El País, 5 de mayo de 1979
Mauritania, decidida a salir de la guerra del Sahara
Sin modificar su régimen político ni sus alianzas
Mal comprendidos por los marroquíes y peor por los argelinos, los mauritanos parecen hoy más decididos que nunca a buscar una solución al conflicto del Sahara que les permita salir de la guerra y atacar los no menos graves problemas económicos.
En Nuakchott no se oculta que la actitud del Gobierno, de reconocer el derecho de los saharauis a la autodeterminación, independientemente de Argelia y Marruecos, tendrá graves repercusiones sobre la posición marroquí. La actitud del Gobierno español durante la reciente visita del primer ministro, Adolfo Suárez, a Argel, de reconocimiento del derecho de los saharahuis a la autodeterminación y práctico placet oficial al Polisario, ha aliviado en parte a las autoridades mauritanas, que creen que las iras de Marruecos se volcarán ahora, sobre todo, contra España. Rabat dispone de dos elementos de presión claves con el contencioso de Ceuta y Melilla y la pesca.
En los medios oficiales se felicitan de que Marruecos haya adoptado hasta ahora una actitud filosófica con respecto a Mauritania, y que se contente con tratar de acrecentar la dependencia económica de este Gobierno de Marruecos y de los Estados árabes y africanos moderados, con la esperanza de poder impedir -a través de ella- que Mauritania llegue demasiado lejos en su búsqueda de la paz.
Se cree ahora haber convencido a marroquíes y argelinos de que Mauritania, a la par que quiere salir de una guerra que ni siquiera considera necesaria, desea hacerlo sin modificar su régimen político ni sus alianzas exteriores básicas. O como dicen aquí, «queremos salir de una guerra, pero no para entrar en otra».
La importante delegación argelina que visitó Nuakchott hace diez días, encabezada por el teniente Salini Saad, ministro de Agricultura y miembro del Buró Político del FLN argelino, y con la participación en ella del jefe de la seguridad militar, teniente Mulay Qassidi, el ministro de Información, Abdeljamid Melidi y el influyente secretario general del Gobierno argelino, Ismail Hanidan, se marchó de la capital mauritana, según fuentes locales, convencida de que cuando Mauritania dice ahora que quiere la paz, no se trata de una maniobra mauritano-marroquí.
Según fuentes mauritanas, los argelinos, que forzaron precipitadamente ese encuentro ante el anuncio de las últimas conversaciones libio-mauritanas de Trípoli, estaban también preocupados por el protagonismo de última hora del coronel Gadafi.
A diferencia de la virulenta reacción de Marruecos, los mauritanos han acogido con alivio el que ellos consideran virtual reconocimiento del Polisario por el Gobierno español, y estiman que las oposiciones de España y Mauritania se han acercado considerablemente.
La actitud mauritana parece estar motivada en parte, también, por el convencimiento de que las tesis marroquíes sobre el conflicto del Sahara quedarán aisladas en la próxima cumbre de la OUA, en Monrovia, y que prácticamente sólo Senegal -con Francia detrás, Zaire y quizá Gabón- puede apoyar a Marruecos.
Los marroquíes, a su vez, confían en que Mauritania no puede llegar muy lejos por sí sola en el camino de la paz, debido a sus graves problemas financieros y a la cuestión de su población negra. Sobre esta última cuestión, aún pesa la amenaza del presidente Senghor, de Senegal, de solicitar la autodeterminación de las poblaciones negras de Mauritania, si Nuakchott se la concede a los saharauis.
Como para darle en parte la razón a Rabat en este aspecto, el coronel Uld Buseif necesita urgentemente encontrar una ayuda de 140 millones de dólares para pagar a su Administración y a su Ejército, que no cobraron el mes pasado y corren el riesgo de no cobrar tampoco este mes.
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