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Argelia-Marruecos ¿Distensión, reconciliación, movimientos tácticos?

Escrito en marzo de 2004

Que algo se mueve en las relaciones entre Argelia y Marruecos parece fuera de toda duda. Que lo que sea concierna a un cambio de actitud real y profundo en Argel y en Rabat para superar el largo pasado de rivalidad que se extiende al terreno inmaterial de las percepciones históricas y nacionales, es menos evidente. Que responda a una presión exterior de países como Estados Unidos, Francia o España, para que solventen de una vez un conflicto tan enquistado, que se desenvuelve entre lo real y lo simbólico, como el del Sahara occidental, parece claro. Sin embargo, lo que no es posible es imaginar un escenario de reconciliación magrebí que no incluya un esbozo de solución a ese contencioso que ya ha cumplido los 30 años de existencia.

Desde 1975 Argelia y Marruecos traspusieron a la pugna del Sahara occidental una rivalidad en parte hegemónica, sobre todo territorial, y en menor medida -aunque no por ello menos importante- política, en un contexto regional que, hasta la caída del muro de Berlín y del comunismo, estuvo polarizado en torno a los dos bloques mundiales entonces hegemónicos.

Con el tiempo la controversia territorial de fondo, la que oponía a Marruecos y Argelia desde la conclusión de los protectorados, por la delimitación de una larga frontera desde Figuig a los confines saharianos de ambos, cedió relevancia frente a un empecinamiento por prevalecer en una confrontación por el Sahara occidental en la que Argelia afirma no tener interés territorial alguno.

El pasado 2 de abril, la Presidencia del gobierno argelino anunciaba su disposición de suprimir el visado para los marroquíes deseosos de visitar Argelia. La medida, que Argel trató de evitar que fuese percibida como reciprocidad a la decisión del rey Mohamed VI anunciada en julio de 2004 de suprimir el visado para los argelinos es doblemente relevante. Por su importancia práctica, porque más de un millón de personas pasaban todos los años por los puestos fronterizos de Zouj Bghral y de Ahfir, por Uxda, entre el Oeste argelino y la región Oriental marroquí para visitar a familiares de un lado u otro de la frontera. Por el alto significado simbólico de la medida en una región (Oriental marroquí y Oeste argelino) de fuertes relaciones familiares, tribales, económicas, e incluso religiosas a través del predominio hoy difuso de la tariqa Qadiriya.

Las fronteras fueron cerradas en 1994 por Argelia después de que Marruecos, a raíz del atentado del 24 de agosto contra el Hotel Atlas Asni de Marrakech, decidiera imponer el visado de entrada a los argelinos. Dos españoles habían resultado muertos en aquel atentado llevado a cabo por argelinos naturalizados franceses, y en el cual la prensa y la opinión pública marroquí creyeron ver una represalia de la Seguridad Militar argelina, que a su vez culpaba a Marruecos de permitir que su territorio fuera utilizado para suministrar armas a los terroristas que durante toda una década tuvieron en jaque a Argelia.

El segundo movimiento sorpresa marroquí, muy interesante, es la creación por el rey Mohamed VI de la Agencia para la Promoción y el Desarrollo de (la región) Oriental” y el nombramiento, a principios de abril pasado, del gobernador de Tetuán, Mohamed el Mbarki, ex ministro de Vivienda del primer gobierno de Abderramán el Yussufi, para dirigirla. La trascendencia simbólica de esa Agencia no ha sido aún suficientemente puesta de relieve, pero no cabe duda que argelinos y marroquíes la pueden percibir como un gesto conciliador y positivo de Marruecos.

La región Oriental marroquí vivió una cierta bonanza económica durante toda la etapa entre 1988 y 1994 en que las fronteras estuvieron abiertas. Dato sugestivo de aquel renacer económico, en 1991 pasaron a Uxda y Nador cerca de dos millones de argelinos. Ese importante intercambio humano tuvo repercusiones importantes sobre el turismo, el comercio, los servicios, los transportes, y todas las actividades relacionadas.

El cierre de las fronteras en 1994 supuso un duro golpe para una región periférica marroquí de “l'Oriental” descuidada por los planes de desarrollo de la administración central. La región Oriental de Marruecos es vecina de la región Oeste argelina, precisamente aquella que Marruecos considera como históricamente marroquí. El mensaje subliminal de la decisión de Rabat, al igual que en el caso del Sahara, tiende a recordar que la cooperación global entre los dos países parece lo apropiado para superar, como en el Sahara occidental, problemas territoriales e históricos mal resueltos.

Algunos medios marroquíes ya han sugerido el importante papel que podrían desempeñar las empresas de construcción argelinas en este proyecto de desarrollo marroquí, de la misma manera que han puesto de relieve el interés que podría tener para Marruecos, en una cooperación regional, la experiencia argelina en industrias pesadas, o la complementariedad económica de los dos países, no del todo evidente pero siempre evocada.

Pero en el Magreb como en el Mediterráneo en general, ninguna evolución importante puede ser bien comprendida separada del contexto internacional en que se produce. Algunos periodistas marroquíes deducen la evolución actual, no sin un cierto sentido de oportunidad política, de la existencia de un triangulo de política exterior marroquí con Estados Unidos, Francia y España en el que, por decirlo con palabras del periodista Fahd Yata, “Rabat busca a la vez la equidistancia y el beneficio de una relación privilegiada con las grandes capitales para la satisfacción de sus propios intereses”.

“Con Madrid”, añade Yata, “son los lazos de proximidad geográfica, de anterioridad histórica, cultural y civilizacional, pero también los intereses económicos, comerciales y humanos, los que explican la importancia de una relación que Marruecos quiere que sea perenne, equilibrada, responsable y digna”; “Con Paris e la lógica y los resultados de una alianza estratégica multiforme que se materializa en los bilateral y en lo multilateral debido a la Unión Europea y a la región euro-mediterránea”; Con Washington, es el Sahara marroquí y su mantenimiento en el conjunto nacional el que condiciona prioritariamente un partenariado con frecuencia criticado, pero sin alternativa en este mundo unipolar”.

Pero es sobre todo la evolución de la percepción de esos mismos países del problema del Sahara occidental la que reconforta en el presente las visiones marroquíes del futuro y su análisis estratégico de las posibilidades de solución. Los tres citados, Estados Unidos, Francia y España, al mismo tiempo que mantienen en el discurso público la necesidad de que cualquier solución a que se llegue sea amparada por la ONU, entienden a la vez que no hay salida posible sin el entendimiento previo entre Argelia y Marruecos y que ese entendimiento se logre en el margen estrecho del mantenimiento del territorio bajo soberanía marroquí, y que ésta se exprese en el marco de una estructura política próxima a la federación o, como se sugiere, autonomía amplia para el Sahara occidental o regionalización de Marruecos con incidencia preferente en el territorio del Sahara occidental.

Algunos de los más destacados analistas franceses de la política exterior española dan por hecho que el gobierno español es favorable a esa opción autonomista o federal que prescindiría de la opción de la independencia y que en el caso del referéndum que lógicamente debería seguir a cualquier acuerdo, solo incluiría la pregunta de si se acepta o no el formar parte de Marruecos como una región autónoma. La prolongación del mandato de la MINURSO a su expiración en abril pasado, por seis meses más, parece entrar en esa nueva lógica de dar todo el tiempo necesario a las partes, ahora Argelia y Marruecos, para encontrar una solución entre ellas.

Marruecos considera, con cierta razón, que ha realizado avances en el terreno diplomático y apunta en ese sentido a la retirada de varios reconocimientos de la RASD fundamentalmente por parte de países africanos. Al punto de que en Rabat se contempla ya la idea de regresar al seno de la Organización para la Unidad Africana (OUA), abandonada en 1984 por el rey Hassán II como consecuencia precisamente de la admisión de la RASD como miembro.

Diez países africanos de los que inicialmente reconocieron a la entidad saharaui le han retirado total o parcialmente desde entonces su placet ((Benin, Burkina Faso, Chad, Congo, Guinea Ecuatorial, Liberia, Madagascar, Malawi, Suazilandia y Togo) y otros dos mantienen hoy una postura confusa a este respecto (Ghana y Sierra Leona). Mientras tanto Guinea Bissau, que le retiró el reconocimiento en 1997, le volvió a permitir abrir una delegación con carácter de embajada en septiembre de 2000. Sudáfrica, que no la reconocía, la reconoció en septiembre de 2004. La relativa conmoción que causó en Marruecos el reconocimiento de la RASD por Sudáfrica se vio compensada en 2005 por el ingreso de Madagascar en el club de países que no reconocen a la entidad saharaui.

Tradicionalmente se ha supuesto que el Ejercito argelino era el principal obstáculo a cualquier solución del conflicto del Sahara que no fuese la del derecho a la descolonización de la ONU y el respeto a las fronteras heredades de la colonización que preside toda la vida y la creación misma de la OUA. Los recientes e importantes cambios de la cúpula militar argelina decididos por el Presidente Abdelazis Buteflika, aunque su lectura principal sea en clave interna argelina, no dejan de favorecer a contrario el acercamiento de Argelia con Marruecos y eventualmente, a medio plazo, una actitud más flexible en relación con el conflicto del Sahara occidental.

Esos movimientos no han dejado de irritar a los dirigentes del Frente Polisario. En concreto, el embajador de la RASD en Argel, Mohamed Yeslam Beissat, declaraba en un acto público en la capital argelina a principios de abril que “La España de Zapatero y la Francia de Chirac comprometen las oportunidades de encontrar una solución pacífica a la cuestión del Sahara occidental. En vez de entregarle carros de combate y radares, esos países deberían salvar a Marruecos de la guerra”, lo cual según el Beissat “si Chirac y Zapatero continúan apoyando la política marroquí y le proporcionan armas, la guerra del Sahara occidental será inevitable”.

“El mensaje que descifra el pueblo saharaui a través de los apoyos francés y español “ decía Beissat, “es que la guerra es la única solución” Para Beissat “El doble lenguaje y la aterradora hipocresía de España y Francia son ahora insoportables. Mucho más por cuanto ambos países militan por los derechos humanos y tienen posiciones claras con respecto a la guerra de Irak y a la cuestión palestina”.

¿Qué ocurre en Argelia y Marruecos que parece llevar a los dos gobiernos hacia una cierta e inesperada convergencia? Los dos necesitan cerrar una etapa interna que en ambos casos ha sido traumática para sus pueblos y, aunque con diferencias en uno y otro caso, costosa en vidas humanas. Marruecos, con la iniciativa puesta en práctica por la Instancia Equidad y Reconciliación (IER), con la aquiescencia del Rey Mohamed VI, parece decidido a superar los llamados “años de plomo” del reinado de Hassán II para concentrarse en el desarrollo económico y humano.

En Argelia el Presidente Abdelazis Buteflika parece haber llegado a la misma conclusión sobre la necesidad de reconciliación nacional, que ya anunció el al inicio de su primer mandato y que ahora parece decidido a imponer con la amnistía general que propone. Los importantes cambios que ha decidido en la cúpula militar argelina están relacionados con ese previsible cambio de política.

Al igual que en Marruecos, sectores importantes de la sociedad argelina se oponen a esa amnistía general, al menos sin saber quienes son los culpables del drama vivido por el país durante la década del terrorismo. En ambos casos -Marruecos y Argelia- la ciudadanía ha expresado una misma disposición “a pasar página, pero no sin antes haberla leído”. Sea cual sea el futuro de ambas iniciativas, en ellas está la única posibilidad de reconciliación ciudadana.

Por otra parte los países del Magreb, principalmente Argelia, Marruecos y Túnez, confían en que el Proceso de Barcelona, logre resurgir en noviembre de este año, décimo aniversario, después de la larga parálisis que le impuso el conflicto palestino israelí. Consideran que ellos han sido los principales perjudicados por esa parálisis, y se inclinan ahora por un proceso de Barcelona a dos o tres velocidades, que vuelva a arrancar apoyado en el núcleo duro de países magrebíes.

En esta perspectiva a la vez internacional, regional y nacional en que los dos países se encuentran inmersos, puede que no sea descabellado pensar que la región se encamina hacia un periodo de estabilidad siempre bienvenida. El terrorismo ha golpeado ya a Argelia y a Marruecos, y a sus vecinos del Norte, sobre todo a España, y el subdesarrollo económico y humano en general en el sur, el paro que alcanza proporciones que asustan, invitan a un entendimiento global que permita a todos cooperar por solucionar un problema que tiene tres variables claves: terrorismo, trabajo, y creación y distribución de riqueza.

Superar el conflicto del Sahara no será fácil porque las soluciones técnicas o económicas no bastan. Saharauis, argelinos y marroquíes, tienen que trascender problemas y desconfianzas que tienen que ver más con su respectiva percepción de la historia reciente que con la realidad objetiva. A la vez Estados Unidos y Francia pueden adoptar posiciones con un mayor distanciamiento del problema que España porque la opinión publica española no solo está mucho más sensibilizada sobre ese problema sino que su sensibilidad está mucho más organizada en el tejido social español que en los otros dos países.

Por esos motivos combinados, la solución del problema del Sahara no puede ser separada de la solución simultánea de la aspiración democrática en el sur, de una transformación real de las relaciones sociales y de producción, y de un acomodo aceptable e internacionalmente garantizado del hecho nacional y cultural saharaui en ese marco regional que se pretende construir y pacificar.

La apertura de las fronteras entre Argelia y Marruecos, la reconciliación entre ambos países y de sus respectiva sociedades con ellas mismas, la inserción de todos en una modernidad que se articula en torno a democracia y prosperidad, puede parecer que por el momento margina relativamente a los saharauis, pero es el comienzo necesario si se quiere avanzar.