52c8 txp page_title/> Domingo del Pino: Reportajes sobre Chipre 1973

Reportajes varios



Reportajes sobre Chipre 1973 :: 21/06/1973

Presidente Makarios, ¿Richelieu mediterráneo o Príncipe florentino?

Domingo del Pino, Enviado Especial de Prensa Latina

Con el genio y la figura de un príncipe del Renacimiento florentino
El arzobispo Makarios dirige desde hace 23 años los destinos de la Iglesia y la nación chipriota. En esta república de monasterios y fábricas, popes y seglares aplauden con igual entusiasmo a un hombre que además de la jerarquía magnífica y digna que le confiere el Arzobispado de Chipre, puede equipararse a los modernos conductores de masas.

Con el viejo estilo de gestos solemnes y palabras mesuradas de los reyes, con el señorío y la elegancia del representante de una de las iglesias más antiguas del mundo, Su Beatitud el Arzobispo Makarios mueve hoy un pueblo combatiente y expresivo. Lo terrenal y lo religioso forman un todo en la personalidad de este hombre de Estado y de Iglesia: se complementan, pero no se sustituyen. Tiene intuición política y habilidad para los asuntos cortesanos, pero con el margen de imperfección de los políticos seglares para quienes las cosas no resultan tan perfectas como las del cielo.

Inteligencia compleja para una situación compleja

Su conducta, su pensamiento central e invariable y la expresión de éste, va adornada de un complejo tejido de ideas simultáneas; de la misma manera que el tronco de las columnas bizantinas o las fachadas de los templos góticos se protegen con las filigranas y estatuas de una arquitectura por esencia recargada. Es la inteligencia compleja que controla las coordenadas de una situación compleja.

Makarios nació en 1913 en Panayia, una aldea del distrito de Paphos, en la región donde la mitología griega asegura que surgió de entre las aguas azules del Mediterráneo el cuerpo blanco y desnudo de la diosa del amor, Afrodita. Es hijo de pastores, que a los 13 años le envían como novicio al monasterio de Kykkos, uno de los más ricos de la Iglesia Ortodoxa.

En 1948 era ya obispo de Kitio, y desde octubre de 1950 Arzobispo y Etnarca de Chipre. Fundó organizaciones políticas contra el colonialismo británico, y una vez agotados los recursos
diplomáticos colaboró o dirigió políticamente la Organización de Combatientes chipriotas “EOKA”, que comandaba en el terreno el general George Grivas (Dighenis su nombre de guerra), hoy el principal opositor de Makarios.

Ha recorrido numerosas capitales del mundo exponiendo el caso de Chipre; de América Latina visitó Panamá, Uruguay, Chile, Ecuador y Colombia; ha conocido el exilio, y la aclamación entusiasmada de su pueblo. Al asumir el 8 de febrero de 1973 por elección plebiscitaria su tercer mandato presidencial, Makarios enfrenta una situación extremadamente complicada en la Isla, sobre la cual inciden los designios de las grandes potencias.

En primer lugar existe un problema con la minoría turco-chipriota (el 18 por ciento de la población), que vive segregada en sectores turcos – donde quiera que esto es posible -, regida
por un gobierno turco prácticamente autónomo, y separada por barricadas de los griego-chipriotas.

Un contingente militar griego y otro turco protegen a cada una de estas dos comunidades. Desde los sucesos de 1963, la ONU mantiene en Chipre un contingente de más de 3000 hombres que se supone protege a los unos de los otros y trata de propiciar el diálogo intercomunitario. El diálogo existe en efecto, pero las posiciones parecen irreductibles que las discusiones a veces resultan bizantinas. Aunque dentro de la comunidad turco-chipriota empiezan a soplar vientos de modernización y existe una base juvenil que mira hacia un futuro común más progresista, este sector se retrae aún ante la mayoría.

George Grivas, un ejército privado de mil hombres

La situación en la comunidad griego-chipriota es más compleja. La presencia en la Isla del ex general George Grivas, que mantiene un contingente comando de unos mil hombres, partidario a ultranza de la “ENOSIS”, que hoy se traduce en la unión nada atractiva con la Grecia de los coroneles, es causa de una preocupación adicional. Grivas, anticomunista acérrimo, acusa al Arzobispo de estar apoyado por los comunistas locales.

A pesar del aplastante triunfo de Makarios en las pasadas elecciones de febrero, del respaldo popular que recibiera, del aparente abandono de Grivas por Grecia, por lo menos en las declaraciones oficiales, el general es todavía una figura histórica en la Isla: una calle lleva su nombre en Nicosia; un obelisco a la entrada de Trikomo, su pueblo natal, da la “bienvenida a la tierra de Grivas” a los visitantes; y los letreros de “ENOSIS”, las banderas griegas, y los carteles del general en uniforme de campaña usado contra los británicos, se encuentran por todas partes.

Makarios, cuya reputación política ya está hecha, ha ofrecido al general que salga de la clandestinidad, abandone los métodos violentos, y haga una oposición legal. A esta aparente debilidad del Arzobispo se oponen los hombres de acción que apoyan a Makarios y que quisieran verle tomar una actitud más radical. Pero el Arzobispo tiene también problemas en materia religiosa: el Santo Sínodo de los Obispos de Chipre le ha vuelto a pedir que renuncie a la Presidencia y se ocupe sólo de la Iglesia.

Makarios ha respondido que no puede negarse al llamado del pueblo que le demuestra esa confianza y fidelidad. El exaltado obispo de Kition, que más o menos mueve a los otros dos, le respondió abruptamente que a ellos “les importa un comino lo que diga el pueblo; que sólo les interesa lo que diga la Iglesia”. Cuando Makarios reiteraba ante una inmensa muchedumbre venida a aclamarlo el 8 de febrero que “le hubiera gustado poder renunciar, que eso sería más cómodo para él, pero que cómo hacerlo, cómo negarse a seguir combatiendo cuando el pueblo se lo pide”, y de entre la masa le gritaban: “muera el Obispo de Kition”.

Con la bendición del Arzobispo y las armas del Presidente

Makarios es el Arzobispo, el Etnarca, el Presidente, la representación y síntesis de una cultura de 5 mil años, el heredero de todas las tradiciones de la Iglesia autonoma ortodoxa de Chipre. Hasta los partidos políticos, el comunista, pacífico pero organizado y numeroso que encabeza Papaioannou, un excombatiente de la guerra de España, o los radicales y de acción como el del Dr. Vassos Lyssarides, que cuenta con un ejército privado de más de 500 hombres, parecen existir y vivir con la bendición – y gracias a la bendición – del Arzobispo, y sus existencias resulta difícil imaginarlas fuera de la órbita protectora de la política propugnada por el presidente Makarios.

Inglaterra conserva tres bases militares en la Isla, estratégicamente situadas, como parte integrante de la OTAN. Con la policía nacional, hay dos policías una griego-chipriota y otra turco-chipriota, que se deja ocupar y desarmar en 19 estaciones por los grupos armados de Grivas sin el menor intento de defender-se, y la que no se encuentra en ningún momento decisivo. Las comunidades hoy dialogan, pero se temen, se recelan y se espían, y la segregación impuesta por los turcos, con todos sus inconvenientes para el desarrollo normal de la vida del país, es de por sí una anomalía explosiva.

Chipre, sin embargo, ha vivido en estas circunstancias delicadas desde hace más de un cuarto de siglo. Es normal que ante esta realidad abrumadora sólo pueda gobernar la Isla un hombre que cree en Dios, pero que sobre todo cuenta con el apoyo incondicional del pueblo.


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