Tribuna El País, 25 de septiembre de 1976
Rodesia acepta las propuestas de Kissinger para un Gobierno de mayoría
Los teletipos transmitieron en la tarde de ayer una noticia urgente: «El primer ministro rodesiano, lan Smith, en nombre del Gobierno blanco rodesiano, accedió al establecimiento de un Gobierno de mayoría negra en el plazo de dos años». El hombre que desde hace once años preside los destinos de Rodesia ha tomado la decisión más trascendental de toda la historia de su país.
Los blancos, que han gobernado de una manera absolutista desde su implantación en tierras africanas, han sido «convencidos» por el secretario de Estado Henry Kissinger, para que abandonen el poder a la mayoría negra. La aceptación del principio del Gobierno de mayoría, después de las independencias masivas de Estados africanos en los años sesenta, y la independencia de las colonias portuguesas en 1975, es uno de los acontecimientos más importantes del continente africano. No ha sido fácil llegar a esta decisión.
Tampoco hubo unanimidad ni en el Gobierno, ni en el partido, ni en el Parlamento rodesiano, sólo presiones exteriores han inclinado la balanza del lado de los tiempos modernos. Ahora queda por delante el dificilísimo camino de aplicar este principio.
Los nacionalistas africanos tienen la palabra
El primer ministro rodesiano, lan Smith, ha pasado el Rubicón. El Gobierno de Rodesia y su partido el Frente Rodesiano, han aceptado las propuestas de Henry Kissinger destinadas a dotar al país de un Gobierno de mayoría en dos años, en el entendimiento de que con ello ha de concluir la actividad guerrillera. A pesar de la importante condición con que se matiza una decisión ratificada por la noche ante las cámaras de televisión por el primer ministro -que cese la lucha guerrillera-, es indudable que el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, ha logrado un importante éxito diplomático.
En Londres, donde informó al Gobierno británico de sus gestiones en el Africa Austral, Kissinger dijo, al conocer la aceptación rodesiana de sus propuestas, que «de ahora en adelante corresponde actuar al Gobierno británico». El primer ministro británico Callaghan no se ha mostrado muy entusiasmado con esta responsabilidad que ha querido dejarle un Kissinger.
EI éxito del secretario de Estado concierne, no obstante, más a la pugna por la influencia en la región en que está empeñado con la URSS, desde la fulgurante intervención soviético-cubana en Angola, que a la posibilidad concreta de solucionar los problemas reales de los pueblos africanos.
La condición que imponen los rodesianos de que cese la lucha de guerrillas puede, a corto y largo plazo, hacer explotar al movimiento nacionalista negro rodesiano. De hecho, las intenciones rodesianas tienden a facilitar el acceso al poder de la burguesía negra africana, representada por Josua Nkomo que, curiosamente y a pesar de su rivalidad en la zona, apoyan soviéticos y norteamericanos.
El inmediato regreso de Nkomo a Salisbury va en este sentido. Ahora bien, hasta qué punto puede el movimiento negro radical, que optó por la vía armada como único medio de acabar con el régimen blanco, aceptar una solución basada en una participación de los conservadores africanos en el poder, solución que a todas luces viene con once años de retraso. Mientras Nkomo se prepara para el poder, Tongogara, jefe de la fracción más radical, que controla el «ejército de liberación de Zimbabwe (ZIPA)», está aún preso en una cárcel de Zambia.
Los que más han sentido este éxito norteamericano han sido indudablemente los soviéticos. El diario oficial Pravda, la agencia Tass, y los funcionarios de Moscú, han criticado severamente en las últimas 24 horas la «misión africana» de Kissinger.
En los 10 años que tuvo de influencia preferente en el Egipto nasseriano, la URSS no logró ni una alteración del conflicto árabe israelí favorable a los árabes, y ni siquiera lograr simpatías para el modelo de socialismo que exportaba. La izquierda radical árabe, fue desmontada en esos mismos años. En los tres últimos años en que la región se inclina hacia Estados Unidos, Kissinger no lo ha hecho mejor que sus antecesores.
A pesar de la aparatosa «shuttle diplomacy» que siguió a la guerra de octubre de 1973, el conflicto árabe-israelí no ha avanzado gran cosa en lo que concierne a su núcleo central, el destino del pueblo palestino. Dos «socialismos», el baasista sirio y el nasserista egipcio, han quedado en el olvido.
Kissinger se ha ido con sus triunfos. Africa queda una vez más para los africanos, blancos y negros. En Rodesia puede tener lugar, además, una confrontación del nacionalismo negro. Las misiones de Kissinger resultan a largo plazo «misiones imposibles».
Desde la independencia de las colonias portuguesas, hace menos de un año, se teme que el frica Austral, vaya a ser el próximo foco de tensión en el mundo. Kissinger ha logrado en Rodesia un éxito; Estados Unidos ha dado un importante paso de avance, no sólo al propiciar la subida al poder de sectores pro-occidentales.
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