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El País, 5, 6 y 7 de agosto de 1981

La RASD, un Estado que va más allá del antiguo Sahara español

Seis años después de los acuerdos tripartitos de Madrid

La aceptación de un referéndum de autodeterminación para la población originaria del antiguo Sahara español, anunciada el 25 de junio último por el rey Hassan II en Nairobi (Kenia), al cabo de cinco años de guerra, retrae, al menos teóricamente, el conflicto del Sahara a su punto de partida.

Está suficientemente claro, no obstante, que ninguna de las dos partes directamente interesadas, marroquíes y saharauis, piensan que un referéndum auténticamente libre y honesto pueda tener lugar. Los dos tienen-motivos sobrados para rehuirlo, intentar manipularlo o procurar dejar pasar el tiempo en espera de una solución que nadie vislumbra en el presente.

Desde el punto de vista de los, principios, la cuestión parece haber sido reducida por la Organización para la Unidad Africana (OUA) al mismo planteamiento sugerido primero, exigido después, por la ONU a España desde 1964: que se permita a la población autóctona la independencia si así lo desea.

La realidad presente, sin embargo, es que ni la RASD es el Estado-Gobierno sólo de aquellos refugiados o exiliados que huyeron a la entrada de las tropas marroquíes en 1976, o en los últimos de la dominación española, ni el Sahara que controla Marruecos, el Sahara útil, nada se parece política, económica, humana y sociologicamente hablando al Sahara que España abandonó el 28 de febrero de 1976.

Si el comité ad hoc de la OUA encargado del problema del Sahara Occidental decreta que el futuro del territorio ha de ser decidido exclusivamente por sus habitantes originarios, ¿aceptará el Polisario que al 80% del Gobierno de la RASD y sus líderes, y a más del 50% de la población que hoy constituye la base demográfica de esa RASD, les sea negado el derecho a participar en el referéndum o hacer campaña por la independencia por no ser originarios del territorio incluido dentro de las fronteras -se trata justamente de respetar las fronteras heredadas de la colonización- del antiguo Sahara español?

Marruecos divulgó en Nairobi un documento, hasta ahora no denunciado por ningún polisario, según el cual, nada menos que el secretario general, Mohamed Abdelaziz, y su segundo, Mustafá Sayed; el primer ministro, Mohamed Lamine; los ministros de Asuntos Exteriores, Interior, el vicepritner ministro, el ministro de Justicia, el de Información, Hakim, Larussi, Alí Beiba, Uld Ziu y Uld Saleck, y los ideólogos Baba Miské y Omar Hadrami, son originarios de Argelia, Mauritania o del Marruecos anterior a 1975.

Se trata de reconocerle a pueblos, o tribus en este caso, separadas por trazados coloniales arbitrarios -los erguibat argelinos, erguibat mauritanos, erguibat saharianos, por ejemplo-, el derecho a unirse y trascender aquellas fronteras coloniales que les separan, incluso si momentáneamente no figura ninguna nueva reivindicación territorial. Un punto de vista cercano a la idea del problema de Muamar el Gadafi y que Africa entera, empezando por Argelia, rechaza.

En lo que a población se refiere, es un hecho histórico muy reciente que ya, desde 1974, numerosas familias de erguibat mauritanos, por citar un solo caso, decidieron unirse al Polisario y se trasladaron a Tinduf con sus jaimas y sus ganados.

Si se ha de votar tomando como base el censo de población llevado a cabo por España en 1975, de acuerdo con diferentes informaciones hechas públicas en estos años por Marruecos, los saharauis pro-polisarios con derecho a voto no serían hoy más de 10.000, en representación de una población no superior a las 30.000 personas.

Marruecos favorece una autodeterminación del Sahara puramente formal

Seis años después de los acuerdos tripartitos de Madrid, la estructura política, económica y social del Sahara occidental, que controla Marruecos, ha cambiado tan profundamente que parece imposible que pueda llevarse a cabo ningún referéndum de autodeterminación con las libertades exigidas a España en 1975.

El territorio, para empezar, se ha visto ampliado geográficamente con la anexión por Marruecos del Ued Dahab o Río de Oro. a la retirada unilateral de Mauritania, el 14 de agosto de 1979. Aunque la anexión alteró el espíritu y la letra de los acuerdos tripartitos, ello no impide que esa unificación del territorio pueda considerarse un hecho.

Pero existen otros cambios más importantes, y en primer lugar dos que pudieran calificarse de coyunturales: la presencia en el territorio, de un Ejército evaluado ya en más! de 70.000 hombres, si se incluyen los cuerpos paramilitares; en segundo lugar, el traslado al Sahara de unas 60.000 personas -que se añaden a los 45.000 saharauis que han permanecido en el territorio- traídas de Marruecos para asumir las tareas administrativas, sanitarias, educacionales, policiales, comerciales, exigidas por la presencia de ese Ejército y la sedentarización forzada de todos los saharauis.

Las transformaciones estructurales, de mayor implicación que las anteriores, afectan directamente a los saharauis originarios, y, consisten en la total destrucción de la organización tribal nómada y, en parte también, sedentaria, y la modificación radical del entorno económico de la sociedad autóctona.

A pesar de la extrema pobreza agrícola del territorio -en los años sesenta sólo se cultivaban cuatrocientas hectáreas para una superficie total de cerca de 300.000 kilómetros cuadrados-, el ganado constituye una riqueza relativa importante, con más de 150.000 cabezas entre camellos, cabras y, ovejas. Las gacelas del desierto fueron siempre celebradas por saharauis y legionarios.

La pesca (Villa Cisneros), los fosfatos (Bu-Craa) o la prospección petrolera habían permitido a España crear numerosos puestos de trabajo, y un floreciente comercio caravanero a través de las pistas transaharianas, partiendo del Sahara, había alcanzado en 1975, con Canarias, un valor de 3.000 millones de pesetas.

El desierto vacío

Hoy, gacelas y nómadas han desaparecido totalmente; se importan camellos, cabras y ovejas desde Agadir. Aunque el Gobierno marroquí realiza en las ciudades un esfuerzo de desarrollo económico importante, fuera de Smara, Bu-Craa, Bojador, Villa Cisneros y Aaiún el desierto se ha convertido en desolación, y la única vida son los convoyes militares o las avanzadas defensivas.

A causa de la guerra, la población civil ha sido evacuada de los principales pozos y oasis, como Zag, antiguo centro de confluencia de caravanas; Tichla, Bir Anzaran, Bir Ganduz, Gueltat Zemmur, Farsia, Chdiria, Mahbes, estan hoy desiertos o convertidos en avanzadas militares marroquíes.

Los marroquíes venidos del Norte ocupan los puestos ejecutivos de la Administración, la seguridad Y lo esencial del comercio del país, dada la inexperiencia de los saharauis a este respecto. En realidad, tanto los antiguamente sedentarizados como los que la guerra sedentarizó a la fuerza parecen sumergidos en medio de un ejército omnipresente y una población venida del Norte.

A pesar de que la representación parlamentaria del territorio -hasta La Güera, en poder de Mauritania, tiene su diputado en el Parlamento marroquí desde abril último- la ostentan auténticos saharauis, las exigencias de la confrontación imponen servidumbres y limitaciones a los autóctonos.

Si el referéndum de autodeterminación se llevara a cabo en las condiciones que exigen los polisarios, con retirada total de tropa y Administración marroquí, o por lo menos con el envío de cascos azules y bajo control real de la ONU y la OUA, como se inclina a solicitar el comité ad hoc de la OUA, la fidelidad de los saharauis a Marruecos puede aportar importantes sorpresas.

Un balance poco positivo para España

Ahora que con la aceptación del referéndum para el Sahara por Marruecos se vuelve teóricamente al punto de partida de 1975, procede preguntarse cuáles han sido los beneficios, si se puede pretender que obtener beneficios para el propio país sea el objetivo legítimo de toda política, logrados por España con los acuerdos tripartitos de Madrid, en estos seis años.

Para, saber qué se ha lo grado se necesita, obviamente, conocer qué se quería obtener y qué hubiera sido posible alcanzar con una solución diferente. Lo último sería un ejercicio especulativo inútil. Pero en algún momento de estos seis años los actores de la trama que llevó a la partición del Sahara entre Marruecos y Mauritania han precisado qué pretendían con ello.

Esos objetivos, esquematizados, eran:

  1. Evitar la guerra con Marruecos.
  2. Garantizar los tradicionales derechos hispanos de pesca en el banco sahariano.
  3. Proteger la espalda de Canarias.
  4. Optar por un país ideológicamente afin y no por "un movimiento revolucionario a la argelina".
  5. Facilitar la expansión de la cooperación económica con Marruecos.

Hoy, seis años después, parece claro que la guerra con Marruecos estaba evitada de antemano, aunque sólo fuese por el elemento disuasivo que comporta la superioridad militar de España entonces, y que el general Gómez de Salazar describía así, ante el Congreso, en marzo de 1978: "Podíamos haber destrozado al Ejército marroquí en 48 horas".

La espalda de Canarias no está ni mejor ni peor defendida con el Ejército marroquí enfrente, sobre todo si, se, tiene en cuenta que, tarde o temprano, España y Marruecos discutirán sobre Ceuta y Melílla, pero tampoco parece obvio que el argumento estratégico de principios de siglo de que "la defensa de una costa está siempre en la costa de enfrente", conserve en la actualidad todo su valor.

En cualquier caso, los únicos hechos en favor de la defensa de Canarias, al menos política, en estos seis años, han sido las decisiones unilaterales de Argelia de suspender la hora de radio de Antonio Cubillo y el abandono de la pretensión, directa o indirectamente planteada en el seno de la OUA, de la supuesta necesaria descolonización del archipiélago.

Lo que, sin embargo, no requiere ya ninguna demostración adicional es la calamitosa defensa de los intereses económicos y pesqueros canarios. Pesca aparte, el Sahara ha dejado de ser un área de expansión económica para Canarias.

La esperanza de ver aquel mercado perdido con los acuerdos tripartitos, en junio de 1975 se habían exportado 3.000 millones de pesetas, sustituido por el que representaba potencialmente la presencia de una población adicional en el territorio, militar y civil, de 130.000 personas, se ha desvanecido a medida que Marruecos organizó el tráfico aéreo y marítimo entre el Norte y el Sur, y cuando han sido abiertas de nuevo al tráfico rodado las vías entre Tan Tan y El Aaiun, y El Aaiun y Smara y Bu Craa.

La conflictiva pesca

La cooperación en pesca continuó normalmente hasta la firma del convenio pesquero del 11 de febrero de 1977, que el Parlamento español ratificó un año después con la oposición de los socialistas, y que el Gobierno marroquí, hasta la fecha, ni siquiera ha presentado a la aprobación de su Parlamento.

Desde entonces, y hasta el nuevo acuerdo transitorio un poco más amplio que los anteriores, firmado a principios de este año, justamente al término de la era Suárez, los pescadores españoles han sido víctimas de las violentas reacciones de Marruecos a gestos de la política exterior del anterior Gobierno español considerados hostiles, y a los cuales, para mayor calvario de los pescadores españoles, se sumaría de cuando en cuando el Polisario, secuestrando pescadores o atacando barcos.

El único lado positivo de esta represión en pesca ha sido el justificado por las constantes infracciones de los pesqueros de los términos de los diferentes convenios y la clarificación final de la inexistente "tolerancia y vista gorda" marroquí, supuestamente pactada en los anejos secretos de 1975.

Ha quedado clara también la ineficacia de la distinción, por demás retórica, introducida por la cancillería española, entre cesión de administración y cesión de soberanía, que, al margen de su validez jurídica, sólo tuvo consecuencias perjudiciales para las relaciones entre los dos países y los intereses económicos españoles.

En lo que concierne a las relaciones comerciales, España continúa siendo el segundo proveedor de Marruecos, si se exceptúa a Irak, que ha relegado a España a un tercer puesto formal a causa de sus exportaciones de petróleo. Sólo las exportaciones marroquíes a España aumentaron sustancialmente, aunque no a un nivel que permita equilibrar la balanza comercial.

El volumen de ventas a Marruecos alcanzó, no obstante, en 1980, la cifra récord de 28,597 millones de pesetas, el más alto de este período de seis años, pero sensiblemente igual a los anteriores en valor real.

La firma en Madrid este año de un paquete de acuerdos económicos con Marruecos parece permitir una ampliación de la cooperación bilateral que ha de verse facilitada por el mejoramiento de los mecanismos españoles de ayuda financiera y la lenta, pero real, recuperación económica de Marruecos a partir de 1982 que prevén los especialistas, y que la solución todavía muy aleatoria del conflicto del Sahara podría, sin duda, acelerar.

La llegada de Calvo Sotelo al poder tras la dimisión de Adolfo Suárez, en febrero de este año, ha permitido al rey Hassan II entender que, con Marruecos, en España se ha hecho una especie de "borrón y cuenta nueva".

En el plano humano, las relaciones han mejorado considerablemente, pero esta mejoría todavía no está sustentada por hechos concretos, sino sobre el convencimiento mutuo de una mayor proximidad ideológica de Gobiernos y regímenes.

Resulta, sin embargo, un tanto paradójico que ahora que el Gobierno español comienza a asumir el hecho consumado de los acuerdos tripartitos de Madrid sea Marruecos, al aceptar el referéndum para el Sahara, quien haga retroceder la situación al punto de partida. Se trata, sin embargo, de un retroceso teórico.

La llegada de un Gobierno socialista al poder en Francia tendrá como consecuencia un cierto distanciamiento político entre París y Rabat y, en consecuencia, un mayor acercamiento, ya iniciado, con Estados Unidos y con España, un país que se considera aquí próximo a la esfera de afinidades norteamericanas.