Domingo del Pino
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La Clave, 7-13 septiembre 2001

El futuro en una patera

Hasta hace poco cada vez que entre España y Marruecos surgía un problema se decía que había que “desardinizar” las relaciones entre los dos países. Ahora que no hay acuerdo de pesca y la desardinización es total, apareció el problema de las pateras y la inmigración clandestina, también relacionado con el mar. Consecuente con ello, el rey Mohamed VI pidió en una entrevista al diario Le Figaro de Paris, de una manera elegante ciertamente, que “despatericemos” la diplomacia entre Madrid y Rabat al afirmar que la culpa no es sólo de Marruecos. Con la mayor claridad del mundo señaló que las mafias que comercian con la necesidad de los marroquíes, tan criticadas por el gobierno español incluso en la reciente protesta del titular de Exteriores, Joseph Piqué, también existen en España. Dijo como prueba que las embarcaciones modernas utilizadas, suficientemente rápidas como para burlar a las patrulleras marroquíes por cierto salidas de los astilleros españoles, están también fabricadas en España de donde proceden. Según él, parte de los mafiosos marroquíes operan desde territorio español y es en bancos españoles donde conservan y mueven su dinero. Estas afirmaciones resultan cuando menos sorprendentes y exigen una clarificación por parte de las autoridades competentes españolas. De ser ciertas y puesto que los ministros de Asuntos Exteriores de los dos países se reúnen cada seis meses, sería “naif” suponer que no han intercambiado información al respecto en sus encuentros y se han limitado a degustar el pescado que, a decir verdad y a pesar de la inexistencia de acuerdo de pesca ni escasea ni está más caro el mercado español.

Lo de las culpas es otro asunto. Marruecos permite que su costa Norte y Tánger en particular sea centro de operación de las mafias y de partida de los inmigrantes clandestinos. Aunque buena parte de los mafiosos marroquíes residan en España según el rey, de lo que no cabe duda es que la mayoría de las pateras parten de la costa tangerina. Es un negocio que necesita aglomeración de aspirantes marroquíes y africanos a la emigración clandestina en Tánger y Tetuán, dos ciudades supervigiladas desde que el rey pasa en ellas largas temporadas, transacciones previas entre estos y los transportistas e intermediarios, y movimientos de barcazas, barcas y lanchas Zodiacs. Para un país que hasta prueba de lo contrario sigue siendo un estado policial, donde una simple octavilla política es descubierta, y que hasta el último pesquero que entra tres metros más de lo debido en sus aguas es rápidamente detenido por esas patrulleras que no pueden alcanzar a las Zodiacs, resulta sorprendente que las autoridades marroquíes no puedan impedir un tráfico por el Estrecho que se ha convertido en tan regular como el de los barcos de la Transmediterránea o la COMANAV.

El único aspecto positivo en este asunto es que el embajador marroquí Abdessalam Baraka reconocía esta misma semana que lo esencial no es lanzarse culpas, sino reunirse y cooperar sobre el asunto como si hubiese descubierto el operativo del “huevo de Colón”. Es exactamente lo que proponía España al solicitar a Marruecos una cumbre sobre inmigración clandestina. La prensa marroquí ya habla de esa cumbre para octubre o noviembre, pero la Comisión de Asuntos Exteriores del partido USFP del Primer Ministro Abderramán Yussufi, confirmando la idea extendida de que los socialistas marroquíes se entienden mal con el actual gobierno del PP español, acaban de proponer otra cumbre sobre el mismo tema con el PSOE.