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La Clave, 2-8 de agosto 2002

Sahara Occidental. El último pulso de Marruecos

En los últimos seis o siete años la fecha del referéndum de autodeterminación para el Sáhara ha sido fijada y pospuesta varias veces, por supuesto unilateralmente por la ONU que, según la evidencia, no tenía atados todos los cabos para realizarlo. Desde hace un par de años lo que la ONU viene posponiendo de mes en mes o de dos meses en dos no es ya la fecha del referéndum sino el último plazo de vida que se le da a la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) para que obtenga sobre todo de Marruecos algún dato nuevo que permita esperar que algo –diferente a lo que existe- va a ocurrir con respecto a este conflicto. El actual mandato de la MINURSO expira el próximo 30 de junio después de haber sido prorrogado una vez más por dos meses. Para entonces se espera que se produzca alguna novedad sustancial en el conflicto que puede ser la revelación del contenido de la famosa “tercera vía”, presumiblemente entre la independencia o el mantenimiento unido a Marruecos del territorio, que Marruecos propone.

Desde hace 26 años, el Sahara occidental, antigua colonia española, subsiste como conflicto internacional no resuelto. El territorio fue ocupado por Marruecos en 1976 al retirarse las tropas españolas. Previamente había sido dividido entre Marruecos y Mauritania por los Acuerdos Tripartitos de Madrid de noviembre de 1975. Una dura guerra entre Marruecos y el Frente Polisario sobre la que interfirió hasta hoy la rivalidad entre Argelia y el reino marroquí tuvo lugar desde entonces. Desde mucho antes que España abandonara el territorio, la ONU solicitaba que éste fuese descolonizado, como lo habían sido la mayoría de los territorios africanos bajo dominación colonial en los últimos años cincuenta y primeros sesenta, mediante un referéndum acorde con la Resolución 1314 que establece el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Rabat, por el contrario, entiende que ese territorio formaba parte del Marruecos precolonial y que subsistía en 1975 como colonia aparte del reino debido al despiece por las potencias coloniales desu reivindicación territorial global. Para Rabat, a la proclamación de la independencia de Marruecos en 1956 quedaba pendiente de integrar al reino la zona de Tánger (integrada en 1956), la región de Tarfaya (integrada en 1958) y Ifni (integrado en 1969) y Sakiet el Hamra y Rio de Oro aún pendientes de solución.

Hasta más o menos 1987 la guerra del Sáhara drena una buena parte del presupuesto marroquí aunque el Polisario no había podido imponer una solución militar. Por esas fechas y bajo la mediación de la ONU, se comienza a negociar un cese el fuego que permitiera acometer una solución política del conflicto basada en la autodeterminación de los saharauis. Ese cese el fuego no llegaría hasta el 30 de agosto de 1988. Tres años más tarde, en septiembre de 1991 entraba en acción la MINURSO, con un presupuesto de casi 300 millones de dólares anuales y unos 3500 efectivos entre militares para vigilar el cese el fuego, policía y seguridad para controlar el territorio durante el periodo referendario y administrativos. La MINURSO y la ONU fijaban inocentemente en menos de dos años el plazo para llevar a cabo el referéndum y repatriar previamente a los saharauis en los campos de Tinduf para que pudiesen votar. Desde entonces media docena de representantes personales del Secretario General de la ONU han sucedido al primero de ellos, el uruguayo Hector Gross Espiell y otros tantos al primer jefe de la fuerza militar, el canadiense Armand Roy. Mediante las conversaciones directas llevadas a cabo en Houston en 1997 bajo los auspicios del enviado especial del Secretario General de la ONU, James A. Baker III, Marruecos y el Polisario se pusieron de acuerdo sobre los criterios para identificar a los habilitados a votar en el referéndum. Las dificultades volvieron a surgir al solicitar Marruecos la inscripción como votantes de unas 120000 personas pertenecientes a tribus que, según Rabat, habían huido de la colonización española hacia el norte y no se encontraban en el territorio cuando España llevó a cabo el censo de 1974, que hasta hoy sirve de referencia para el referéndum de autodeterminación.

En junio de 1999, un mes antes del fallecimiento del rey Hassán II, la ONU, ante las insuperables dificultades surgidas, tira la toalla. Para entonces había logrado establecer la lista de casi 85000 saharauis con derecho a voto en el referéndum y estatuir sobre 15000 recursos presentados. Pero cuando Marruecos presenta una lista de 79.000 recursos más, la Comisión de Identificación entiende que sería una perdida de dinero y de tiempo investigar un número tan elevado de reclamaciones de personas que no presentaban ninguna prueba documental de su ascendencia saharaui.

En julio de 1999 fallecía el rey Hassán II y desde entonces se han producido cambios en el país vecino. El nuevo rey Mohamed VI y el nuevo entorno de la Jefatura del Estado en Marruecos parecen de talante más moderado. Desapareció de la escena política el ex ministro del Interior Driss Basri, hasta su salida del gobierno arrollador responsable del expediente del Sáhara que llevaba en exclusiva el fallecido rey Hassán II. Según rumores de los primeros tiempos de la llegada al trono de Mohamed VI, alimentados por la creación de una Comisión de Seguimiento del expediente del Sáhara que responde directamente a él, el nuevo monarca estaría dispuesto a encontrar una solución razonable. Hoy se habla de una “tercera vía” sin duda entre la independencia y la unión con Marruecos.

El rey Hassán II ya había dicho que “menos el sello y la bandera”, es decir la soberanía, “todo es negociable”. Es cierto que en Marruecos, que intenta organizar su territorio en regiones al estilo de los “länder” alemanes, según dijera alguna vez el propio Hassán II, se habla de conceder al Sáhara una autonomía al estilo de la concedida a las nacionalidades históricas españolas que incluyen una devolución de poderes a la región superior a la de los länder. Esa tercera vía, sin embargo, sigue siendo un misterio en Rabat. No es misterio, por el contrario, el estado de ánimo generalizado de una ciudadanía que se declara convencida de que no es admisible una solución separada de Marruecos y de una retórica oficial que proclama como lo hiciera el representante de Marruecos ante la ONU, Ahmed Senussi, que la idea del referéndum ya ha sido superada.

En Marruecos se radicalizan a ojos vista las posiciones de radicales que exigen el mantenimiento del Sáhara tal como está y partidarios de una solución que acabe con un conflicto que para muchos es el verdadero escollo en el avance de Marruecos hacia la democracia. Algunas personalidades políticas de gran relieve como el tantos años Secretario General del partido nacionalista Istiqlal, M’Hamed Buceta, dice hoy que es necesaria una reforma de la Constitución para someter a referéndum la proyectada regionalización del país, en la cual entraría la región tal vez especial del Sáhara, mientras que portavoces de otros partidos solicitan la posposición de las legislativas previstas para el año 2002. En Marruecos las posturas más extremas con respecto al Sáhara están en la izquierda y en el nacionalismo. El último en destacarse como radical es el Secretario General de la Confederación Democrática de Trabajadores, el soocialista Nubir el Amaui, que decidió celebrar el último congreso de su organización el El Aiún en medio de una polémica incluso con los saharauis partidarios del “Sáhara marroquí”.

La gran y decisiva incógnita es el Ejército, que por razones explicables no se manifiesta públicamente, pero que se ha convertido, al compás del conflicto del Sáhara, en el más potente de Africa y uno de los más fuertes del mundo. Desaparecido Driss Basri y con él la influencia preponderante del ministerio del Interior que servía de contrapeso a la institución armada, el Ejército recupera la influencia que perdió debido a los atentados que entre sus filas surgieron en el pasado contra el rey Hassán II. Le ayuda en esa recuperación la creencia extendida en el Magreb de que son los ejércitos el baluarte principal contra el avance del integrismo y en el caso concreto de Marruecos, la obsesión por mantener a unas fuerzas armadas fuertes frente a la recurrente enemistad con Argelia que tiene paralizada a la Unión del Magreb Arabe (UMA).

La evolución del conflicto del Sáhara no deja indiferente ni a la Unión Europea ni a España, el país europeo más directamente relacionado con él en tanto que antigua potencia colonial. Ya la cuestión de las relaciones pesqueras de España primero y de la UE después con Marruecos han sido causa de numerosas fricciones. España, que con los Acuerdos Tripartitos de Madrid sobre el Sáhara de 1975 obtuvo sustanciales concesiones para la pesca en el banco sahariano, vivió numerosos conflictos con Marruecos en los años que siguieron a la que luego Exteriores, en discrepancia con la Presidencia del Gobierno, llamaría “cesión de la Administración” para bien distinguirla de cesión de soberanía que estimaba sólo posible mediante la celebración de un referéndum de autodeterminación.

De esa solución no aceptada por el conjunto de la sociedad española derivan las enormes simpatías por el Polisario en España y que Marruecos no comprende. Un periodista marroquí la ha contabilizado así: “250 ciudades y localidades españolas hermanadas con los campos de refugiados; ayudas financieras del gobierno y del pueblo español superior a los 250 millones de dólares; comisiones de apoyo al Polisario en todos los parlamentos y gobiernos autonómicos y todas las municipalidades españolas con la excepción de Canarias; comisión oficial creada por el Parlamento español en España y Europa de apoyo al Polisario; más de 150 asociaciones de apoyo”.

La cuestión del Sáhara también llegó este año al Parlamento Europeo, con motivo del último bloqueo y luego interrupción de las negociaciones pesqueras cuando un diputado preguntó al Comisario Fischler si no era posible, en esa situación, llegar a un acuerdo de pesca con el Polisario. La pesca y sus difíciles negociaciones sirvió también para hacer salir del armario a numerosos fantasmas ocultos. A lo largo de estos años de conflicto los marroquíes han hablado, en sentido contrario a los intereses españoles, del mar jurisdiccional y la Zona Económica Exclusiva de Pesca de España en el banco canario y en el Estrecho, de supuestos frentes de liberación de Canarias, Ceuta, Melilla, de hipotéticas ayudas a ETA, y desde luego y ya más en serio, de su recurrente reivindicación de Ceuta y Melilla. La última vez por boca de su ministro de Asuntos Extranjeros que invitaba a España a negociar con Marruecos siguiendo el esquema utilizado por Gran Bretaña y China para negociar sobre Hong Kong, de “un solo país, dos regímenes”. Cualquier solución será hoy parcialmente injusta. Más de cien mil marroquíes se han instalado en el territorio y han dado lugar a una nueva generación. De la misma manera que la intolerable situación que padecen desde el mismo tiempo los saharauis hacinados en los campos de Tinduf también ha producido una nueva generación de refugiados. Son los que sufren y padecen los que deberían interpelar a los gobiernos y a las organizaciones internacionales para que por encima de los nacionalismos encuentren de una vez soluciones favorables a los seres humanos.