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El Ideal de Granada, 19 de septiembre 2003

Periodismo, militancia, activismo, ¿frontera imprecisa?

Una de las cuestiones yo diría que cruciales, a la que la mayoría de los periodistas nos hemos enfrentado alguna vez en nuestra vida es la de dónde acaba el periodismo y dónde comienza la militancia o el activismo. Para los periodistas que tenemos el periodismo como profesión establecer esa frontera no es un problema mayor. Para quienes van al periodismo con otros fines o con otras expectativas, lo difícil es situarse en el campo en que se mueve y se debe mover un periodista. El caso de Taysir Aloni Kate puede que en el inicio sea el resultado de una confusión que no debió existir entre periodismo y 'misión'. Conocí a Taysir hace ya doce o trece años cuando recién nombrado yo director del Servicio Internacional en Árabe de la Agencia EFE, con sede en Granada comencé primero a localizar y luego a formar a un nutrido grupo de traductores al árabe. Porque no se trataba solamente de traducir, sino de hacerlo además siguiendo y respetando las normas de redacción de las noticias periodísticas. Todo el bagaje y legitimidad periodística de Taysir, por muy bien que lo haya hecho como corresponsal de la cadena qatarí Al Jazira, se limita a ese fugaz aprendizaje estilístico en el Servicio Árabe de EFE. Taysir era, probablemente, el mejor de todos los traductores que empleaba el Servicio. Su trato, su compañía y su conversación, fue siempre agradable aunque quizá un poco reservado. Cuando lo vi por vez primera en las pantallas de Al Jazira y con uno de los 'scoops' (exclusivas) más llamativos del momento, sus entrevistas al buscado Bin Laden, no lo podía creer. Mucho menos podía entender cómo se pasa de traductor a estrella de la pantalla de la noche a la mañana.

El expediente acumulado contra él y otros numerosos ciudadanos de confesión musulmana por el juez Baltasar Garzón resulta apabullante y sobre ello, obviamente, no puedo opinar por desconocimiento. Pero no puedo decir que me haya sorprendido. La única sorpresa ha sido que las autoridades competentes sólo actúen in extremis, cuando nada se puede prevenir ni evitar y después de un hecho tan abominable como los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York.

La gestión de la diferencia racial, cultural y confesional debe ser siempre un asunto de doble dirección. En una ciudad como Granada, quienes piden comprensión y respeto, a veces de manera apremiante, eluden con frecuencia cumplir la contrapartida de ese pacto. En Granada van y vienen predicadores musulmanes, casi siempre financiados por terceros países, con una unilateralidad que no se permiten otras confesiones; se crean y se deshacen organizaciones culturales o religiosas sin el menor conocimiento -porque no lo informan- de los ministerios de tutela Interior y Justicia; el culto ya tiene, como en la mayoría de los países musulmanes, dos escenarios: uno el de las mezquitas reconocidas y legales y otro el de los lugares clandestinos y privados que proliferan; como en los países musulmanes también, la religión musulmana tiene ya dos espacios de expresión, uno oficial, moderado y respetuoso con la Constitución del país anfitrión, y otro semiclandestino y 'choquecivilizacionista'. La 'banca alternativa', esa en que el dinero no transita por instituciones bancarias oficiales ni deja constancia, se extiende cada vez más. Aunque a los granadinos les parezca anecdótico, incluso se acuña moneda en nombre de unos emires locales y sobre todo en violación del monopolio de Estado en esta materia. Taysir Aloni no ocultó nunca su pertenencia a algunas organizaciones islámicas, lo cual es legítimo y le honra, pero parece que tampoco supo distinguir entre esa pertenencia y otras actividades que ahora, a juzgar por el auto del juez Garzón, son susceptibles de infringir el marco de la ley.

Granada en particular y Andalucía en general, por su pasado y su presente, es donde mejor se puede escenificar esa convivencia multiconfesional y multicultural que todos deseamos. Aquí es donde podemos demostrar que el famoso choque de civilizaciones no tiene porqué producirse. En la mano de las organizaciones musulmanas serias y responsables, que son la mayoría, está el poner primero orden en su propia casa y luego respetar el marco de entendimiento que marca la Constitución española y su desarrollo normativo. Ni ellas pueden permitir otra cosa, ni el Estado debe permitir que aquí todo parezca posible.