455e txp page_title/>Blog y sitio especializado en política exterior española Domingo del Pino: Miserias del periodismo y de los periodistas

Artículos sobre temas de periodismo y periodistas



Miserias del periodismo y de los periodistas :: 11/11/2010

La razón profesional subordinada a la razón política1.

Todas las empresas privadas funcionan con un mismo fin último: aumentar constantemente la diferencia entre sus costes de producción y sus ingresos por ventas de sus productos. Dicho con otras palabras, se esfuerzan por mejorar sus cuentas de resultados. El valor del producto no suele ofrecer dudas: responde a sus componentes, su calidad y su demanda en el mercado.

Todo lo que concierne al periodismo profesional es diferente y al mismo tiempo parecido. A pesar del discurso imperante sobre la libertad de expresión y la independencia de los medios de comunicación públicos, las realidades son muy obstinadas y los gobiernos, que al fin y al cabo pagan, actúan como si los medios de comunicación del Estado fuesen su particular empresa privada.
La razón profesional cede el paso a la razón política, la calidad queda subordinada al interés del gobierno, y la capacidad, el saber hacer, los conocimientos, y la experiencia, pierden batallas ante la exigencia de reverencia que impone el poder. Es costumbre que los gobiernos nombren a los presidentes de esos medios de comunicación públicos y que estos a su vez den lugar a una fiesta de nombramientos que no necesariamente toman en consideración las capacidades de los comunicadores del Centro en cuestión.

El resultado es que a las direcciones temporales de los medios públicos les da igual el producto final con tal de que este rinda culto a la acción del gobierno de turno; que los periodistas del sector público están desmotivados porque saben que las posibilidades de promoción no dependen de su curriculum – una palabra y sobre todo un requisito desterrado en la práctica de los medios públicos de comunicación – sino de su mal entendida lealtad a las personas y a los partidos.
Nadie gana en estos empeños, ni siquiera los gobiernos que se quieren ver adulados o en cualquier caso nunca criticados. El contribuyente paga por prácticamente muy poco a cambio, la sociedad pierde porque nada de valor se le ofrece, y sólo una clase de comunicadores de plena disposición para cada gobierno prospera económica y laboralmente.

Las ideas brillan por su ausencia, la organización por su inoperancia, y la capacidad sucumbe ante la exigencia reverencial. ¿Cómo luchar contra esas realidades, contra tantos círculos de tiza caucasianos de los que nadie se puede escapar?

En mi país al menos, dados los actuales, pasados y prospectivos equilibrios de poder y hábitos bien anclados, no es posible pensar en una coyuntura que vaya a permitir cambiar estos datos. Los sindicatos tradicionales están tan devaluados como la política misma. Los profesionales de la comunicación son los más insolidarios de todos los profesionales quizá porque saben que en esta profesión la salvación tiene carácter individual.

Los poderes públicos conservadores actuales, como los progresistas pasados, son los menos receptivos a toda idea que propugne poner orden en una actividad cuya miserabilización y desorden creen que les beneficia. Las pérdidas de los medios de comunicación públicos se acumulan, y las subvenciones del gobierno resultan imprescindibles para continuar la actividad que en definitiva sólo consideran justificada si siembra de laureles y silencios cómplices la actividad del poder.

Aquellos que pensábamos hace una década, dos o tres, que habíamos escogido una profesión honorable, digna, y moralmente retributiva, nos vemos reducidos a la miserable condición de adlateres del poder, cualquier poder, y en la necesidad de participar en la genuflexión colectiva o sucumbir.

1
Esta fue originalmente mi intervención en la asamblea de la Asociación de Periodistas Europeos que tuvo lugar en Varsovia de Junio de 1998. A mi entender, lo que allí sostuve siegue siendo totalmente válido.


Ayuda Textile
0