Artículos sobre Islam e Islamismo
Las caricaturas de Mahoma un desencuentro entre Oriente y Occidente :: 01/02/2006
La publicación de unas caricaturas de Mahoma ha desencadenado una ola de protestas que obliga a reflexionar sobre las percepciones de dos religiones que deben entenderse
Domingo del Pino. Revista Española de Defensa, Febrero de 2006
Las importantes repercusiones desatadas por la publicación de unas caricaturas de Mahoma, el profeta de los musulmanes, ha sorprendido y llenado de perplejidad a la mayoría de los gobiernos y opiniones públicas occidentales. Aparecidas en el periódico danés Jyllands-Posten el 30 de septiembre de 2005 y reproducidas luego en unos 40 periódicos más incluidos varios árabes, las caricaturas trascendieron al público en general unos cuatro meses más tarde.
Instigadas o no por determinados intereses estratégicos o comer-ciales, lo cierto es que la tensión vivida en muchos países musulmanes y las manifestaciones – muchas de ellas violentas que han causado decenas de muertos – han supuesto un nuevo obstáculo para acercar e intentar comprender el modo de vida de las diferentes culturas.
Sólo el contexto general de las relaciones entre Occidente y el mundo árabe parece poder explicar la razón de tanta violencia causada por unos hechos que vistos desde la óptica de la prensa y las sociedades occidentales se sitúan en la frontera de unos usos y costumbre de la libertad de expresión. La publicación de algunos temas se permite aunque pueden ser discutibles y, en este caso concreto, ofensivos. La ofensa, como siempre, tiene que ver más con la percepción del hecho que con el hecho mismo.
Tiempo de reflexión
Desde septiembre de 2001 una secuencia de atentados de propor-ciones insospechadas ha azotado a varios países como Estados Unidos, España y el Reino Unido, y Marruecos y Jordania. Desde la guerra de Irak de 2003 las ejecuciones y degüellos de rehenes occidentales en su mayoría, filmados y colocados luego en Inter-net han herido y ofendido repetidamente la sensibilidad del géne-ro humano en su totalidad. Las fotografías de abusos y torturas en la cárcel de Abu Graib han sugerido la degradación a que se ha podido llegar en esa guerra, mientras que el limbo jurídico en que se encuentra los prisioneros de Guantánamo, los atentados terroristas diarios e las ciudades iraquíes, proporcionan la base para un radicalismo sin precedentes en las percepciones mutuas de una y otra área de civilización. La aparente lejanía de solución del conflicto palestino-israelí, los atentados suicidas o no contra civiles inocentes y los asesinatos extrajudiciales, completan un cuadro general que la perspectiva de que algún país de Oriente Medio pueda dotarse de armas nucleares o de destrucción masiva convierte en inquietante.
La violenta reacción diferida de la calle árabe ha sugerido temas de reflexión que han abordado quienes en estas semanas de ten-sión se han ocupado del asunto. Se ha señalado primero la apa-rente fragilidad de las relaciones euroárabes que han dado la impresión de estar a la merced de cualquier hecho aislado que la otra parte pueda considerar ofensivo. La segunda reflexión se refiere a la incongruencia de que unas caricaturas, ofensivas o no, publicadas por un periódico independiente europeo, puedan afectar de una manera tan directa a las relaciones entre gobier-nos y países occidentales, y árabes musulmanes. La tercera reflexión tiene que ver con el aparente sin sentido de que Occi-dente en su conjunto – gobiernos, sociedades, y ciudadanos – sean responsabilizados globalmente por las acciones individuales de unos caricaturistas o de un periódico.
Además, y como afirmó el secretario general de la ONU, Kofi Annan, se ha producido una manipulación del hecho por los extre-mistas tanto de una cultura como de la otra. Durante la inaugu-ración de la segunda reunión del Grupo de Alto Nivel de la Alianza de Civilizaciones celebrada el día 26 de febrero en Doha (Qatar), Annan afirmó que “Tanto si los que publicaron las caricaturas trataban deliberadamente de provocar, no hay duda de que algu-nas reacciones violentas han animado agrupos extremistas en las sociedades europeas, cuyo objetivo es demonizar a los inmi-grantes musulmanes, si no expulsarlos. Del mismo modo, la ree-dición de la sviñetas y el apoyo a las mismas expresado por algu-nos líderes europeos han reforzado a los que, en el mundo musul-mán, ven a Europa o a Occidente en su conjunto como irremedia-blemente hostiles al Islam”.
A esos temas de reflexión se añaden unos imponderables novedo-sos que inciden también sobre la seguridad y que han hibernado hasta ahora pero que las caricaturas han colocado sobre la mesa: La progresiva aparición de una especie de no man’s land jurídico, legal, penal, que unos jeques, emires e imames radicales o sim-ples individuos han comenzado desde hace años a crear en Euro-pa mediante sus fatuas (directivas religiosas) extrajudiciales, mu-chas de ellas amenazas de muerte y otras asesinatos sencilla-mente consumados y que lleva a la cuestión de quién dicta la ley, quien juzga y y quién aplica la sentencia. Aunque la respuesta no tiene ninguna duda en las sociedades occidentales, la violación de los principios que la rigen, del estado de derecho, apunta un pro-blema más que atender.
La pretensión de muchos imanes que en estos días han hablado en los medios del mundo árabe-musulmán, equivale a sugerir que los occidentales nos ocupemos de nuestros propios asuntos y dejemos a los musulmanes los suyos. En el mundo altamente globalizado e interpenetrado en que vivimos ningún hecho político o económico ocurrido en un lugar, deja de tener consecuencias para el resto. Mucho menos en una Europa que ya tiene importan-tes comunidades musulmanes en su seno que tienden a conver-tirse, por su reagrupación en los espacios urbanos, en una fron-tera interior europea con el Islam. Esto lo ha evocado no solo la prensa occidental, sino algunos colectivos que han llegado a pro-poner que se deje vivir a los musulmanes bajo sus propias leyes y costumbre en aquellas zonas urbanas o no, donde son mayoría.
Una alianza de civilizaciones, como la propuesta por el gobierno español, parece más necesaria que nunca. Pero, como han seña-lado algunos medios, debe ser algo más que un debate entre eru-ditos, filósofos o historiadores, ni entre intelectuales o periodistas, sino que también debe ser la búsqueda de los caminos que permi-tan acercar posiciones y comprender posturas. Son los parlamen-tos los únicos legitimados para legislar, los gobiernos para gober-nar, y los jueces para impartir justicia. A juzgar por la frecuencia con que los medios han aludido a esas fatuas asesinas, se puede deducir que lo primero que debe desaparecer del panorama inter-comunitario son esas sentencias extrajudiciales que incitan abier-tamente al terrorismo.
La historia de esas atípicas condenas que costaron la vida a todo lo largo de la historia del Islam a personalidades de tanta enver-gadura intelectual y tan remoto como Ibn Roch, Ibn Khaldun o Ibn Tamiya, han afectado hasta nuestros días sobre todo a ciu-dadanos musulmanes. Algunos comentaristas sostienen que al permitirlas algunos regimenes árabes han intentado saldar cuen-tas con sus opositores, pero sea cuales sean las razones de su persistencia histórica, se trata de una exportación a Occidente de una manera inadmisible de relacionarse con la justicia y con el poder.
Nada de lo que precede puede ocultar el hecho de que las carica-turas han ofendido los sentimientos religiosos de los musulmanes que perciben con mayor trascendencia y solemnidad que los occi-dentales las cuestiones relacionadas con la religión. El contexto ha proporcionado al asunto de las caricaturas un eco insospecha-do y una trascendencia que parece querer resumir en ellas todas las dolencias mutuamente acumuladas. Pasemos revista ahora a los hechos concretos.
La secuencia de las caricaturas
El 30 de septiembre de 2005 el periódico sueco Jyllands-Posten publicaba las caricaturas. Doce días más tarde el redactor jefe afirmaba haber recibido amenazas de muerte y el periódico contrataba servicios de seguridad para proteger a sus periodistas. El 4 de octubre varios miles de personas se manifiestan en Copenhague al grito de Dios es grande y Mahoma su profeta. El 20 de octubre once embajadores musulmanes acreditados en la capital danesa solicitan audiencia al Primer Ministro, Anders Fogh Rasmusen para protestar por la publicación de las caricaturas y pedir que el gobierno danés tome medidas contra el Jyllands-Posten, pero no fueron recibidos.
Varios imanes (jefes espirituales) daneses viajaron a varios países de Oriente Medio para tratar la cuestión y como resultado de sus gestiones Arabia Saudi y otros varios países árabes decidieron boicotear a los productos daneses. La noticia comenzó a trascender a la calle. Diecisiete países árabes pidieron de nuevo al gobierno danés que castigara a los responsables de la publicación de las caricaturas y que tomara medidas para que éstas no fueran reproducidas por otros medios.
El 27 de octubre dirigentes de varias organizaciones musulmanas denunciaron al periódico Jyllands-Posten porque en opinión de ellos había violado los artículos 140 y 266b del Código Criminal danés. El primero de esos artículos prohíbe ridiculizar o insultar los dogmas de cualquier comunidad religiosa con existencia legal en Dinamarca y el segundo considera un crimen el amenazar o criticar a personas o grupos por su pertenencia religiosa.
El 26 Arabia Saudita y otros países árabes llaman a sus embaja-dores en Copenhague. El 29 Fogh Rasmusen reitera que su go-bierno no puede influir en los medios y que Dinamarca como na-ción no puede ser hecha responsable de lo que escriben periódi-cos que son independientes, aunque en declaraciones a la televi-sión danesa deja claro que a título personal condena la publica-ción de las caricaturas.
El 29 de diciembre los ministros de Asuntos Exteriores de los paí-ses miembros de la Liga Arabe reunidos en El Cairo condenan la publicación de las caricaturas que califican de “atentado contra la santidad de las religiones y de los profetas y los nobles valores del Islam”. El 5 de enero, Dinamarca y el Secretario General de la Liga Arabe llegan a un compromiso según el cual el Primer Ministro danés pedirá excusas mediante una carta que defenderá la libertad de expresión pero condenará toda acción que intente diabolizar a un grupo cualquiera por su religión o su pertenencia étnica”.
Desgraciadamente cinco días más tarde la revista cristiana norue-ga Magazines publica a su vez las caricaturas. El redactor jefe afirma unos días después que ha recibido amenazas de muerte. Desde entonces será una escalada de acontecimientos. El 21 de enero la Unión Internacional de Ulemas Musulmanes amenaza con pedir a los musulmanes del mundo el boicot de los productos y actividades de daneses y noruegos.
El 6 de enero, el fiscal general de Viborg ordena archivar la investigación de los hechos por entender que no existía base para sostener que las caricaturas constituían un delito. Añadía que aunque la libertad de expresión ha de ser ejercida con el necesario respeto para los derechos humanos de los demás, no veía motivo para concluir que la ley había sido violada.
Simultáneamente, tanto el Jyllands-Posten como magazines la-mentan públicamente que su iniciativa haya ofendido a los musulmanes y piden disculpas. Pero los ministros del Interior árabes reunidos en Túnez las “condenan enérgicamente”. Al día siguiente varios periódicos europeos, entre ellos el France-Soir, publican las caricaturas. El redactor jefe es despedido de inmediato por su propietario, el hombre de negocios franco-egipcio Raymond Lakah. El periódico había añadido una caricatura más de su propia cosecha.
A partir de entonces otros periódicos europeos, pero curiosamente también jordanos (Semanario Shihane), argelinos (los semana-rios EsSafir y Panorama_) y marroquíes (_Le Journal Hebdo-madaire_) publicarán las caricaturas, en el caso de los últimos para criticarlas. En el primer caso varios redactores jefes fueron suspendidos, mientras que en el de los periódicos árabes todos perdieron su empleo y algunos fueron encarcelados y en el caso de Le Journal Hebdomadaire su director afirmaba que la multa que le había sido impuesta le condenaba prácticamente a cerrar.
La Organización de la Conferencia Islámica y de la Liga Arabe pidieron a la ONU que impusiera sanciones a Dinamarca, y a la Comisión Europea que emitiera directivas que sancionasen la blasfemia. Paralelamente comenzaban a producirse protestas callejeras. La más grave de ellas tuvo lugar en Damasco (Siria) donde la embajada danesa fue quemada y en Ramala (Territorios Palestinos) el 4 de febrero cuando las embajadas danesa y norue-ga fueron quemadas y cerradas por los manifestantes.
El trasfondo de la publicación de las caricaturas
El 17 de septiembre el periódico danés Politiken afirmaba que existe entre periodistas e intelectuales un miedo profundo a criticar o a hablar del Islam y refería las dificultades encontradas por el escritor Karl Blitgen para encontrar ilustradores para un libro infantil que preparaba sobre El Corán y la vida del Profeta Mahoma. Algunos de los artistas abordados entrevistados por Politiken, se habían referido al asesinato del cineasta holandés Theo Van Gogh el 2 de noviembre de 2004 en Amsterdam, y a las amenazas proferidas contra un profesor de la Universidad de Copenhague en octubre de 2004 por el simple hecho de querer leer pasajes del Corán a no-musulmanes.
El asesino de Van Gogh, Mohammed Bouyeri, diría durante su juicio que había matado a Van Gogh por insultar al profeta y que “el profeta dijo explícitamente que a tales personas hay que arrancarles la cabeza”. A Van Gogh le criticaban haber realizado un cortometraje con un libreto sobre el Corán titulado Sumisión. La somalí Ayaan Hirsi Ali, diputada por el partido liberal VVD des-de 2003 había escrito el libreto por lo cual también fue condenada a muerte.
Tom Wellingham, redactor jefe del periódico gratuito británico Gair Rhydd, el único del Reino Unido que publicó las caricaturas, tuvo que refugiarse en el domicilio de sus padres después de haber sido despedido junto con otros dos periodistas.
Otros periodistas e intelectuales habían recordado antes, en Dina-marca y otros países europeos, la fatua de 1989 del Imam Jo-meini que condenó a muerte y puso precio a su cabeza al escritor Salman Rushdie por sus Versos Satánicos, y las múltiples amenazas contra periodistas, escritores e intelectuales europeos. Salman Rushdie vive desde entonces protegido por la policía británica y prácticamente en la clandestinidad. El traductor al japonés del libro de Rushdie no tuvo suerte y fue asesinado en 1991, mientras que el traductor al italiano escapó a una puñalada.
Entre los casos más llamativos está el del escrito francés Michel Houllebecq, denunciado por varias asociaciones musulmanas de Francia tanto por sus escritos como por sus declaraciones en relación con el Islam. La fiscal Beatrice Angelelli dijo durante la audiencia que los magistrados “no están para hacer o dictar moral sino para sancionar una responsabilidad penal” y pidió la absolu-ción de Houllebecq por entender que sus declaraciones se referían al Islam y no a los musulmanes. Los magistrados por su parte consideraron que las declaraciones de Houllebecq no se caracterizaban ni por una especial altura de miras, ni por la sutileza de su formulación” pero que no veían en ello un delito sino más bien la critica de un sistema de pensamiento.
Otros casos que conmocionaron a Occidente fueron el de la escritora de Bangladesh Taslima Nasreen, condenada a muerte en 1993 por una fatua dictada por un grupo islamista llamado Consejo de los Soldados del Islam por su libro Lajja (La ver-güenza) en el que proclamaba su ateismo; la muerte de 60 personas el 2 de julio de ese mismo año en Sivas, Turquía, en un hotel incendiado por integristas porque en el se alojaba el escritor turco Aziz Nesin a quien acusaban de blasfemar contra el Islam.
En Nigeria, un año antes 220 personas murieron como consecuencia de los disturbios entre cristianos y musulmanes por la publicación por el The Daily de un articulo sobre la elección de una nigeriana como Miss Mundo que fue considerado blasfematorio contra los musulmanes.
Ayaan Iris Ali no es la única aforada europea amenazada de muerte. El alcalde de Amsterdam Job Cohen y su adjunto Ahmed Abutaleb fueron amenazados al parecer por el simple hecho de que los extremistas musulmanes consideran que un ciudadano de origen árabe no puede colaborar con un alcalde de orígen judío. El diputado danés Naser Khader, de origen sirio-palestino tiene que circular fuertemente protegido por haber creado una red de musulmanes moderados y proclamar que lo que está en juego no es ninguna guerra de civilizaciones sino un combate entre democracia y antidemocracia. El diputado holándes Geert Wilders también ha recibido numerosas amenazas de muerte por el solo hecho de haber colocado en su página web las caricaturas de Mahoma y le exigen que las retire.
Las fatuas extrajudiciales
Los casos que ha mencionado la prensa europea en estos días son mucho más numerosos, pero sería prolijo referirlos todos en el marco de este artículo, pero las fatuas asesinas no son exclusivamente contra los occidentales. Los ciudadanos árabes y musulmanes que han sido objeto de amenazas de muerte por este expeditivo procedimiento son probablemente más numerosos.
Algunos ejemplos pueden facilitar la comprensión del porqué. En junio de 1992 fue asesinado el escritor y columnista egipcio Farag Foda, condenado a muerte y asesinado por el grupo Al Gama’a al islamiya que le había declarado apostata por sus sátiras y criticas al islamismo radical que se extendía por el país. El jeque de la famosa institución Al Azhar, Mohamed Al Ghazali, declaró en el juicio que “La muerte de Farag Foda no es más que el cumplimiento del castigo que merece cualquier apostata a quien el estado no haya castigado”.
Dos años más tarde le tocaba el turno de ser apuñalado al escri-tor y premio Nobel egipcio Najib Mahfuz. Un caso quizá más llamativo es el del intelectual egipcio Nasr Abu Zeid, obligado a exiliarse para escapar a la muerte por su libro La Critica del Discurso Religioso y después de haber sido declarado apóstata. Las autoridades de Al Azhar fueron las primeras en llamar públicamente la atención sobre ello. Peor aún, como apóstata no puede estar casado con una musulmana y los jueces obligaron a su esposa a divorciarse de él y declararon nulo el matrimonio.
Las fatuas que condenan a muerte a periodistas e intelectuales son numerosas. Una de 1983 condena al escritor argelino Rachid Boudjedra; otra de 1989 al egipcio Najib Mahfuz; en 1992 la pro-pia Benazir Bhutto fue considerada apóstata; en 1993 la bengalí Noorjahan Begur fue lapidada hasta la muerte por haber desposado a un no-musulmán; en 1994 la fatua asesina concierne al escrito Anuar Shaick; en 1995 al poeta paquistaní Mohamed Alvi; y así otros muchos hasta 2005 en que el escritor paquistani Yunus Shaik fue condenado a cadena perpetua por haber escrito Shai-tan Maulvi (El religioso satánico) considerado blasfematorio.
Luego están otras fatuas más políticas como la de Ben Laden que en 1996 declaró la guerra a “judíos y cruzados”; la de apos-tasía general contra la población argelina lanzada por el Grupo Islámico Armado (GIA) con la que pretenderá posteriormente legitimar los múltiples asesinatos durante la guerra argelina; las del predicador londinense Abu Hamza que avala al Yihad y al GIA, y otras muchas.
Con motivo de la fatua contra el pensador progresista tunecino Lafif Lakhdar, autor de un folleto titulado Las zonas de sombra de la vida del Profeta Mahoma, un periódico de ese país se refería hace poco a la “locura inquisidora contra intelectuales y artistas” y recordaba que el castigo a la apostasía (_takfir_) – la pena de muerte – no existía en el Corán sino en los tiempos pre-islámicos, pero fue instaurado por el califa Abu Bakr en sus guerra contra las tribus que se negaban a pagar los impuestos islámicos.
El mismo periódico añadía que actualmente y gracias a la ley de la hisbah (una institución religiosa que permite a cualquiera corregir el desvío de la sociedad o del individuo cuando el estado no lo hace) todo el mundo puede hablar en nombre del islam, y está habilitado a decidir la piedad o impiedad de todo el mundo y a emprender sanciones contra todos.
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