4736 txp page_title/>Blog y sitio especializado en política exterior española Domingo del Pino: Túnez: preparando la transición

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Túnez: preparando la transición :: 20/07/1984

Domingo del Pino, Enviado Especial, Túnez. El País 20/07/1984

Siete meses después de los sangrientos sucesos de enero pasado, que costaron la vida a noventa y cuatro personas, según la liga tunecina de los derechos del hombre, Túnez no se ha restablecido aún del tremendo sobresalto que supusieron las revueltas del pan.

Los juicios contra los detenidos a raíz de los disturbios citados, y las fuertes penas impuestas en la mayoría de los casos “más con argumentos políticos que sobre la base de pruebas jurídicas” de acuerdo con la “ Asociación de Mujeres Democráticas”, parecen confirmar el deseo del gobierno de proporcionar un “castigo ejemplar” destinado sobre todo a tranquilizar a la alarmada alta burguesía tunecina.

Tras las condenas de 5 a 30 años de trabajos forzados dictadas contra los 125 jóvenes juzgados la semana pasada, 248 personas acusadas, en total, han sido condenadas a 2.100 años de prisión o trabajo forzado. Diez de ellos fueron condenadas a la pena de muerte, pero el presidente Burguiba conmutó la sentencia contra ocho de ellos por la de prisión a perpetuidad, y otros dos vieron su condena conmutada en casación.

El exministro del Interior Dris Guiga fue condenado a diez años de reclusión, en un juicio en su ausencia, y solo la intervención del Presidente Burguiba, modificando la calificación del delito que se le imputaba, logró salvarle también de una condena a muerte. Ello no obsta para que nuevamente, y hace tan solo cinco días, el Presidente, que recibía a una delegación de la Liga Tunecina de los Derechos del Hombre, repitiera que “si los sucesos de enero se produjeron, es porque el poder político no cumplió su misión y los responsables de la Seguridad – Driss Guiga – no cumplieron con su deber”.

La crisis económica, la más importante desde la independencia en 1956, el auge del integrismo, y las dificultades financieras de un gobierno que no logra establecer su presupuesto, resultan factores de inquietud para el futuro. A ello se une la incertidumbre que plantea la sucesión de Burguiba y la transición democrática que debe seguir después de 36 años de monopolio absoluto del poder por el “Combatiente Supremo” y su partido socialista desturiano.

Hablar de sucesión a los 82 años de Burguiba – para algunos es dos o tres años mayor – resulta inexcusable. Las idas y venidas de los políticos al Palacio presidencial, y el fuerte patronazgo que sobre su entorno ejerce su mujer , Wassila Burguiba, que en las circunstancias presentes se convierte casi en árbitro de la sucesión, demuestran que la carrera por la presidencia está abierta, y al mismo tiempo que Burguiba, a pesar de sus enfermedades y limitaciones, sigue siendo el verdadero poder.

La consecuencia más evidente de las revueltas del pan de enero es que la “sucesión tranquila” que se prometía el Primer Ministro, Mohamed Mzali, ya no es posible. Le han surgido, al amparo de sus errores, por lo menos tres competidores cualificados. Peor aún, sus actuaciones, desde las revueltas del pan hasta el presente, han logrado que los tunecinos se refieran con frecuencia al principio de Peter, según el cual “todo hombre llega en la vida hasta al límite – según los tunecinos – de su incapacidad”. Para muchos de ellos, Mohamed Mzali sobrepasó sus calificaciones intelectuales cuando fue ascendido al puesto de Primer Ministro.

Se le achacan como errores el aumento de golpe y en un ciento por cien del precio del pan, cuando su propio ministro de Economía preconizaba un aumento gradual, y después de dimitir éste al no lograr convencerle, su insistencia en creer que los sucesos de enero fueron un complot contra su persona del Ministro del Interior Driss Guiga y no el resultado de una explosión popular espontánea. Asimismo se le critica su obsesión por dar un escarmiento “tranquilizador” a los revoltosos que buena parte de los tunecinos consideran desproporcionado. La Liga Tunecina de los Derechos del Hombre y la Asociación de Mujeres Democráticas ya han solicitado del presidente Burguiba una amnistía general y la abolición de la pena de muerte en Túnez.

Aparte del propio Mohamed Mzali, que siendo originario de Monastir, la ciudad natal y querida del presidente Burguiba, tenía a los ojos de éste todas las ventajas para sucederle, el actual Ministro de Asuntos Exteriores, Beji Caid Essebsi, un hombre eficaz, inteligente y liberal. Mohamed Sayagh, otrora poderoso responsable del partido único desturiano y creador de una policía paralela partidaria, y Ahmed Mestiri, jefe del movimiento de los demócratas socialistas tunecinos, compiten ya abiertamente por la sucesión.


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