que él llama “dinámica civilizacional global”. Entiende Khrouz no obstante, que “todo ese sistema se caracteriza por una gran ambigüedad (flottement), un déficit de comunicación y una falta de homogeneidad en su seguimiento y evaluación”6. Decir que los intelectuales árabes, principalmente los economistas, vieron y ven con gran reserva el proceso que en 1995 proponía la UE a sus países y que ahora en 2005 les insta a continuar perfeccionándolo con la PVE, es calificar con demasiada indulgencia lo que escribieron o dijeron de él y lo que ahora repiten con una notable continuidad en sus percepciones. Las objeciones o las reservas hacia el PB de los sectores académicos llenan un amplio abanico que va desde las serias dudas razonadas en la bondad del proyecto para el sur, a la franca oposición. En un extremo se encuentra la desconfianza en el proceso mismo por entender que consagra el “paradigma neoliberal (el mercado)” en detrimento del “paradigma del desarrollo”, y que “la mayoría de los socios mediterráneos del sur se convertirán en componentes estratégicos de las grandes economías industrializadas, sin por ello lograr cambios estructurales de sus economías que les permitan salir del subdesarrollo”. Un subdesarrollo que, por otra parte, consideran consecuencia de la “ruptura estructural histórica a que dio lugar la colonización”7. Para el economista argelino Abdelkader Sid Ahmed, que es quien más ha insistido en este enfoque, “en Argelia los extranjeros determinaron el tipo de desarrollo” y la convirtieron en un ejemplo de que “era posible explotar los recursos naturales del país sin desarrollo de sus recursos humanos”. “En el caso de Argelia la actividad económica quedó concentrada en manos extranjeras, lo cual relegó a la población autóctona y dio lugar a dos economías diferentes, una colonial con nuevas tecnologías e innovaciones, que reprodujo el modo de vida metropolitano, y otra agro-pastoral de la población autóctona, confinada en las montañas (las mejores tierras habían ido a parar a manos de los colonos), con baja productividad y en ruptura del modo de vida tradicional”8. Atendiendo a esa particularidad argelina, un caso muy especial en el Magreb, Sid Ahmed sostenía que “Acumular divisas solo para poder pagar un servicio de la deuda cada vez más costoso no tiene ningún sentido”, rechazaba la “retórica sobre las inversiones extranjeras” que “sólo van a países de fuerte crecimiento”, entendía que “la apertura total no es ninguna panacea en ausencia de convergencia de productividades de los países socios”, y creía que “las esperanzas ligadas a la apertura pueden no ser más que ilusiones, y la zona de libre cambio un engaño”. Sid Ahmed y otros intelectuales argelinos con él, no rechazan, no obstante, el proceso que inició la Conferencia de Barcelona, sino que entienden que “el reparto del conocimiento y su stock se convierte en factor decisivo de la competición, de la exportación y de la inserción ventajosa en la economía mundial”. Para ello, dicen, se necesita “un crecimiento duradero y sostenido de dos cifras o próximo a las dos cifras, una ampliación del mercado interior, la absorción del paro”, y un “auténtico partenariado” que no creen ver en la propuesta de Barcelona que consideran “un proyecto que sólo se dirige a las manifestaciones más llamativas del subdesarrollo, para hacer frente a lo que se percibe como una amenaza demográfica fundamental”. Sin llegar a proponer otro proceso diferente, entre los intelectuales marroquíes surgieron dudas y desconfianzas parecidas. Para abreviar, un sumario de esas objeciones puede ser el siguiente: Barcelona 1995 (o ahora Barcelona+10) no es el único proceso de este tipo que tiene lugar en el Mediterráneo; fue la globalización y el fracaso de las anteriores políticas mediterráneas, entre ellas la última (hasta 1995) conocida como Política Mediterránea Renovada, lo que impulsó a la UE a percibir la necesidad urgente de un espacio económico euro-mediterráneo; las percepciones securitarias han prevalecido y prevalecen entre los europeos sobre las económicas y políticas, y dieron lugar a que antes de nacer el PB se viera amputado de una de sus componentes esenciales, la libre circulación de personas que debería acompañar a la libre circulación de mercancías y de ideas. Todos, prácticamente sin excepción, señalan la contradicción de que la zona de libre cambio prevista para 2010 concierna a las producciones industriales pero no a las agrícolas y que los derechos y libertades que contempla no incluyan la libertad de circulación y establecimiento de las personas9. No obstante, los altos funcionarios marroquíes y de otros países del sur, tenían y tienen una visión más matizada del Proceso. El Secretario de Estado para la Política Exterior y la Cooperación de Marruecos, Fassi Fihri, entendía que “Barcelona constituye un acto simbólico que debe consagrar y sellar lo que podríamos llamar un contrato estratégico común”. El proyecto le parecía un deseo de “reequilibrar a la UE hacia el sur”, y una voluntad de “afirmar la presencia y la influencia europeas en el espacio mediterráneo por razones ligadas al peso de la historia, la invariable geográfica, y sus intereses económicos y culturales en la región”. Entre tantos análisis no podían faltar formulas y sugerencias de solución. Dos ideas han estado frente a frente: el modelo de desarrollo tipo “dragón asiático” que todos, por diferentes razones, coinciden en que dado los condicionantes del PB y de la PEV no es posible, y el modelo por el que parecen inclinarse de “sociedad del conocimiento”. Abdelkader Sid Ahmed advierte sobre la necesidad de revisar el mecanismo de desarrollo subyacente en el PB desde 1995 ahora que se cumple una década de su lanzamiento y reitera que “es urgente regresar y obtener, según los casos, índices de crecimiento globales y sectoriales elevados y duraderos para empezar la convergencia entre socios ». Según Sid-Ahmed, los problemas de fondo están condicionados por la naturaleza de muchos estados, uno de cuyos mayores fracasos -excepto en el caso de Turquía- fue su incapacidad de hacer emerger élites y clases medias que son los vectores de cambio y de modernidad. “Todo se resume”, añadía Sid-Ahmed, “a una estrategia de desarrollo frente a una estrategia comercial. No se trata de utilizar mejor los recursos existentes aunque ello sea necesario: se trata de aumentar el pastel y repartirlo mejor” y para ello la cuestión clave es elaborar una estrategia de crecimiento y desarrollo en equidad. “Se trata de no subordinar el devenir de los países árabes a las decisiones y estrategias de inversionistas y socios extranjeros, sino de construir un partenariado equilibrado y dirigido, susceptible de ayudar a la economía nacional”. El modelo asiático preconizado por Sid Ahmed -aunque considera que los acuerdos de asociación firmados lo hacen imposible- es el que, por el contrario, parece inadecuado al Foro Euro-Mediterráneo de Instituciones Económicas (FEMISE) según su informe de 2005 destinado a evaluar los progresos de la década transcurrida10. Los expertos de FEMISE reconocen que en la última década se ha agravado la pobreza, el paro, las diferencias, y se ha reprimido el “deseo” de Europa. Para ellos los capítulos social, cultural y humano del proceso de Barcelona se encuentran en un estado comatoso y parece que el PB ha quedado reducido a la lucha contra la inmigración, fundamentalmente la clandestina, y a las consideraciones de seguridad (cierre de fronteras, expulsiones, cuerpos europeos de guardias fronteras, y reconsideración del derecho de asilo) que han prevalecido. El Informe FEMISE 2005 señala que cuando el PB comenzó en 1995 los socios mediterráneos de la UE estaban todos ligeramente por debajo del tramo inferior de renta per cápita considerada intermedia, con excepción de Israel, y que en 2005 siguen estando por debajo de esa media que se sitúa entre los 4780 y los 5800 dólares per capita. Los autores del informe consideran que no se le puede imputar al PB esa situación, que proviene en gran medida de condiciones estructurales y comportamientos de los países mediterráneos, pero creen que el PB está directamente concernido por esos resultados teniendo en cuenta los objetivos que se había fijado. FEMISE reconoce que las tres etapas de transición económica que siguen a la etapa de estabilización y buena gestión macro-económica, la liberalización de los mercados de bienes y servicios, la de modificación de las leyes y marcos reglamentarios, y sobre todo el funcionamiento de las instituciones, es la que modificó sensiblemente el camino del crecimiento de países emergentes más dinámicos como los asiáticos, pero entiende que los retrasos acumulados por los países mediterráneos en los últimos veinte años hacen que las estrategias del tipo “dragones asiáticos” ya no sean posibles y sostienen que la mejor solución ahora es la de las economías basadas en el conocimiento, un razonamiento compartido por Sid-Ahmed11. La liberalización agrícola, otro obstáculo importante Para los expertos de FEMISE el futuro se juega sobre el funcionamiento del mercado de trabajo y su capacidad de absorber a una oferta considerable. Según FEMISE la necesidad de empleos entre 2000 y 2015 para mantener los actuales índices de paro ha sido evaluada en 35 millones de nuevos empleos, una meta que sólo creen posible lograr si la UE recurre a la inmigración para modificar la pirámide demográfica europea, ahora en beneficio de las personas mayores, y pagar las pensiones. Recuerdan que ya advirtieron del riesgo de reducir la zona de libre cambio a los productos industriales y al desmantelamiento de las protecciones en los países mediterráneos y sostienen que los riesgos que de ello se derivan son hoy más claros en la medida en que la liberalización agrícola ha evolucionado poco en la UE e incluso que ésta ha desarrollado un arsenal de normas que hacen aún más difícil el acceso al mercado comunitario de las producciones agrícolas del sur. Esa falta de evolución de la cuestión agrícola es “probablemente uno de los obstáculos más importantes a la constitución de un espacio económico euro mediterráneo coherente” y entienden que la UE debe reformar la PAC (Política Agrícola Común) y abrirse más a las producciones mediterráneas. Son apreciaciones que comparte el informe elaborado por el grupo de expertos marroquíes dirigido por Driss Khrouz que señala que a este respecto no existen soluciones milagrosas y que “Todo partenariado agrícola pasa por tres condiciones esenciales: poner fin a la PAC que es una medida discriminatoria y de distorsión en detrimento de los países en desarrollo; instaurar mecanismos de regulación de los intereses contradictorios entre productores exportadores, campesinos y consumidores, y dar prioridad al desarrollo rural en todas sus formas”. De acuerdo con el citado informe, la PEV puede ser un elemento positivo si es entendida como ampliación del PB que se “basa esencialmente sobre el desarme tarifario” y es “una posibilidad de integración más profunda en el espacio económico europeo, pero conlleva el riesgo de que cada país escoja su propio capítulo y ritmo, lo cual destruiría el esfuerzo de construcción de un espacio mediterráneo”. Tanto ese informe como el de FEMISE recomiendan que la PEV no contribuya a la disolución del PB que entiende debería ser, por el contrario, reforzado mediante una consolidación institucional y una garantía de recursos. El obstáculo de la deuda externaLa deuda externa, reconocida en la Conferencia de Barcelona de 1995 como un obstáculo mayor para el éxito del proceso, fue y en parte sigue siendo -aunque se han acabado las angustias de los reescalonamientos- un elemento clave de las reticencias de los intelectuales del sur. Entre 1986 y 1996 los países terceros mediterráneos (PTM) pagaron más de 200.000 millones de dólares solamente en intereses. Según Mohamed Salah Menturi, Presidente del CNES argelino, “la deuda pone en peligro los objetivos declarados del partenariado euro-mediterráneo” y “constituye un ataque al tejido productivo de la región hecho de pequeñas empresas”12. Otro economista afirmaba que la acumulación de la deuda fue casi exponencial entre 1970 y 1988 en que se multiplicó por 30. Hamid Aït Amara se preguntaba si “¿Debemos renunciar al desarrollo para pagar la deuda?” y respondía que ésta es un “medio de intervención en las políticas económicas de los países endeudados”. A iniciativa del Primer Ministro británico, Tony Blair, cuyo país preside la UE durante este semestre, los países miembros del G-8 reunidos en junio pasado en Gleneagles decidieron anular la deuda pública de los dieciocho países más pobres del mundo, es decir unos 40.000 millones de dólares con el Banco Mundial y otros 9.000 con el FMI. Pero, como ha señalado el profesor norteamericano Jeffrey Sachs, “perdonar 40.000 millones de dólares solo significa que esos 18 países dejarán de pagar al Banco Mundial y a otros acreedores, no que recibirán ese dinero”. La rivalidad UE-USA en el mediterráneoLos intelectuales mediterráneos parecen coincidir en que el PB no se comprende “si no se sabe que es igualmente una respuesta a una presencia demasiado visible en el Mediterráneo de parte de una potencia extramediterránea como Estados Unidos”, como escribía Fuad Zaim, profesor de la Universidad Hassán II de Casablanca y posteriormente consejero económico del Primer Ministro Driss Yetú13. El Secretario de Estado marroquí, Fassi Fihri, no dejaba de señalar que era significativo que la Conferencia de Barcelona de 1995 hubiese sido “convocada en el momento en que el proceso de paz (en Oriente Medio), especialmente en su dimensión multilateral, progresaba y su componente económica se desarrollaba después de la primera cumbre económica para el Medio Oriente y el Norte de Africa”, auspiciada por Estados Unidos14. Algunos, como el argelino Mustapha Baba-Ahmed, han ido mucho más allá y han afirmado que la evolución misma de la idea de unidad europea tiene uno de sus antecedentes en la necesidad para Europa de combatir la supremacía de Norteamérica. Para Baba-Ahmed, el origen de la supremacía americana parte de la II Guerra Mundial. “La reconstrucción de Europa fue una fuente inconmensurable de progreso para los países que se beneficiaron de ella”, decía pero añadía que “Estados Unidos buscaba salidas para su industria” y “supo hacer a Europa dependiente de su tecnología”15. Baba-Ahmed añadía que el Plan Marshall proporcionó a Estados Unidos las dos llaves decisivas para su supremacía: “el avance tecnológico, que se iba a acelerar con el tiempo” y “el sistema financiero internacional que (EE.UU.) concibió en función únicamente de sus intereses, y que pudieron dictar teniendo en cuenta su posición privilegiada de proveedor de dos factores de progreso: la tecnología y el dinero para adquirirla”. Proporcionando al resto del mundo aquello que necesitaba, “los Estados Unidos lograron duplicar su PNB en unos cuantos años”, agregaría.
Visión medio-orientalLa visión del PB de al menos parte de los intelectuales de Oriente Medio (OM) está reflejada en el informe de FEMISE citado, suscrito por el Foro de Investigación Económica egipcio, la Facultad de Ciencias Económicas y Políticas de la Universidad de El Cairo, el Instituto de Economía Financiera de Beirut, y el Centro de Estudios Mediterráneos de Turquía. No obstante, fuera de las opiniones reflejadas en el informe, quedan numerosos centros e intelectuales muy críticos también con el PB, y numerosas opiniones muy subordinadas al conflicto árabe/palestino-israelí. Debido al conflicto árabe-israelí, el papel de la UE es percibido muy negativamente aunque esas opiniones conciernen más a la actitud de la UE en él que al PB mismo. Dina Ezzat, comentarista del diario Al Ahram, escribía en la edición de 23-29 de noviembre de 2000, comentado la Conferencia de Ministros de Asuntos Exteriores que tenía lugar en la ciudad de Marsella precisamente con el objetivo de rescatar al PB de su parálisis, que éste había sido “secuestrado” por la crisis de OM. Siria y Líbano habían boicoteado la conferencia, y el secretario general de la Liga rabe, Amr Musa, había criticado públicamente la actitud de Europa de atribuir por igual a palestinos e israelíes la responsabilidad de la crisis que se vivía en los territorios palestinos “igualando”, había dicho Musa, “al agresor con el agredido”. La teoría de los egipcios parecía ser, no obstante, que había que separar los dos procesos, el de Barcelona y el de paz en OM. Se trata de una posición que Siria no comparte y a principios de enero de 2005 advertía de los efectos negativos que el conflicto podría tener en la nueva fase del PB. En la conferencia de ministros de Asuntos Exteriores euro-mediterráneos celebrada en Luxemburgo en enero de 2005 el titular sirio, Faruk al Charaa recordaba que las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU eran tan irrenunciables para su país como la fórmula de paz por territorios que fue resultado de la Conferencia de Madrid de 1991. Charaa reiteraba la exigencia de Siria de una retirada total de Israel a las fronteras anteriores a la guerra de 1967 “incluyendo las alturas de Golán y las granjas de Shabaa, así como el establecimiento de un estado palestino con Jerusalén como capital” y añadía que consolidar la seguridad y la estabilidad en la región debía pasar por el imperativo de liberarla de todas las armas nucleares, biológicas y químicas de destrucción masiva. En una respuesta directa al proyecto GOM norteamericano Charaa diría que el desarrollo y la modernización deben “emerger de las necesidades y aspiraciones de nuestro pueblo y tomar en consideración nuestras peculiaridades”. En un seminario organizado en Beirut a principios de 2005 por la Fundación Heinrich Boll sobre como revitalizar el PB diez años después, el investigador libanés Ziad Majed decía el conflicto árabe-israelí es el núcleo del problema de la democratización en OM porque los regimenes árabes lo utilizan como pretexto “para mantener en vigor leyes de emergencia y posponer la apertura de sus sociedades”. Rami Khuri, editor del diario Daily Star de Beirut afirmaba en el mismo seminario que la UE tenía que hacer frente a su perdida de credibilidad. En relación con la democratización señalaba que “No existe un movimiento masivo en el mundo árabe que pida la democracia liberal como en Argentina o Chile”, pero entendía que se ha producido no obstante un cambio notable y que ahora existe una gran sensibilidad en relación con los derechos humanos. “En vez de promover la democracia liberal, la UE debería concentrarse en la promoción del estado de derecho y el respeto de los derechos humanos». La magrebización del proceso de BarcelonaLos intelectuales magrebíes, al igual que sus gobiernos, son los que un mayor sentido de “co-propiedad” han demostrado del PB y de la PEV. El Secretario General de la UMA, el argelino Habib Boulares, diría en febrero de 2005, en una conferencia auspiciada por el Observatorio Mediterráneo del ministerio italiano de Asuntos Exteriores, que la mejor manera de relanzar el diálogo euro-mediterráneo era “institucionalizar el diálogo permanente 5+5”. Para él, éste es “el único foro de diálogo en donde los países del Magreb debaten con sus socios europeos sobre problemas de la región magrebí” y “ese es el marco en que los socios europeos podían establecer con el Magreb un nuevo enfoque del diálogo euro-mediterráneo, no mediatizado por el Atlántico ni insertado en el proyecto GOM”. Esa percepción de la especificidad del Mediterráneo occidental es la que en cierta medida confirma también la creación del grupo 5+5 (España, Francia, Italia, Portugal y Malta + Argelia, Marruecos, Túnez, Libia y Mauritania). Una de las razones por las cuales los magrebíes se han esforzado por el establecimiento de lazos particulares está en que “el conflicto palestino y la política israelí dominan los debates hasta el punto de dejar poco margen a las cuestiones que interesan a los magrebíes, los bosníacos, los chipriotas, los turcos o los griegos”16. ConclusionesNingún otro proyecto de integración regional de los que ya existen en funcionamiento ha movilizado y moviliza seguramente a tantas instituciones, tantos funcionarios, tantos observatorios, tantas comisiones de sabios y comisiones ad hoc, foros, proyectos, planes, oficinas diplomáticas y representaciones, y organizaciones de la sociedad civil, como éste euro-mediterráneo. Lo curioso es que la mayoría de las iniciativas proceden de la UE, cuyos gobiernos, institutos, universidades y sociedad civil son los que principalmente las promueven, mientras que los países del sur parecen “sufrir” este proceso con un cierto fatalismo. Esto sorprende porque los intercambios con los países mediterráneos representan menos del 6 por ciento de los intercambios exteriores de la UE y sus inversiones directas menos del 2 por ciento del total. Por el contrario la UE representa un promedio del 50 por ciento de los intercambios exteriores de los países mediterráneos y el excedente comercial de la UE, petróleo y productos petroleros excluidos, es de 24000 millones de Euros. Asimismo el 20 por ciento del flujo de trabajadores inmigrantes en la UE procede de países mediterráneos del sur. Diez años después de Barcelona, el crecimiento mediterráneo sigue siendo de los más bajos del mundo (1,4 como media entre 1996 y 2001) con la excepción de Africa, el desempleo oficial es del 20 por ciento en muchos países, y las inversiones no han podido dejar sentir sus efectos porque el rápido crecimiento demográfico ha impedido que tengan un impacto significativo sobre la eliminación de pobreza. Las inversiones directas siguen eludiendo al mediterráneo sur que solo logra atraer al 2 % de las IDE europeas en el mundo. De una manera general en el sur parece haber coincidencia en que los procesos euro-mediterráneos no tienen mucha incidencia sobre la condiciones de vida del ciudadano. Desde un punto de vista estrictamente español, sorprende que las iniciativas de sus gobiernos no se hayan visto correspondidas por una influencia en los procesos europeos de diseño de políticas mediterráneas proporcionada al peso específico de España en la UE y a su interés especial por el Mediterráneo. Algunos analistas han considerado que el PB está demasiado “anglosajonizado” una tendencia que la Presidencia británica puede acentuar tanto para el PB como para el futuro de la UE misma. Sorprende también la poca participación relativa de expertos y profesionales españoles17 en los cientos de instituciones bilaterales y multilaterales, redes, que existen con los países del sur y la poca implicación de los grandes institutos españoles en la presentación de ideas y reflexiones comunes entre intelectuales de las dos orillas. Ninguna institución ni fundación española tiene filiales en el sur, lo cual es inexplicable dada la importancia del Magreb al menos en la política exterior española y de los intereses permanentes de España. Ese distanciamiento es aplicable también a los medios de comunicación. Mientras la mayoría de los países, del sur de Europa sobre todo, han establecido relaciones de cooperación entre sus respectivos medios -televisión, radio, prensa escrita- en el caso de España y el Magreb los responsables de este sector se muestran relativamente indiferentes a la necesidad de presentar sus propios relatos y sus propias visiones a la opinión pública del otro. Es un desinterés correspondido que resulta inconcebible en el caso de España y Marruecos, países con tres fronteras comunes, atlántica, mediterránea y terrestre, de las que se deriva una compleja y conflictiva relación, de carácter estructural que la casi ignorancia reciproca perjudica. |