Artículos sobre el Magreb (Mauritania y Libia incluidos)
Los cien días de Mohamed VI :: 29/11/1999
El nuevo rey de Marruecos ha emprendido varias medidas democratizadoras y de reconciliación nacional
Domingo del Pino. Revista Española de Defensa. Diciembre de 1999
EL rey de Marruecos, Mohamed VI, se tiene bien ganado el interés general que despiertan sus hechos y gestos en sus cien primeros días de reinado. La destitución del ministro del Interior, Dris Basri, a principios de noviembre, fue sin duda la decisión más importante de este período de tiempo, pero no la única.
Algunas sus actuaciones tuvieron carácter histórico, como su reconciliación con el mundo bereber, o un gran calado social, como su voluntad de promover la plena integración de la mujer en la vida política y económica del país.
Otras, como su renuncia a parte de la docena de palacios repartidos por todo el país que, con el consiguiente lastre para los presupuestos del Estado, mantenía su padre, el rey Hassán II, tienen un alto valor simbólico. Buena parte de sus propósitos, como la solemne proclamación ante el Parlamento de que durante su reinado regirá otro concepto de autoridad diferente al que rigió en Marruecos hasta ahora, tuvieron efectos inmediatos.
En virtud de ese nuevo concepto de la autoridad se solucionaron la mayor parte de los «flecos» pendientes, especialmente espinosos en materia de derechos humanos, como los casos de la familia del general Ufkir y la de Mehdi Ben Barka, asesinado en los años sesenta, del opositor Abraham Serfaty, del jefe integrista Abdesalam Yacin, a quien se le ha levantado el régimen de residencia vigilada en que se le mantenía desde hacía diez años, así como el cierre de los últimos centros clandestinos de detención irregular.
Saludados con verdadero entusiasmo por todo el país, esos gestos se vieron completados por la creación, a iniciativa del rey, de una comisión encargada de recoger las dolencias de todas aquellas familias con algunos de sus miembros «desaparecidos», debido a la represión, o de todas las personas que fueron objeto de detención ilegal, con objeto de indemnizarlas. La medida no tiene precedentes en la historia de la dinastía alauí.
Respaldo.
La población, los partidos políticos e, incluso, el Gobierno, en parte espectadores de los gestos y actos del monarca, le han aplaudido hasta ahora, porque sus decisiones concuerdan con los deseos de la mayoría de vivir en un Estado de derecho. Algunos comienzan a criticar moderadamente el personalismo de Mohamed VI, pero casi todos coinciden en que para destituir a Dris Basri del Ministerio del Interior era necesario que la monarquía colocase todo su peso en el empeño.
El hecho es que las decisiones de Mohamed VI, que han sido acogidas con gran satisfacción por la población, y que son seguidas con interés por los países amigos, están resultando poco conformistas. Parece como si la alternancia, al menos de costumbres y métodos, se hubiese instalado también en la Casa Real. ¿Por qué en cien días? Porque es un axioma en política que lo que no se hace o se inicia en los primeros cien días después no se lleva a cabo casi nunca.
Si las reformas iniciadas por Mohamed VI tienen continuidad habrán cambiado a Marruecos en los próximos años. En la euforia que despiertan esas primeras medidas y políticas resulta aún difícil saber cuáles son o serán los límites, aunque pueden adivinarse en las dificultades económicas del país, en los contenciosos externos pendientes, principalmente, el de las relaciones con Argelia, siempre difíciles de gestionar, y en el del Sahara.
Asimismo, la modernización del país también tendrá que tener en cuenta el conservadurismo de una buena parte de la sociedad, la inercia política y la controversia interna, que comienza a aflorar, por la limitación de las prerrogativas constitucionalesde la monarquía.
El primer discurso del trono de Mohamed VI, pronunciado el 30 de julio, tan sólo siete días después del fallecimiento de su padre, marcó las grandes líneas de lo que luego ocurriría. En resumen, el rey prometía una monarquía constitucional, un pluralismo en el que cupiesen todas las sensibilidades, el respeto de los derechos humanos y garantías para la dignidad de los ciu dadanos, una regionalización del país respetuosa de todos los particularismos y el liberalismo económico como base del progreso.
Mohamed VI proclamaba asimismo que todos los maclamaba asimismo que todos los marroquíes, cualesquiera que fuesen sus opiniones políticas, su nivel de vida o sus orígenes regionales o tribales, son iguales ante el rey, tal como especifica la última modificación de la Constitución consensuada con las fuerzas políticas del país en 1996. Nada nuevo si nos atenemos a las palabras, pero abolutamente novedoso a juzgar por los hechos posteriores.
Dos temas mantenidos hasta entonces en la ambigüedad a pesar de esa Constitución, el mundo bereber y la mujer, han sido abordados directamente por Mohamed VI. En el primero de los casos, y durante su viaje al Norte del país el pasado mes de octubre, Mohamed VI visitó la localidad de Ajdir, en las estribaciones del Rif, ciudad na tal del famoso caudillo Abdelkrim, quien en la primera mitad de este siglo desafió tanto a las potencias coloniales como a la propia monarquía creando una República del Rif.
La reconciliación con los bereberes tuvo su consagración simbólica en el abrazo entre Mohamed VI y Said Ben Abdelkrim, hijo del fallecido líder rifeño, y en la decisión de que los restos de aquel je fe, que descansan en Egipto, donde él y su familia vivieron exiliados, sean repatriados a Ajdir.
Mujeres.
En cuanto al segundo asunto, el de la mujer, quizá el de mayor calado en Marruecos y en cualquier país musulmán, Mohamed VI se ha proclamado comprometido con la promoción y plena incorporación de la mujer a la vida social, política y económica del país.
Se trata de una decisión destinada a suscitar mucha controversia, algo que ha comenzado a traslucirse en la prensa, y que cuenta con el apoyo de todos los sectores modernos de la sociedad, pero contra la cual velan ya armas principalmente los integristas y el conservadurismo general de la sociedad a este respecto.
A iniciativa de los integristas ha surgido en las últimas semanas una Asociación para la Defensa de la Familia que, grosso modo, aboga por la limitación de la mujer a su función reproductora y que como máximo admite sus incursiones en la vida política y económica bajo la tutela del esposo.
En contraste con esta actitud, la Asociación de Mujeres Democráticas (AMD) ha solicitado la abolición de la Mudauana o Código de Familia, que, inspirado en una interpretación conservadora de los preceptos coránicos, permite mantener a la mujer, en algunos derechos fundamentales, en una situación civil inferior a la del hombre.
La AMD exige que se ponga fin a la poligamia, reclama la custodia de los hijos para la madre, el fin de la tutela masculina sobre la mujer y la abolición de otras leyes y costumbres que consideran inconcebibles en democracia, como la discriminación de la mujer en la ley en lo que concierne a las transmisiones patrimoniales y la herencia, el matrimonio, etc.
Remodelación.
Una de las notas de prensa más frecuentes en estos días en Marruecos es que «X ha sido destituido y sustituido por Y». En algunos casos se añade benévolamente que X será nombrado para desempeñar otras funciones ulteriormente.
Los cambios han alcanzado a todo el ejército de agentes de seguridad, asesores y protocolo de Hassán II, a quienes Mohamed VI ha enviado a sus casas, a más de la mitad de los gobernadores del país, que dependían directamente del ministro Interior destituido, a altos cargos del Ministerio del Interior, a unos 50 embajadores y directores del Ministerio de Asuntos Extranjeros, a los presidentes de algunas de las instituciones económicas públicas más emblemáticas, como el Omnium Nord-Africain y el Office Cherifien de Phosphates, y aún continúan en lo que parece una auténtica renovación generacional de la Administración.
En el Ministerio del Interior, donde era habitual que los altos cargos se eternizaran, se aprovecha la edad de jubilación, que en Marruecos son los 60 años, para enviar a sus casas a todos aquéllos que se desea cambiar.
En cualquier caso, un nuevo ministro, pero sobre todo el nombramiento de un amigo del rey para el cargo de nueva creación de secretario general del Ministerio, a quien muchos consideran ya el auténtico ministro en la sombra, deberían permitir a Mohamed VI hacerse con el control de Interior para modular sus actuaciones a la política trazada por el rey.
Mohamed VI ha aligerado considerablemente el pesado protocolo real, y comienza a imponer una puntualidad y una dedicación a los asuntos a la que está poco habituada la pesada maquinaria administrativa de Marruecos. Entre las múltiples innovaciones relacionadas con la institución monárquica, Mohamed VI ha creado el cargo de portavoz de la monarquía, para cuyo desempeño escogió a Hassan Aurid, un amigo y compañero suyo del Colegio Real de Rabat, de 37 años de edad, licenciado en Ciencias Políticas, di plomático y periodista ocasional, e incluso autor de una novela.
En el entorno más inmediato del nuevo rey se encuentran hombres casi todos nacidos en los años sesenta, es decir cuatro a cinco décadas después que la mayoría de los políticos que aún ocupan el proscenio de la vida política marroquí.
Comunicación.
Otro de los cambios importantes es el ocurrido en el sector de los medios de comunicación del estado, que en Marruecos son predominantes. Cuando entró en funciones hace veinte meses el gobierno de Abderramán el Yusufi, a pesar de la existencia de un ministro de la Comunicación, los medios públicos, sobre todo la Radio Televisión Marroquí (RTM) y la agencia estatal de noticias MAP quedaron fuera de las competencias políticas del del Gobierno, como otros muchos sectores, en beneficio del ministro del Interior, que con su Departamento siempre ejerció sobre ellos una activa tutela.
La destitución de Dris Basri ha hecho posible que el ministro de la Comunicación, que hasta entonces se quejaba de ser un cargo prácticamente sin funciones, el liberal y demócrata Larbi Messari, proclame inmediatamente su plan de reformas para este importante sector, entre ellas, la modernización del actual marco legal en que se desenvuelve esta actividad y que data de 1958.
Para las dos instituciones públicas más importantes del sector, la Radio Televisión Marroquí (RTM) y la agencia de noticias MAP, el rey Mohamed VI ha nombrado directamente a Faysal Laaraichi y Yassin Mansur, respectivamente. Algunos medios han mostrado una cierta insatisfacción porque al menos al frente del sector audiovisual y por encima del nuevo director de la RTM sigue aún el gobernador «en misión» del Ministerio del Interior, Mohamed Tricha.
El diario L’Opinion, órgano en francés del partido Istiglal, del que procede el ministro de la Comunicación, Larbi Messari, afirmaba después de conocidos los nombramientos que esos cambios «son un alivio. La televisión nos ha hecho mucho daño, sobre todo antes de la irrupción de las parabólicas y los satélites», pero señalaba que «un cambio de hombres no significa siempre cambio de sistemas» y abogaba por la aplicación del plan de reformas elaborado por el ministro Messari, quien finalmente pudo anunciarlo dos días más tarde.
El periódico socialista Al Ittihad al Ichtiraki, del que sigue siendo nominalmente director el primer ministro, Abderramán el Yusufi, era más directo aún y escribía: «Sabemos que estamos en una fase de transición que requiere prudencia, pero ¿es que en 40 años de existencia la MAP no ha producido a nadie capaz de dirigirla y ha sido necesario de nuevo encontrar a un director entre los cuadros del Ministerio del Interior?», en alusión a la procedencia delnuevo director de la agencia nacional nombrado por Mohamed VI.
Era una opinión compartida por otro diario independiente, próximo a la empresa marroquí, La Vie Economique, para el cual «los nuevos nombramientos suscitan tanto entusiasmo como interrogantes».
Tan significativo como el carácter positivo de las medidas tomadas por el rey Mohamed VI es la circunstancia de que todas ellas han sido iniciativas exclusivamente suyas y que todas fueron decididas y aplicadas directamente por él.
Esto lo señalaba a su manera el periódico ex comunista Al Bayan al decir que «todos los que tenían antes sus ojos y sus esperanzas puestas en el gobierno del señor Yusufi ahora los tienen en el rey».
¿Qué es lo que lo hace posible? El propio primer ministro Abderramán el Yusufi, que preside la actual coalición de Gobierno, había explicado en numerosas ocasiones que su nombramiento hace veinte meses al frente de un gabinete llamado «de alternancia» fue el resultado de un pacto con Hassán II en virtud del cual numerosas e importantes esferas del poder, que en circunstancias normales corresponden a gobiernos democráticamente elegidos, quedaban fuera de su competencia.
Entre ellas, Defensa, Relaciones Exteriores e Interior, con los numerosos ámbitos añadidos de influencia que quedaban bajo el control de Dris Basri, como la política informativa y los medios públicos de comunicación, el conflicto exterior más importante de Marruecos, el del Sahara, y, como consecuencia de éste, las siempre dificiles relaciones con Argelia, y la política «autonómica» o de regiones y los poderes locales.
Como resultado de aquel pacto, la coalición de Gobierno dominada por la Kutla, que integran los partidos socialista USFP, nacionalista Istiqlal, ex comunista PPS y marxista OADP, quedaba a cargo de la economía, de la Administración y del complejo expediente de los derechos humanos, sectores en los que a pesar de las limitaciones entendían que podían contribuir a mejorar las condiciones económicas y políticas de los marroquíes.
Dris Basri, gobierno en la sombra
En los últimos veinte meses, de menor actividad por razones físicas y de edad del rey Hassán II, Dris Basri se había convertido, a sus 57 años, en el jefe de una especie de segundo gobierno, el de las cuestiones importantes y transcendentales para el país, liberado del día a día de la gestión. A pesar del pacto de Yusufi con el rey Hassán II, los solapamientos de competencias dieron lugar a importantes fricciones entre el Gobierno y el ministro del Interior.
La que más divulgación tuvo, por concernir a los medios de comunicación, fue la que enfrentó al ministro de Comunicación con el de Interior. Hasta la destitución de Basri, el gobierno Yusufi sólo había podido actuar en ese importante sector por la vía de la financiación, que sí es competencia de su Gobierno.
Primero exigió a través de la prensa afín la publicación de las audito rías llevadas a cabo en 1996 por el Tribunal de Cuentas en el Ministerio del Interior y luego auditó a la agencia de noticias MAP y retuvo el dinero que ésta pedía para su modernización al haber encontrado, según publicaba la prensa marroquí en los últimos días, importan tes irregularidades contables.
En lo que al Ministerio del Interior concierne, la prensa próxima a la coalición de Gobierno había revelado que, como consecuencia de las auditorías llevadas a cabo en 1996, 108 personas habían sido interpeladas por uso poco ortodoxo de los fondos que les estaban confiados.
Destitución del ministro del Interior
Dris Basri fue la cabeza y la estructura a través de la cual proyectó su poder durante los últimos veinte años el rey Hassán II, fallecido el pasado 23 de julio. Lo que más ha llama do la atención en la destitución del ministro del Interior no son las auditorías en los sectores a su cargo, sino la forma en que el traspaso de poderes tuvo lugar.
Según ha contado la prensa marroquí, la decisión de sustituir a Dris Basri la había tomado el rey, que siendo príncipe ya tuvo malas relaciones con el ministro del Interior. Lo que le hizo acometerla de manera fulminante fue un incendio, cuyo carácter fortuito la prensa puso en duda, ocurrido en la sede central en Temara (Rabat) de los archivos de la Dirección de la Seguridad del Territorio ( DST), el contraespionaje marroquí, ocurrido en la noche del 5 de noviembre.
Según algunos medios de comunicación marroquíes, importantes documentos que ilustraban sobre la forma en que el Ministerio del Interior ejerció el poder en toda la etapa en que lo dirigió el ministro Dris Basri fueron pasto de las llamas. Así es que, desde el momento en que Mohamed VI decidió destituir al ministro, fuerzas especiales controlaron el Ministerio del Interior, abriendo y cerrando los despachos cuando llegaban o se marchaban los funcionarios y registrando los automóviles de todos los altos cargos para evitar que desaparecieran más documentos.
A finales de noviembre, algunos periódicos, como Al Ahdath al Magribia, creían saber que las autoridades de fronteras habían recibido orden de Palacio de prohibir hasta nueva orden la salida del país tanto del ministro del Interior como de otros 30 ó 40 altos cargos del Ministerio.
El hermano de Dris Basri desmintió la noticia en lo que a éste concierne, dijo que Dris tenía la moral muy alta, que iba a residir entre Settat, su ciudad natal, Ben Sliman y Rabat, y que «jugaría todos los días al golf». Otro de los motivos menos plausibles que la prensa ha señalado como motivo de la destitución de Basri es su irrupción con fuerza, en los últimos años, en el mundo de los negocios. Una de las personas que los periódicos indicaron que se encontraba en las supuestas listas de personalidades cuya salida del país se prohibía era Hicham Basri, hijo del ministro y a su vez importante empresario.
La publicación de esas supuestas listas causó una cierta alarma, ante lo cual, como hecho también absolutamente novedoso de la era Mohamed VI, se investigó el origen de la información y se supo que procedía de dos altos funcionarios de la DST del aeropuerto de Casablanca, que fueron fulminantemente destituidos.
Diferencias con Mohamed VI en cuanto al Sahara.
Otra de las razones que se aduce para la rápida destitución de Basri es una supuesta diferencia de métodos y objetivos con el nuevo monarca en cuanto al conflicto del Sahara, cuyo expediente, al igual que el de las relaciones con Argelia, monopolizaba el ministro. A los pocos días de entrar en funciones, el nuevo rey decidió crear una Comisión Real de seguimiento del problema y nombró directamente al representante de Marruecos ante la MINURSO, la estructura de la ONU encargada de preparar el referéndum de autodeterminación, lo cual restaba considerablemente capacidad de decisión al ministro Basri.
Los incidentes que tuvieron lugar en el Sahara occidental en el mes de septiembre, iniciados por graduados universitarios en paro, duramente reprimidos por orden del ministro del Interior, dieron lugar a que Mohamed VI enmendase la plana a su ministro y le ordenase que fuese a El Aaiún, con una comisión de ministros, para escuchar las dolencias de los saharauis y solucionarlas.
Al mismo tiempo, y por orden del rey, los jefes policiales que dirigieron la represión fueron destituidos. La actuación de la policía frente a los manifestantes saharauis abría una brecha en la confianza que muestran los marroquíes de que el referéndum en el Sahara, ahora pospuesto hasta el año 2000, sólo puede ser «confirmativo».
Otra de las decisiones positivas adoptadas por el rey Mohamed VI a este respecto ha sido que el Consejo Consultivo Saharaui, creado hace años por su padre e integrado por notables saharauis elegidos a dedo en elecciones que los mismos marroquíes reconocen manipuladas por el Ministerio del Interior, fuese seleccionado en elección absolutamente transparente y libre, para que reflejase de verdad la auténtica representatividad de los saharauis en aquel territorio.
Los partidos de la actual coalición de gobierno piden ahora la reforma de la ley electoral para que las próximas legislativas sean transparentes y justas. Los partidos de la oposición al actual Gobierno sostienen, por el contrario, a través de sus medios de prensa, que lo que no es legítimo es el actual Ejecutivo, consecuencia, según ella,de la intervención del Ministerio del Interior para favorecer la elección de los candidatos de la Kutla en las pasadas legislativas siguiendo instrucciones del rey Hassán II.
Estructura tentacular
Un dato no obstante inquietante respecto a la destitución de Basri es lo que señalaba en una de sus últimas ediciones el diario Al Ahdath al Magribia, que sostenía que el ministro y el aparato del Ministerio del Interior han estado demasiados años en el poder y en el control de la sociedad marroquí y han creado unas estructuras demasiado sólidas y profundas como para que puedan ser erradicadas de una manera aparentemente tan fácil.
El semanario político Maroc-Hebdo señalaba, por el contrario, que, «a fin de cuentas, Basri sólo había servido al Estado y a la institución monárquica y ahora lo han convertido en fusible en beneficio de todos».
Un sector de la prensa francesa,buen conocedor de Marruecos, ha mostrado un cierto escepticismo en relación con los cambios ocurridos y ha señalado en estos días que si bien la destitución de Basri es un gran paso de avance para la democracia en Marruecos, el hecho de que sea un hombre de la casa quien le sustituye y que el rey haya nombrado como secretario de Estado a uno de sus compañeros y amigos de juventud sugiere su intención de mantener este importante sector del poder bajo la tutela directa de la monarquía.
Esa es la cuestión de fondo que comienza a aflorar en algunas controversias ya públicas entre sectores marroquíes. En efecto, una docena de artículos de la Constitución confiere al rey tales
poderes que hace unos días Mulay Ahmed Alaui, un familiar de la monarquía, propietario de la cadena de periódicos Le Matin y editorialista desde hace un cuarto de siglo, recorda ba que el régimen marroquí es una «monarquía constitucional y presidencialista». El propio difunto Hassán II había sostenido en vida que «el pueblo marroquí no entendería que el rey reinase pero no gobernase».
El ejemplo de la monarquía española, que el propio Mohamed VI parece haber dicho que desea seguir, no deja sin embargo indiferentes a los marroquíes. Mientras algunos, corriendo el riesgo de verse acusados por una cierta prensa de exponer ideas sediciosas, como el socialista Mohamed Sassi, afirman, todavía con timidez, que desean para Marruecos una monarquía parlamentaria y moderna y sugieren la reforma de los amplios poderes que la Constitución otorga al soberano.
Otros, como el dirigente istiqlalí Jalid Jamai, señala que «no queremos una institución monárquica a la española. Tenemos nuestro propio modelo, que tenemos que desarrollar según nuestras especificidades».
Rissalat al Umma, órgano del partido Unión Constitucional, hoy en la oposición, comentaba hace poco las declaraciones de Sassi y decía que «un miembro de la banda de los cuatro (en alusión a los cuatro partidos que integran la Kutla que gobierna) pide que sea reformada la Constitución para despojar a la institución real de sus competencias constitucionales según ciertos modelos occidentales», y añadía que «en Marruecos los Consejos de Ministros los preside el rey en presencia de los príncipes y sus consejeros».
La cuestión, que es de fondo según estiman algunos políticos marroquíes, tiende a plantearse abiertamente. La prensa de los partidos ya la ha esbozado. Mohamed VI, que en los momentos que siguieron al fallecimiento de su padre dijo que su reinado se parecerá más al de Don Juan Carlos, parecía entonces receptivo a esas demandas.
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