Artículos sobre el Magreb (Mauritania y Libia incluidos)
Entre Dios y Túnez, sólo es posible Habib Burguiba :: 02/11/1987
Cortesanos y allegados acechan las escasas horas de lucidez del «Combatiente Supremo» para tratar de influirle.
El “Combatiente Supremo a la independencia de Túnez
Allá por los años setenta, cuando comenzaba a despuntar el islamismo en Túnez, alguien sugirió al presidente Habib Burguiba que viajase a La Meca para congraciarse con Alá y con sus islamistas. «Si Alá existe — cuentan que respondió el ya entonces anciano Combatiente Supremo —, tiene que estar muy contento conmigo; y si no existe, yo estoy muy contento conmigo, así es que no me hace falta esa peregrinación.»
Habib Burguiba comenzó a destacar en política por los años treinta como líder del nacionalismo independentista. En 1956 se convirtió en el primer presidente de la República de Túnez independiente y desde 1975 es presidente vitalicio. Hijo de una familia numerosa de siete hermanos y dos hermanas, todos los cuales han fallecido ya, este descendiente de Alí, un notario de Monastir en el siglo XVIII, ha acumulado un enorme poder que sólo tiene las limitaciones que él mismo quiera imponerse.
Hoy, a sus ochenta y cuatro años de edad aproximados — porque pudo haber nacido en 1903 como creen la mayoría de sus biógrafos, pero también en 1902 o en 1904 — se prepara para dejar este mundo y seguir influyendo en la vida cotidiana de los tunecinos desde el Más Allá, si es posible.
Habib Burguiba, que goza de una «pésima salud de hierro», ha desbaratado todos los cálculos de los aspirantes a la sucesión. Su hijo, Habib Burguiba junior, despojado por su padre de todas sus funciones en el Estado, descartada la sucesión filial, arrastra unos cansados sesenta y dos años de edad y se limita a ir de su trabajo — la presidencia de un Banco de la avenida Habib Burguiba – a su casa.
Hace casi veinte años, cuando ya se pensaba en un desenlace fatal para el Combatiente Supremo, fue comenzada en Monastir, su ciudad natal, la construcción de un gigantesco mausoleo que perpetuase su memoria. La obra continúa ahora muy lentamente: el presidente es supersticioso y no quiere un túmulo mortuorio en vida porque eso trae mala suerte. Lo que hizo fue encargarle a su arquitecto favorito, Clement Cacomb, que le levante otro mausoleo en Túnez, pero las obras han sido ralentizadas por las mismas razones que en el caso anterior.
Uu Napoleón maltrecho.
Habib Burguiba ha sufrido media docena de ataques cardiacos; desde 1969 padece una psicosis maniaco-depresiva que le ha sido tratada en secreto en Francia y en una clínica privada de Ginebra; le ha atacado la enfermedad de Parkinson, tiene periflebitis facial y padece una ectopia testicular. Como Napoleón, se apresuran a precisar sus próximos.
Su vida transcurre en el Palacio de Cartago de la capital durante la mayor parte del año. Aunque su capacidad trabajo se encuentra radicalmente disminuida, los funcionarios, sus primeros ministros, ministros, secretarios partido, de sindicato, colaboradores próximos, se afanan en convencer extranjero, con terminología mari nera, de que «él es quien lleva el timón.
Si él gobierna o si se gobierna nombre de él, es algo difícil de precisar. Mohamed Mzali, su antepenúltimo primer ministro, dice en su Carta abierta al presidente Habib Burguiba: «Me enteré de mi destitución por el diario televisado de las 20 horas de de julio de 1986. No se puede coordinar ningún gobierno en Túnez.»
Un pequeño grupo de familiares cercanos a Burguiba constituyen, debido a su proximidad con él y a su capacidad de influir en sus decisiones, el verdadero poder. Por encima de todos está su sobrina Saida Sassi, hija de su hermana mayor y de Ali Bouzgarrou. Su poder es tan grande desde que Habib Burguiba la llamó a palacio hace unos años, que todos los otros familiares del presidente desaparecieron. Primero fue Habib Burguiba junior, hijo del primer matrimonio con la francesa Mathilde – rebautizada Moufida en Túnez – Legras. Después, su esposa Wassila Zabia Bint Ammar de la cual se divorció agosto de 1986.
Cuando Saida Sassi se instaló en el Palacio de Cartago algunos periodistas norteamericanos afirmaron apresuradamente que se había producido un «rejuvenecimiento de la libido» del presidente. Habían pasado por alto detalle fundamental: Saida Sassi es a su vez una venerable matrona de 62 años, madre de seis hijos. «En Burgiba — ha dicho Saida Sassi, veo a mi tío, a mi padre y a mi hijo. Cuando estoy con él en su habitación, cuando velo por él, por su descanso y su salud, me siento transportada varios años atrás cuando cuidaba a mis bebés.»
A los ortodoxos del Partido Socialista Desturiano, el partido de Burguiba, no les hizo ninguna gracia que Saida Sassi, por muy sobrina que sea, dijese públicamente que cuidaba del Combatiente Supremo como de un bebé, pero, desde luego, nadie se atrevió a reprochárselo.
Ella es capaz de echar para atrás un discurso que le han preparado a su tío, conseguir que sea revocado un nombramiento o lograr la defenestración de algún ministro o primer ministro, según Mzali, «susurrando al oído de su tío mientras le anuda la corbata».
Muchos “filtros”
Gabinete, esposa, allegados, le filtran todo
También muy próximos se encuentran el actual primer ministro, Zine el Abini ben Ali, que ha tomado la precaución de no dejar que sus ministros vayan solos a ver a Burguiba, y el doctor Amor Chadly, un médico graduado por la Universidad de París, director del Instituto Pasteur, de Túnez, nombrado en mayo de 1987 ministro director del gabinete del presidente y secretario general adjunto del Partido Desturiano.
Son ellos los que le filtran todo a Burguiba, los que le susurran al oído, le comentan, se quejan, le piden y le arrancan concesiones, nombramientos, decretos, ceses. El ex primer ministro Mohamed Mzali ha descrito así ese mundo de intrigas cortesanas: «El asedio a la persona del presidente tiene lugar todos los días a esa hora turbia en que, como dice el proverbio, los perros pueden creerse que son lobos.»
¿Cuáles son esas horas turbias del Combatiente Supremo? CAMBIO16 se lo ha preguntado al doctor Amor Chadly. «Habib Burguiba —dice—, como toda persona que ha superado ya
los sesenta años, se levanta muy temprano, alrededor de las siete. A quien primero recibe es a su sobrina, luego a mí y después al primer ministro.» Están también el ministro de Asuntos Exteriores, Hedi Mabruk, y, aunque menos, el ministro Mansur Skhiri y los embajadores de Francia y Estados Unidos, a quienes de cuando en cuando recibe informalmente en familia.
«Hasta las nueve, más o menos, se limita a una conversación informal con nosotros —dice el doctor Chadly—. Su vida oficial es más o menos de las nueve a las diez. Por la mañana le leen los periódicos locales y por la tarde, siempre después de las cinco, la prensa extranjera. Es cartesiano, metódico, tiene una memoria excepcional y es capaz de recitar largos poemas de una sola tirada, como, por ejemplo, La muerte del lobo, de Alfred de Vigny.»
¿Algún ejercicio físico, algún paseo? «Le gusta mucho andar. De cuando en cuando se levanta en medio de una conversación y da un paseíto por la habitación. Es muy regular en sus comidas. Almuerzo a las doce en punto y cena a las siete exactas.» Cuándo, en ese breve tiempo hábil, decide Burguiba, es algo más difícil de precisar. En todo caso, y en los últimos tiempos, ocurre con frecuencia que al día siguiente no se acuerda de los nombramientos que hizo y firmó la víspera.
Amnesia senil
A veces, como ocurrió a finales de septiembre pasado, le presentan a un ministro recién nombrado por él y Burguiba pregunta: «¿Pero este señor quién es? Que me lo cambien, no quiero verlo más por aquí.» Según unos, se trata de pura comedia; para otros es que realmente no se acuerda.
La estabilidad de las instituciones, de los cargos, es algo que preocupa ya. Que preocupaba ya en enero de 1974, cuando el entonces primer ministro, Mohamed Masmudi, le hizo firmar la unión con Libia en un papel timbrado del hotel Ulises de Djerba. A la semana siguiente de esa unión, Masmudi fue defenestrado, pero Burguiba tardó siete años en recuperar aquel papel tan poco formal.
Habib Burguiba vive desde hace más de un cuarto de siglo de la renta de sus primeras actuaciones y decisiones de los años cincuenta, de acuerdo con la oposición. «Hemos optado por Occidente — decía en un discurso de 1957 — porque, en nuestra opinión, era la opción menos mala.» De esa época data el Código de la Familia o Estatuto Personal, que sigue siendo hoy uno de los más avanzados del mundo árabe, principalmente en lo que respecta al estatuto de la mujer. Estados Unidos y Francia son los dos grandes protectores de esta pequeña república que a la muerte de Burguiba, Gaddafi y Jomeini, respectivamente, quisieran atraer a sus regazos. Con su viaje a Estados Unidos en 1985, Habib Burguiba intentó dar a entender que confiaba más en Estados Unidos como garantía de la supervivencia de Túnez.
Pero otro abuelo cuatro años mayor que él, el imán Jomeini, de Irán, le tiene echado un pulso a través de los integristas tunecinos. Estos van desde el Partido de la Liberación Islámica, que preconiza la implantación de un Estado religioso al estilo iraní, la ruptura total con Occidente y la aplicación pura y simple de los preceptos del Corán, al Grupo 15-21, que aun preconizando, como los demás, el «retorno a las fuentes originales», entiende que «no todo es desechable en la civilización occidental».
En medio de ellos, en todos los sentidos, se encuentra el Movimiento de la Tendencia Islámica (MTI) con la mayoría de sus militantes hoy perse guidos o presos. Muy sucintamente, el doctor Hami da Naifar, profesor de Teología e imán de la mezquita de Bab Suika, de Túnez, animador del Grupo 15-21, ha descrito así la situación para CAMBI016: «Preconizar un Gobierno religioso islámico para Túnez es un gran error, pero sí es necesario revisar el sistema actual y corregir sus desviaciones; es decir, el personalismo. La persona del presidente lo monopoliza to do, aunque existan formalmente instituciones. Consideramos que todo lo que se ha hecho en Túnez no es negativo, que una cierta apertura hacia Occidente es absolutamente necesaria. Ahora bien, creo que Occidente no debe contentarse con decir que Jomeini es un peligro. Yo tengo muchas críticas que hacer al fenómeno iraní, pero creo que lo que Occidente teme en el fondo es que Irán pueda abrir una vía para desestabilizar el actual equilibrio mundial de fuerzas.»
Chadly Amor discrepa
Obviamente, el doctor Amor Chadly, el hombre que tiene la posibilidad de susurrar sus ideas al oído del Combatiente Supremo, no está de acuerdo con Hamida. «La religión ya está incluida en nuestra Constitución. ¿Qué puede aportar un partido religioso? Ellos se autotitulan de tendencia islámica, pero todos nosotros somos islámicos. Ellos sólo quieren utilizar el Islam para lograr el poder.»
De acuerdo, pero ¿y la prensa de oposición?, ¿por qué está toda cerrada? «¿Es que acaso ustedes permiten en sus países de Europa que la prensa propague rumores falsos y debilite la moral ciudadana?» me responde. Bien, pero ¿y los partidos políticos? Insisto, ¿por qué la mayo ría de ellos no puede funcionar? ¿Ni siquiera los socialistas de Ahmed Mestiri, que son los más moderados? Pregunto. «Porque nosotros también somos socialistas. Nos llamamos Partido Socialista Desturiano. ¿Cuál es la diferencia entre el programa de los socialistas de Mestiri y el nuestro? Ellos sólo son un grupo que aspira al poder. Pero este país lo ha liberado el presidente Burguiba, él lo ha modelado, lo ha amasado con sus propias manos, y nosotros lo que tenemos que hacer es ahorrar esfuerzos, evitarnos divisiones y arrimar todos el hombro detrás de él para construir Túnez. Todos aquellos que intenten perjudicar nuestros valores, o todo lo que ha anclado en nosotros el presidente Burguiba, serán perseguidos.»-
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