Reportajes varios
Cambio climático: La nueva política energética de Bush inquieta a sus socios europeos :: 01/06/2001
¿Qué va a pasar con el clima?
Domingo del Pino Gutiérrez. La Clave nº 7 de
1 a 7 de Junio de 2001
Borrascas, tempestades, lluvias torrenciales, inundaciones, suelos saturados, cosechas perdidas, frío o calor a destiempo y bruscamente o más intensos que de costumbre, han asolado regiones enteras de España, Francia, Inglaterra, Italia, y otros países.
El cambio del clima pasó así su tarjeta de visita y su factura en este año climatológico que comenzó en septiembre, como siempre, y que esta vez se ha dejado ver por Europa con toda ostentación. En años anteriores había demostrado su existencia a través de excesos como el Niño y la Niña y sus enormes repercusiones climáticas en la zona tropical del Pacífico; el huracán Mitch, el más violento y devastador en el Caribe desde 1780; las hambrunas producto de la sequía en África y otras zonas desérticas y el aumento de enfermedades como la malaria y el dengue, que por cierto no necesitarán visado para extenderse hacia el Norte.
Pero todo esto último quedaba demasiado lejos de Europa. Ahora las ultimas de esas manifestaciones climatológicas extremas son las que acaban de afectar a las ciudades siberianas de Lenz y Yacut en donde más de 200.000 personas tuvieron que ser evacuadas o desplazadas porque sus casas habían quedado inundadas. Una enorme masa de hielo había embalsado de manera natural al río Lenz y provocado su desbordamiento. El gobierno ruso tuvo que emplear aviones de combate Sukhoi-24 para bombardear y romper ese embalse natural.
En medio de estas circunstancias, cuando el mundo entero toma mayor conciencia de la necesidad de realizar un esfuerzo suplementario para combatir el cambio de clima o al menos las causas humanas que lo producen, el presidente norteamericano George Bush Jr. acaba de anunciar un Plan Energético Nacional que estimula a las compañías petroleras a que perforen más incluso en parajes protegidos como el “Refugio Nacional Ártico para la Vida Salvaje” de Alaska, y a una mayor utilización del carbón, el combustible fósil que más CO2 emite al ser quemado, pero del que EU tiene grandes reservas.
La Administración Bush será asimismo más flexible en la aplicación de las normas de protección medioambientales que la Administración Clinton. Gracias a ello muchas fábricas anticuadas, que en la actualidad funcionan a capacidad reducida por no poder cumplir la normativa medioambiental, podrán continuar trabajando durante muchos años aún.
La consecuencia lógica de todo ello, ya anunciada por la responsable de Agencia para la Protección del Medio Ambiente, Christine Todd-Whitman, es que EU se saldrá del Protocolo de Kioto, firmado en 1998 por el Presidente Clinton. EU sostiene que de los 160 países que lo integran, sólo 34, la totalidad de los Europeos más Canadá, EU, Australia, Japón y Nueva Zelanda, se comprometieron a reducir sus emisiones. En consecuencia la nueva Administración norteamericana propondrá un plan alternativo al de Kioto que presentará oficialmente en la tercera sesión de la VI Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático a celebrar en julio en Bonn.
La postura de Estados Unidos, el país que más contamina del mundo, llena de inquietud al resto de países por las enormes consecuencias que sin duda tendrá sobre el clima global y la calidad de vida en general. El Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, ha declarado que la UE debe liderar la política medio ambiental del mundo, mientras que el ministro español, Jaume Matas, aunque ha ratificado la fidelidad de España al Protocolo de Kioto, se inclina por oir las propuestas norteamericanas.
Efecto invernadero, que tanto nos preocupa, se llama al que causan los gases emitidos por la actividad humana que al concentrarse en la atmósfera impiden que el calor de los rayos solares reflejado por la tierra se pierda en el espacio.
Contribuyen pues a que la temperatura de la tierra y el mar, estable durante millones o cientos de miles de años, aumente a un ritmo jamás conocido.
Todo comenzó con la revolución industrial iniciada hace 150 años, pero se ha acelerado en las últimas décadas con el aumento de la demografía y las crecientes y sofisticadas necesidades que el modo de vida exigen. Unas son realmente necesarias, otras inducidas por una publicidad tentacular, pero todas contribuyen indirectamente al cambio del clima.
Los científicos siguen buscando galgos o podencos – la naturaleza o el hombre – para atribuirles la responsabilidad por el cambio climático, pero de lo que no cabe duda es del cambio en sí mismo. También es certeza científica que la temperatura media de la década de los años noventa ha sido la más alta de los últimos 1000 años, siendo el año de 1998 el más caluroso de todos. Desde 1990 hasta hoy ha disminuido en un 10 por ciento la superficie terrestre cubierta de nieve y los lagos y ríos están ahora cubiertos de nieve dos semanas menos que antes de 1990.
Durante el siglo XX han retrocedido los glaciares fuera de las regiones polares y ha disminuido en un 40 por ciento el espesor del hielo ártico. Las precipitaciones han aumentado en un uno por ciento, mientras que el nivel medio del mar ha crecido más de veinte centímetros.
En el caso concreto de España el catedrático de Física de la Universidad de Alcalá de Henares, Antonio Ruiz de Elvira, afirmaba la semana pasada en un seminario en Zamora dedicado al cambio del clima que la alternativa es la energía renovable, más limpia y no contaminante.
Pero las predicciones más optimistas sugieren que para el año 2010 sólo el 12 por ciento de la energía procederá de las llamadas energías alternativas y no contaminantes, por ejemplo la obtenida del oleaje del mar, la solar, la eólica y otras.
Lo que es indudable es que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero implica reducir el uso de combustibles contaminantes como el petróleo y el carbón, entre otros. Anticipándose a que en el marco del Protocolo de Kioto se intente alguna vez disminuir la producción de petróleo, se da ya la circunstancia de que los más asiduos y activos en estas conferencias internacionales son los grandes y riquísimos productores como Arabia Saudí y Kuwait que, créanlo o no, solicitan que la comunidad internacional les pague por el lucro cesante que supondrá reducir la producción.
Atrás quedan aquellas famosas “Navidades Blancas” de nuestros cuentos infantiles, las florecillas en verdes y primaverales campos inspiración de poetas. El trino de alegres pajarillos migratorios ha sido sustituido por los sonidos que emiten las urracas y los mirlos, convertidos en huéspedes permanentes de nuestros escasos jardines. Las famosas castañeras del otoño son ahora visibles en otras épocas del año porque el otoño resulta cada vez más difícil de distinguir.
Las aves se aparean unas semanas antes que de costumbre, el nivel de los Océanos crece y las islas/países del Pacífico que integran el Grupo Oasis, urgen a los países industrializados a tomar medidas para evitar el cambio climático por una razón muy sencilla: el aumento del nivel del mar las puede barrer de la faz de la tierra. No cabe duda de que si Vivaldi hubiese sido contemporáneo no habría compuesto “Las Cuatro Estaciones” por la simple razón de que no hubiera podido distinguirlas.
Si algo está claro además, es que el cambio climático no es ni solidario ni democrático. Sus efectos favorecen temporalmente a los más ricos como Estados Unidos y Canadá, en donde el aumento de las temperaturas se traduce en aumento de la superficie no nevada y por lo tanto agrícola. Por el contrario en continentes como África sus efectos son y serán devastadores. Crecerán los desiertos, lloverá menos, disminuirá la biodiversidad y el calor creará condiciones más propicias aún para la proliferación de los mosquitos. El aumento de los casos de malaria y dengue ya es un hecho.
El cambio climático afecta igualmente a la salud. Según estudios recientes del Centro Nacional de Investigación de Florencia, que pueden extrapolarse a otros países europeos, uno de cada cuatro italianos está afectado por las variaciones meteorológicas. Los síntomas son ansia, depresión, cansancio y dolores de cabeza. Los mayores de cincuenta años y menores de quince son los más propensos a sufrir esos trastornos relacionados con la electricidad presente en la atmósfera.
Pagar por contaminar más de lo que a un país le permite el Protocolo de Kioto es algo que se ha puesto de moda. Como en Kioto se establecieron los niveles de contaminación a que cada país podía llegar y algunos, entre ellos Rusia, no llegan a la cuota que les fue asignada, sencillamente venden a quienes contaminan más, sobre todo a Estados Unidos, sus porcentajes excedentes de derecho a contaminar.
Es a partir de los años noventa cuando se toma conciencia de que se debe actuar internacionalmente para reducir los efectos del cambio climático. La Cumbre de la Tierra de Río, celebrada en junio de1992, inició el proceso de toma de conciencia. Con el estímulo de la Cumbre de Río, en 1992 se creó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC) que entró en vigor en 1994 y tiene como principal objetivo la reducción de las emisiones de gases contaminantes, principalmente CO2, de efecto invernadero.
Prácticamente todos los miembros de la ONU, 160 países incluido Estados Unidos, son firmantes del CMCC. La CMCC ha celebrado ya seis reuniones sin haber logrado el acuerdo buscado, la última de las cuales en noviembre pasado en La Haya.
En julio se volverá a reunir en Bonn con el mismo fin, pero la nueva política norteamericana deja poca esperanza de alcanzar un entendimiento. La séptima CMCC, debía tener lugar en principio en Marrakech (Marruecos) en noviembre, es muy posible que se retrase como también es posible que durante la presidencia española de la Unión Europea, a partir de enero de 2002, no se ratifique el Potocolo de Kioto, cuya entrada vigor se quería hacer coincidir con el décimo aniversario de la Cumbre de Río.
Quizá consciente de ello y en todo caso para elevar el rango de los organismos encargados del cambio climático, el gobierno español creó el pasado abril la Oficina Española del Cambio Climático, dependiente del ministerio de Medio Ambiente.
El llamado Protocolo de Kioto fue firmado en la reunión de diciembre de 1997 y en él los 34 países que inicialmente lo firmaron informaron de sus emisiones de gases en 1990, que fueron tomadas como punto de referencia. Para el año 2002 los 34 deberían haber reducido en 5,6 por ciento sus emisiones, un porcentaje anual de reducción que deberían haber respetado hasta el 2012, tras un período razonable de carencia.
La Unión Europea, que elaboró a este respecto un proyecto de legislación titulado “Control y Prevención Integral de la Contaminación (CPICC)” en 1996, admite que es más fácil cambiar los patrones de producción de unas 20.000 empresas europeas que modificar los hábitos de consumo de cientos de millones de ciudadanos de la Unión. España, Grecia, Alemania, Luxemburgo, Irlanda y Bélgica aparecen en los documentos de la UE relativos al cambio climático como los países mas retrasados en adoptar esa directiva europea.
También va retrasada España en materia de cumplimiento del Protocolo de Kioto sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, como reconocía el pasado 23 de mayo Luis Hilario Alonso, Director de Programas de Planificación Energética del ministerio de Economía, cuando admitía que España ha superado los niveles de emisión de CO2 establecidos para ella en el Protocolo de Kioto.
El citado Protocolo establece un 15 por ciento de emisiones para España en 1990, pero éstas se elevan, según Hilario Alonso en la actualidad al 22 por ciento, una cifra que las organizaciones ecologistas estiman muy superior.
Respecto al problema del cambio climático parece haberse sensibilizado el Parlamento español muy en especial después del anuncio de la nueva política energética de la Administración Bush y de su decisión de salirse del Protocolo de Kioto. El pasado 23 de mayo la Cámara invitaba al Presidente del Gobierno español a rechazar cualquier propuesta alternativa norteamericana que devalúe lo establecido en Kioto, mientras algunos grupos parlamentarios españoles y europeos proponían que la Unión Europea no autorice en la Europa de los Quince la construcción de centrales térmicas participadas por capital norteamericano.
Si bien el gobierno español a través de su ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, ha expresado que España aboga porque el Protocolo de Kioto permanezca tal cual fue aprobado, el portavoz de exteriores del PP en la Cámara, José María Robles Fraga, entendía que es difícil hablar de sanciones en relación con un Protocolo que aún no ha sido ratificado.
En la Edad Media reyes y Papas eran capaces de planear la construcción de palacios o catedrales cuyos trabajos durarían cien o doscientos años. Pero en el presente pocos gobiernos está dispuestos o pueden proyectar una acción que trascienda su propio mandato legislativo, o el próximo si espera ganar las elecciones. Los proyectos para combatir el cambio climático son, sin embargo de largo alcance y si tienen que incidir sobre el nivel de vida de los ciudadanos limitándolo, existen muy pocas posibilidades de que sean impuestos por su escasa y más bien adversa rentabilidad política.
Los ciudadanos, o la mayoría de los ciudadanos, a su vez, como reconoce implícitamente la citada directiva europea CPIC, son más reacios aún que las empresas a cambiar sus hábitos de consumo y a aceptar modificaciones en su modo de vida. Así es que si la sociedad civil no toma conciencia del problema que ya nos afecta a todos, las condiciones de vida sobre la tierra que dejaríamos a las generaciones posteriores podrían verse tan negativamente afectadas incluso para los países ricos, como ya lo están hoy para los pobres.
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