Crisis del Golfo 1990: Con guerra o sin ella, un cataclismo :: 10/10/1990

La crisis del Golfo: un cataclismo

D. del Pino. El Sol 10 Octubre de 1990 con el seudónimo de Domingo Badía


A nadie se le ocurre ya pensar que la crisis del Golfo será un episodio banal en las relaciones internacionales, como otros muchos. Las personalidades más importantes del mundo coinciden, y el ministro español de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, se acaba de sumar a ellas, en que ya nada será igual que antes.

La invasión y anexión de Kuwait por Irak, al margen de lo que implica para el derecho internacional debido a la absorción de un país por otro, y de la importancia que tiene para el Occidente industrializado por ocurrir en la región donde están los mayores exportadores de petróleo del mundo, ya plantea prematuramente problemas muy graves para todo el equilibrio político y militar internacional.

La nueva etapa de la humanidad que debía abrir la distensión entre el Este y el Oeste y el hundimiento del comunismo no está ni siquiera consolidada y ya el mundo entero se ve obligado a ir aún más lejos por la acción de un iluminado como Sadam Husein. Ocurre también que esta vez no se trata de un país o de un dictador al que la fuerza o la presión internacional parezca que pueda obligarle a entrar en razón. Su actitud, absolutamente castrista, muy similar a la adoptada por Fidel Castro con Estados Unidos desde la proclamación del socialismo en Cuba en 1961, es prácticamente la de la política de la tierra quemada.

Predecir el futuro no ha sido nunca aconsejable y menos ahora en que es tan incierto. Lo que sigue son algunas especulaciones y algunos hechos concretos sobre consecuencias posibles o reales de la crisis desencadenada por Irak. En primer lugar Israel ha dejado de ser la gran baza de Estados Unidos en Oriente Medio, y en segundo lugar se ha producido un consenso occidental de que una vez solucionada la crisis del Golfo es necesario acometer con toda seriedad y para solucionarlo el problema árabe-israelí, causa profunda de toda la inestabilidad en Oriente Medio en los últimos cincuenta años.

Sea cual sea la salida final a la crisis creada por Sadam Husein, los países del Golfo, teocráticos y feudales, los más alejados de la evolución del mundo moderno, parecen llamados a sufrir las consecuencias más importantes. Todos han podido constatar la escasa simpatía que sienten hacia ellos las masas árabes, dolidas por la insolidaridad de los ricos y por la hipocresía de los comportamientos.

En Arabia Saudita nadie da hoy un céntimo por el futuro del Emir de Kuwait y todos coinciden en que el rey Fahd de Arabia Saudita, cuyo futuro está irremediablemente ligado al de Kuwait, tiene que cambiar profundamente si quiere subsistir. En el peor de los casos la familia Al Sabah, que dispone de unas inversiones y depósitos en Occidente cercanas a los 200.000 millones de dólares, que le procuran unas rentas anuales de 8.000 millones de dólares, pueden subsistir perfectamente sin país. Ese no es el caso de la monarquía saudi que desempeña además el papel de aglutinante para todos los otros emiratos del Golfo. La víctima hasta ahora ya clara de esta crisis en la zona es el liderazgo de los Ibn Abdelazis o los Ibn Seud.

De momento, sin embargo, Arabia Saudita ganará más de cien millones de dólares diarios más debido al alza del precio del barril de petróleo y ya ha comprometido inversiones por 15.000 millones de dólares para ampliar la producción diaria y suplir en los mercado la faltas de petróleo iraquí y kuwaití. Cuando lo logre serán otros cien millones de dólares más diarios los que ganará. Este año sus ingresos pueden elevarse a 45.000 millones de dólares, en vez de los 20.000 millones que tenía previsto embolsar.

Saddam Hussein ha provocado un buen lio

El Presidente Sadam Husein se ha metido personalmente, y ha metido a su país, en un buen embrollo. Irak no tiene dinero efectivo para pagar nada – aunque tampoco tiene intención de hacer honor a sus deudas – excepto los 3.000 millones de dólares que se calcula que pudo llevarse del Banco Central de Kuwait y unos 6.500 millones que podía tener cuando invadió Kuwait. El 95 por ciento de sus ingresos exteriores procedía del petróleo, que ahora no puede vender debido al embargo. Para un país que importaba el 80 por ciento de los alimentos que consumía, la perdida de ingresos diaria de cerca de 80 millones de dólares ser insoportable.

Desde el punto de vista económico el mayor desastre causado por la prepotencia de Sadam Husein es la necesidad en que se ha visto de abandonar o paralizar la mayoría de los grandes proyectos de desarrollo en que estaba empeñado el país. Restablecer la confianza con los financieros internacionales, con las empresas encargadas de los trabajos, recuperar al millón de trabajadores extranjeros que constituían la infraestructura humana de esos planes, puede ser cuestión de años.

Desde el punto de vista político es verdad que Sadam Husein ha entusiasmado a las masas árabes, pero quienes sufren el racionamiento de alimentos son los iraquíes. Peor aún, la paz ofrecida a Irán después de una guerra que costó un millón de muertos por una salida al mar, puede desencadenar una nueva y cruenta revolución si no es compensada por algún beneficio como Kuwait o parte de Kuwait.

Mayores ingresos para Irán

En Irán el precio del barril de petróleo acude en ayuda de los moderados. El radicalismo mostrado en estos días de crisis por el Imán Ali Jamenei, guía espiritual de la revolución iraní, que llegó a llamar a la guerra santa contra Estados Unidos, puede verse atenuado por los 1000 millones de dólares más que le va a suponer en ingresos anuales el aumento del precio del barril.

Occidente necesita su neutralidad en la crisis, y eso favorecerá la normal reintegración de Irán entre las naciones del Golfo. Sin disparar un tiro Irán ha podido imponer a Irak sus términos de paz, que antes no logró ni al precio de 600.000 muertos iraníes.

Salvando las distancias entre personas, el destino del rey Hussein parece en cierta medida sometido a las mismas ambigüedades que el de Yaser Arafat. Su apoyo a Sadam Husein le ha atraído las iras, que por cierto le resultan muy caras, del rey Fahd de Arabia Saudita.

Jordania: Alianza contra natura

Si bien ha logrado una especie de armisticio con su propio pueblo, compuesto en un 70 por ciento por palestinos que apoyan en cuerpo y alma a Sadam Husein, pero el recuerdo de su abuelo asesinado a causa de Palestina, o del Septiembre Negro de 1970, están siempre presentes para recordar que esa alianza es “contra natura” y coyuntural. Nadie da nada en estos momentos por su futuro, pero es evidente que éste depende de la solución del conflicto.

La crisis económica a que el rey debe hacer frente es fenomenal. Antes de la invasión de Kuwait sólo el diez por ciento de su población (350.000 personas) eran activas y el 20 por ciento parados. La situación se ha agravado considerablemente por la afluencia de refugiados de Irak y Kuwait. La pérdida de actividad del puerto de Akaba, pulmón de Jordania, representa la pérdida de 720 millones de dólares anuales y la práctica paralización de la actividad de los 22.000 camiones jordanos que realizaban un puente permanente entre Akaba y Bagdad.

También es importante la pérdida de los 400 millones de dólares anuales que le pagaban Irak y Kuwait en subvenciones y los 320 millones que transferían sus trabajadores emigrados en el Golfo; la suspensión de los suministros de petróleo de Arabia Saudita; la incertidumbre del abastecimiento de petróleo desde Irak (el 80 por ciento de su consumo antes de la crisis) que ahora no podrá seguir comprando a precio barato, a menos de violar el embargo decretado por la ONU.

El 90 por ciento de su industria trabajaba para Irak; ahora las fábricas cierran. Su deuda exterior se eleva a 9.000 millones de dólares y el servicio de la deuda este año representa 700 millones de dólares. Eso sin contar con un préstamo a Irak de 2.600 millones de dólares que Jordania garantizó cuando la guerra Irak-Irán y por el cual los acreedores ahora le pedirán cuentas.


Algunas consecuencias globales para las organizaciones y países de la región

Consejo de Cooperación Arabe:

Creado en 1989 por Egipto, Irak, Jordania y Yemen, es el primero que ha saltado por los aires. Si la guerra estalla, dos de sus miembros, Egipto e Irak, pueden se combatir entre si.

Consejo de Cooperación del Golfo:

Integrado por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, y Kuwait. A pesar de la enorme cantidad de armamento moderno y sofisticado que acumuló en sus años de existencia, fue incapaz de reaccionar ante la invasión de uno de sus miembros.

Unión del Magreb Árabe:

La Unión del Magreb Árabe, entorpecida todavía por el conflicto del Sahara occidental, por las tendencias centrifugas de Gaddafi, y por la marginalidad de Mauritania, ha sufrido un duro golpe con la crísis del Golfo. La polarización de sus miembros a favor aunque sea de forma moderada (Argelia y Túnez) o abierta (Libia y Mauritania) de Sadam Husein, o claramente en contra (Marruecos) pone de relieve las diferencias políticas que todavía subsisten entre sus miembros. Sin embargo, una solución pacífica de la crisis no tiene porque dividirles más de lo que ya les divide el Sahara ni significar ningún perjuicio para los planes de integración que por el momento sólo son económicos. Si la crisis concluye en guerra, Marruecos, en donde el poder y la calle han adoptado posiciones opuestas, puede sufrir las consecuencias.

O. L. P.:

La organización palestina, que se había caracterizado por su moderación en los últimos años y que había aceptado reconocer a Israel a cambio de un estado palestino en Gaza y Cisjordania, se ha aliado de nuevo con los más radicales. Yaser Arafat, con su apoyo decidido a Irak, ha suscitado las iras de los paíes del Golfo que en realidad le financiaban.

Su futuro parece ligado también en gran medida al resultado de la crisis. Un improbable triunfo de Irak le reforzaría pero llevaría a Oriente Medio y a la OLP a una nueva etapa de incertidumbres. La derrota de Irak le puede enajenar el favor cuantificable de los emires del Golfo, y tendrá que jugar en una cuerda floja entre las presiones de un pueblo muy radicalizado en favor de Irak y profundamente opuesto a las concesiones que la OLP ya hizo, y las presiones mayores que recibirá para hacer nuevas concesiones a Israel en aras de una solución del conflicto.

S i r i a:

La visita del Secretario de Estado norteamericano James Baker a Bagdad a principios de septiembre ha vuelto a dar al Presidente Hafez el Asad una cierta respetabilidad internacional. Su decisión de enviar 20.000 hombres a Arabia Saudita con unos 200 tanques, además de permitirle la inmediata capitalización de su apoyo, hará posible que pueda contribuir a la liquidación del arsenal militar de su archienemigo Sadam Husein. Sus objetivos políticos, la devolución por Israel del Golán sirio ocupado, y una solución del problema del Líbano favorable a sus intereses, parecen estar implícitos en el deseo expresado por el Presidente francés de que después de la retirada de Irak de Kuwait se aborden en profundidad los problemas palestino y libanés.

Islamismo:

La crisis del Golfo ha hecho aparecer el lado más inquietante del islamismo. Hasta entonces se suponía que Arabia Saudita y otros emires del Golfo eran sus principales financieros. Las posturas adoptadas por los líderes del islamismo tunecino, argelino y sudanés, Rachid Ganuchi, Abas Madani y Hasán Turabi, en favor de Sadam Husein, pone de manifiesto lo que ya se sospechaba: el integrismo no es solamente una reacción cultural contra la civilización occidental que considera corrompida, sino ante todo una actitud revolucionaria contra las propias sociedades, en contra de la ausencia de democracia, de la injusticia distributiva, y de la escasa solidaridad de los árabes ricos. Un eventual triunfo de Sadam Husein puede, por una conjunción del nacionalismo reavivado y del islamismo reconfortado, traer una gran inestabilidad a todo el mundo árabe. La derrota de Sadam Husein puede a su vez dar lugar por frustración a esa misma inestabilidad.

Repercusiones para Occidente:

Alemania y Japón

Junto con Japón, Alemania ha sido muy criticada por la prensa norteamericana y el Congreso, por estimar que no ha contribuido suficientemente al esfuerzo de Estados Unidos en la crisis. Los analistas norteamericanos han sostenido que ha quedado demostrado que estas dos grandes potencias económicas no están en condiciones de dirigir el mundo porque han demostrado ser incapaces de proyectar fuerza en un momento de crisis. Las constituciones de Alemania y Japón, dictadas por Estados Unidos y los aliados después de la II Guerra Mundial, impiden a ambos disponer de fuerzas armadas para otros fines que no sean la autodefensa y, por supuesto, les prohiben toda intervención exterior. Bajo presiones de Estados Unidos el Primer Ministro japonés, Toshiki Kaifu, hizo aprobar una ley que le permitirá enviar 2.000 soldados al Golfo, aunque sólo para tareas de transporte, telecomunicaciones, sanitarias, y administrativas.

Alemania:

Aunque tiene que hacer frente al coste de la reunificación, se comprometió con el Secretario de Estado norteamericano, James Baker, a contribuir con un total de 2.100 millones de dólares, la mitad para ayudar a financiar el despliegue norteamericano en el Golfo, y la otra mitad para ayudar a Egipto, Turquía y Jordania. La prensa norteamericana estimó que Alemania se ha plegado a estas exigencias porque necesita el apoyo del Congreso norteamericano para la ratificación del tratado recién firmado en Moscú que devuelve la plena soberanía a Alemania después de 45 años. En cualquier caso, y según los sondeos, el 54 por ciento de los alemanes es contrario al envío de tropas alemanas al Golfo.

Japón:

El Congreso y la prensa norteamericanos han sido más agresivos aún con Japón, calificado de gigante económico y pigmeo político. El Congreso sugirió que si Japón no se mostraba más cooperativo, que Estados Unidos le exigiese que pagase los 7.500 millones de dólares que cuesta anualmente mantener 50.000 soldados norteamericanos en Japón. El resultado de esas presiones ha sido que Japón ha adoptado una ley que le permite enviar tropas al Golfo y que ha decidido aumentar su contribución financiera a 4.000 millones de dólares.
E s p a ñ a:

Según el Financial Times, es uno de los países de Europa peor preparados para afrontar las consecuencias de la crisis. El aumento del precio del barril puede costar unos 250.000 millones de pesetas más a España. España sólo importaba de Irak el 10 por ciento del petróleo que consume. El Presidente del gobierno, Felipe González dijo al principio de la crisis que se trataba de un conflicto regional. Después de su entrevista de agosto con el rey Hassán II de Marruecos se mostró confiado en que la mediación emprendida por los reyes Hassán II y Hussein de Jordania, junto con el Presidente argelino, Chadli Benyedid, diese algún resultado.

Los imperativos comunitarios e internacionales de España la han llevado a rectificar esa postura inicial para apoyar las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y la intervención norteamericano-aliada que han situado la crisis en un contexto internacional.
Francia:

La popularidad del Presidente francés, François Mitterrand, aumentó de 4 a 7 puntos sobre diez tras la firme postura adoptada por Francia. Le ha apoyado el electorado socialista y una buena parte de la derecha francesa que se ha desmarcado del inesperado apoyo brindado por Jean Marie Le Pen a Sadam Husein. A pesar del esfuerzo militar realizado, Francois Mitterrand se desmarcó claramente de Estados Unidos en su intervención en la Asamblea General de la ONU el 24 de septiembre y afirmó que si Sadam Husein proclamaba su intención de retirarse de Kuwait todo era posible. Entre ese todo posible estaba, según precisó el Jefe del Estado francés, la retirada de las fuerzas aliadas del Golfo, la posibilidad de abordar en profundidad todos los otros problemas de Oriente Medio, como el árabe-israelí y el libanés, pero también el solicitar a los kuwaitíes la expresión de su libre elección en cuanto al régimen en el que desean vivir.
Gran Bretaña:

Fue el primer país que se sumó al despliegue militar norteamericano, y la Señora Thatcher, al igual que los norteamericanos, ha sido muy dura con los países industrializados de Occidente que se mostraron, en opinión de ella, remolones en responder a la crisis. Las tropas británicas actuarán en el Golfo bajo mando norteamericano, aunque la Primera Ministra ha exigido al Presidente Bush que le informe previamente cuando decida pretar el gatillo. La Señora Thatcher y su partido conservador están no obstante preocupados de que su destino electoral pueda depender de la pericia de los generales norteamericanos.

La economía británica, que sufre ya una inflación del 10 por ciento, es vulnerable a la crisis a pesar del beneficio añadido para su petróleo del Mar del Norte a causa del aumento del precio del barril. Las consecuencias económicas de la crisis pueden serle fatales para su estrategia en este campo, ante las elecciones de junio de 1992.
I t a l i a:

Como en Bélgica y otros países de la CE, el Gobierno italiano ha mostrado una cierta división en cuanto a la manera de abordar la crisis. El Primer Ministro Giulio Andreotti quiere un compromiso militar mínimo de Italia, porque entiende que la guerra tendrá , en cualquier caso, efectos muy negativos para la economía italiana, mientras que el socialista Giannis de Michelis quiere que la participación de Italia, a la que desea instalar en un lugar destacado en el escenario político mediterráneo y medio oriental, sea importante.

Desde el punto de vista económico la crisis golpeará duramente a Italia y sólo la firma Fiat parece creer necesario despedir a cerca de 35.000 obreros en los próximos meses.


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