Domingo del Pino
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Afkar Ideas nº 2 Marzo 2004

Libia: bienvenida de nuevo al club

De Estado «gamberro» (“rogue state”, “etat voyou”) a Estado políticamente frecuentable se tarda muy poco tiempo en pasar, sobre todo si se tiene petróleo en abundancia y deudas importantes con los principales vecinos. Tal es el caso de Libia. Unos importantes gestos, han bastado para que Tripoli sea invitada de nuevo a formar parte del club. El 8 de agosto pasado Libia reconocía su culpabilidad en los atentados aéreos contra un avión de la Pan Am (1988), y otro de UTA (1989) y su disposición a indemnizar a los familiares de las víctimas, y como consecuencia a mediados de septiembre la ONU levantaba las sanciones contra el país norteafricano.

Desde entonces, la “jaima” (tienda de campaña) de Gadafi se ha convertido en uno de los lugares más frecuentados de la región. El presidente del gobierno español, José Maria Aznar, fue el primer jefe occidental que visitó Trípoli los días 17 y 18 de septiembre, para firmar dos importantes contratos para sendas empresas españolas (Inabensa y Cobra), reclamar una vieja deuda libia a empresas españolas de unos cincuenta millones de euros y reafirmar el interés de España por las inversiones y producción de Repsol en Libia.

El segundo gesto lo llevaba a cabo Libia el 19 de diciembre, al anunciar su renuncia a su programa nuclear y de fabricación de armas de destrucción masiva. Algunos expertos occidentales han insinuado, después de que se encontraran en almacenes libios cajas sin abrir repletas de componentes, que el programa nuclear de Libia había sido llevado con tanta incompetencia por el régimen libio, que en realidad para Gadafi desmantelarlo era más un alivio que un sacrificio.

Apenas hecho público ese reconocimiento, tanto Libia como los principales países occidentales se movilizaban para rentabilizarlo. Primero viajaba a Londres el ministro de Asunto Exteriores libio, Mohamed Salgham, para visitar Downing Street, donde fue recibido por una alta comisión ministerial y con felicitaciones por la cordura demostrada por Gadafi y la recobrada amistad.

El 11 de febrero le tocaba el turno al jefe del gobierno italiano Silvio Berlusconi de visitar Sidra (Syrte) para pasar revista a las relaciones entre los dos países que tienen expedientes principales abiertos: los daños y perjuicios que Libia reclama a Italia por el periodo de ocupación colonial italiana (1934-1945); la deuda de Libia con empresas italianas de unos 850 millones de euros; y la cuestión de la inmigración ilegal, que tiene en territorio libio otra de las bases importantes de partida. Tan bien debieron de ir las conversaciones que al término de ellas Berlusconi dijo a la prensa que Gadafi le había ofrecido construirle un chalet en la costa libia oferta a la que, según precisó, había respondido que si quería construirse un chalet lo pagaría con su propio dinero.

Pero es, sin embargo, en la relación de Libia con Estados Unidos donde los movimientos de Gadafi cobran todo su significado. Una primera delegación del Congreso norteamericano encabezada por Curt Weldom, había visitado Libia a finales de enero en una visita sin precedentes en los últimos 34 años. La segunda delegación de congresistas, encabezada por el republicano Sherwood Boehlert, visitaba la “jaima” de Gadafi en Sidra medio mes después. El 13 de febrero y tras realizar lo que ya parece un obligado itinerario turístico oficial para personalidades norteamericanas que incluye una visita a la casa de Gadafi en Trípoli bombardeada en 1986 durante la presidencia de Ronald Reagan, los congresistas norteamericanos dijeron que Estados Unidos podría levantar en breve las sanciones que impuso a Libia ese mismo año si ese país persistía en el desmantelamiento de sus programas de armas nucleares y de destrucción masiva (ADM) y cooperaba en la lucha global contra el terrorismo.

Un diplomático norteamericano se encuentra ya sobre el terreno desde la embajada de Bélgica en Trípoli, que es la encargada de los intereses norteamericanos, al mismo tiempo que la Agencia Internacional de la Energia Atómica y el laboratorio nacional de Oak Ridge examinan los documentos y el material remitido desde Libia relacionado con el enriquecimiento de uranio.

Las compañías petroleras norteamericanas, que desean regresar a Libia para intentar recuperar sus antiguas concesiones, presionan para que Estados Unidos levante las sanciones lo más pronto posible. Libia, las tres cuartas partes de cuyo territorio aún no está explorado, posee el tres por ciento de las reservas mundiales estimadas de petróleo. El petróleo libio es de excelente calidad y menos costoso de extraer que el iraquí y su mayor cercanía al mercado europeo y norteamericano que el del Golfo, lo convierte en extraordinariamente atractivo.