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La Clave, 22-28 febrero de 2002

EEUU-UE: aliados pero no satélites

Para la mayoría de los países árabes y musulmanes, la hora de las condolencias expresadas a Estados Unidos ha dejado paso a la de la espera tensa de la reacción de ese gran país que el pasado 11 de este mes recibió el golpe terrorista que ya está inscrito en la historia como el más terrible y dramático del milenio. Con mayor o menor entusiasmo y con distintos grados de sinceridad, ni un solo país árabe o islámico, amigo, aliado o enfrentado a la nación americana ha dejado de expresar en estos días algún sentimiento de solidaridad con el pueblo y el gobierno americanos, incluido el “Hizbulá” libanés. También el tristemente famoso millonario saudí Osama Ben Laden, a quien el Presidente George Bush ha reclamado vivo o muerto como se reclamaba a los “outlaws” en el Oeste americano según el mismo ha recordado, se ha declarado inocente. Tantas son las autoexculpaciones que si el 11 de septiembre no hubiera sido televisado en directo, habría que creer que la tragedia había sido provocada por una desconocida potencia venida de otra galaxia. La proclamación de inocencia de Ben Laden merece, sin embargo, ser analizada más de cerca. Lo que Ben Laden dijo exactamente es: ”Resido en Afganistán y he prestado la “beia” (juramento de fidelidad) lo cual no me permite emprender tales acciones a partir de Afganistán”.

Así resulta difícil discernir qué países han ayudado a los terroristas si los hubo, o cuales están realmente a favor o en contra de cooperar con la coalición occidental que de nuevo lidera Estados Unidos para una batalla sin cuartel al terrorismo. Otra dificultad añadida es señalar a amigos y enemigos entre otras cosas porque la amistad o la enemistad no depende exclusivamente de los gobiernos sino de cómo los respectivos pueblos pueden reaccionar. Casi todos los gobiernos árabes o islámicos han expresado algún tipo de preocupación ante la posibilidad de que la reacción del gigante herido americano meta en un mismo saco de terrorista a islam y árabe y termine por no distinguir entre una civilización islámica que no está en guerra con Occidente, ni a un Islam como religión que no lleva en sí mismo, como doctrina, más violencia que la de sus propios creyentes, como ocurrió en el pasado con el cristianismo. Lo que resulta curioso y en cierta medida un alivio, es saber que los servicios de inteligencia occidentales, incluidos los americanos, al menos en sus documentos doctrinales, no caen en esa burda amalgama que los países árabes e islámicos temen. La prensa, por supuesto no de una manera general ni mayoritaria pero si lo suficientemente amplia para ser preocupante, si que incurre en ello. Temores similares han expresado las comunidades religiosas musulmanas y los colectivos árabes en Europa y Estados Unidos.

Varios países han expresado su convencimiento de lo importante que será en los días y meses venideros lograr una definición común entre Occidente y el resto del mundo de qué es exactamente terrorismo. Todos aquellos que sostuvieron largas guerras de liberación contra el colonialismo, han recordado que para ellos las guerras de liberación contra la ocupación extranjera o contra los gobiernos tiránicos, no constituyen por sí mismas hechos terroristas. Otros países, como Argelia en concreto, sostienen que Estados Unidos viene ahora a dar la razón a los “erradicadores” civiles y militares, que se creen confirmados en su convicción y parecen dispuestos a defender ahora con más énfasis que nunca su pretensión de que en Argelia no hay más que gobierno militar y terrorismo. La mayoría de los países árabes y musulmanes, incluyendo aquellos de cuya amistad probada a lo largo de los años con Estados Unidos no cabe duda, como Jordania o Marruecos, intentan señalar a Washington, con mayor o menor claridad, que no les parece justo que Israel pueda “practicar un terrorismo de Estado contra los palestinos, retractarse de acuerdos internacionales y compromisos alcanzados”, en medio de lo que consideran “la mayor indiferencia de Occidente”.

Irán por ejemplo, piden a Estados Unidos que comprenda que una presión excesiva sobre las propias culturas y valores puede suscitar tanto rechazo o más que la dominación económica o política y militar. En resumidas cuentas, parecen decir, que si los árabes y los musulmanes no quieren quitarse la sed con Coca-Cola ni el apetito en un Mac Donald, que no se les catalogue por ello de terroristas.

De una manera esquemática, he aquí lo que dicen los países amigos de Estados Unidos o los que no lo son pero le comprenden en esta ocasión:

Consejo de Cooperación del Golfo
Los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo han expresado su solidaridad con Estados Unidos en su dolor. Los tres que mantienen relaciones diplomáticas con el régimen talibán de Afganistán, han prometido revisarlas. La presencia militar norteamericana en suelo Saudí, es el centro de la oposición dentro del propio país y sobre todo de la inmensa mayoría de los grupos integristas árabes. Arabia Saudi, paradójicamente, es como Estado o por parte de ciudadanos saudíes a titulo particular, uno de los principales proveedores de fondos para los grupos integristas del mundo entero

La opinión general la ha expresado el jeque Zayed Ben Sultan al Nahyan de Emiratos Arabes Unidos, al decir que “Debe crearse una fuerte alianza internacional para erradicar al terrorismo y a los que le ayudan o le dan cobijo” pero también para “Condenar los continuos y diarios actos de terrorismo cometidos por las fuerzas israelíes en los territorios palestinos ocupados contra el pueblo palestino. Los pueblos árabes e islámicos no pueden aceptar lo que está ocurriendo en los territorios palestinos ocupados”.

La Liga Árabe
Aunque La Liga Arabe suele ser un organismo controlado por Egipto, su secretario general y ex ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Amro Musa pidió la semana pasada al Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, “no hostigar a las comunidades árabe y musulmana” de Estados Unidos e hizo hincapié en la necesidad de no sacar conclusiones apresuradas que “puedan llevar a resultados de graves consecuencias”. En una charla con periodistas Musa advirtió que la continuación de la política proisraelí de Washington afectará a los intereses de Estados Unidos en la región”.

Egipto, el principal país árabe de Oriente Medio y vital para que Estados Unidos logre apoyo por parte de los árabes, ha ofrecido cooperar pero ha pedido a Washington una actitud más equilibrada en lo que concierne al conflicto árabe-israelí. Un día antes de los atentados terroristas de Estados Unidos la céntrica Plaza At Taharir de El Cairo había sido escenario de una gigantesca manifestación contra Estados Unidos y su política hacia Israel.

Jordania, el país que de más cerca vive el conflicto árabe israelí y en donde más de la mitad de su población es de origen palestino, teme que una excesiva cooperación con Estados Unidos se traduzca en el levantamiento del integrismo jordano, realmente fuerte e influyente. El propio rey Abdula reunió a su consejo de seguridad y un portavoz oficial decía después que los ataques del 11 de septiembre no habrían tenido lugar si el conflicto árabe-israelí hubiese sido resuelto”.

Líbano cuyo gobierno puede ser considerado como amigo de Estados Unidos y Occidente, es el país cuya prensa se muestra más escéptica con respecto a la proyectada coalición internacional contra el terrorismo., El influyente diario L’Orient Le Jour se preguntaba, con cierta ironía, si Washington “ aislará a los terroristas culpables para castigarlos o atacará a todo el conjunto de esa nebulosa que califica de terrorista”. Añadía que es necesario encontrar una definición común sobre lo que es terrorismo y se preguntaba si “la resistencia legítima a una ocupación o a un régimen opresivo es terrorismo” o si se pueden calificar de terroristas a “las organizaciones palestinas que luchan por su causa o al Hizbulá libanés cuya resistencia ha permitido a Líbano recuperar su integridad territorial”.

Siria, otro país clave en Oriente Medio, ha condenado el ataque terrorista contra Norteamerica pero sus diferentes periódicos oficiales han expresado reticencias a una acción concertada con Estados Unidos. El periódico Tishrin oficialista afirmaba que “la lucha contra la ocupación no es terrorismo. Israel quiere aprovechar la situación para que la Intifada sea calificada terrorismo”. El periódico Al Baath, órgano del partido gobernante recordaba las palabras pronunciadas en 1987 por el fallecido presidente Hafez el Assad: “Apoyamos sin la más mínima duda a los movimientos de resistencia popular contra la ocupación en cualquier parte del mundo, y estamos contra el terrorismo dondequiera que se produzca”.

En Iran el Presidente Khatamí y el Parlamento iraní han condenado los ataques y han prometido luchar “contra todas las formas de terrorismo” pero parece dudoso que participe en ninguna alianza occidental liderada por Estados Unidos y lo más probable es que mantenga una distante neutralidad como hizo en la guerra del Golfo de 1991.

Israel, considerado tradicionalmente por los árabes como el portaaviones fijo de Estados Unidos en la zona, ha proclamado que apoyará cualquier operación militar de Estados Unidos aunque parece haber recibido el mensaje del Departamento de Estado norteamericano de mantener un perfil bajo y disminuir la represión de los palestinos para no suscitar más problemas con los países árabes amigos de Washington.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP), el más damnificado por la política de la Administración Bush, no pasará del gesto simbólico de su presidente Yasser Arafat de donar sangre par las víctimas de la tragedia norteamericana. Las visitas del líder palestino a varios países árabes, entre ellos a Siria, demuestran no obstante su preocupación. Su dilema es combinar lo imposible: la actitud histórica antiamericana de su pueblo y el apoyo de Washington que necesita para que las negociaciones de paz vuelvan a reanudarse.

Varios países de Asia Central que constituían el bajo vientre la exUnión Soviética, hoy repúblicas islámicas como Uzbekistán, Tayikistán que salió de una guerra civil instigada por los radicales islámicos y Kirguizistán han sido convertidos en base importante de grupos integristas radicales ayudados por Afganistán. Para combatir a esa oposición interior todos volvieron sus ojos a Rusia y ahora podrían al menos mantener una neutralidad activa en la lucha de Estados Unidos contra el terrorismo. Turkmenistán, dirigido por un dictador, apoyará sin duda cualquier acción militar de Estados Unidos.

En Argelia el presidente Abdelazis Buteflika dijo al término de un consejo de ministros dedicado a los sucesos de Estados Unidos que “no sería justo ni inteligente hacer una amalgama entre barbarie, terrorismo e Islam”. Una declaración oficial del Consejo de Ministros decía así: “En estas penosas circunstancias, reiteramos las condolencias del pueblo y el gobierno argelinos al pueblo y al gobierno norteamericano”. Añadían que Argelia que hace frente desde hace una década al terrorismo “no ha dejado de reclamar una cooperación internacional eficaz a este respecto”.

Marruecos, cuyo rey puede ser considerado sin reservas amigo de Estados Unidos, es uno de los países sin embargo donde su prensa más ha criticado a Estados Unidos. El periódico Liberation, que expresa la opinión de una sector mayoritario de los socialistas marroquíes actualmente en el gobierno, aunque ha atacado “la ligereza con que la prensa (occidental) ha enjuiciado la tragedia de Estados Unidos cree que “Israel es el principal beneficiario de lo que ha ocurrido en Estados Unidos”. El semanario Maroc Hebdo estima que aunque los países árabes y musulmanes hayan condenado ese terrorismo, todos son escépticos con respecto al plan internacional de lucha antiterrorista y temen que se traduzca en un derecho de injerencia en sus asuntos internos. Para Maroc Hebdo, si los jefes de estado árabes se ven obligados a detener a todos sus integristas correrán el riesgo de enfrentarse a una “ola de cólera popular sin precedentes”.