Artículos sobre Oriente Medio y el Golfo
Israel: la difícil convivencia con el integrismo :: 11/04/2009
Domingo del Pino. Revista Española de Defensa.
En tierras de Oriente Próximo lo único que no pueden faltar son profetas. Entre los integrismos judío y árabe han surgido muchos que predicen la llegada de un Apocalipsis anunciado en viejas profecías. Instaurar un supuesto reino de Dios en la tierra, cuyas bases sólo ellos defienden, es el objetivo más frecuentemente evocado por los integristas a ambos lados de la línea divisoria del conflicto árabe-israelí. Los medios expeditivos que unos y otros emplean para lograr sus fines son generosos en el sacrificio de vidas humanas. El escenario se presta a esos radicalismos cuyo pedigrí viene definido por la consigna dos o tres veces milenaria de pasados enfrentamientos: hasta que no quede piedra sobre piedra.
No cabe duda de que el asesinato del presidente egipcio Annuar el Sadat, por haber viajado a Jerusalén, y el posterior de Isaac Rabin por haber firmado un proyecto de paz con los palestinos, constituyen los momentos cumbre de ambos integrismos, ninguno de ellos casual ni aislado. Una encuesta de octubre pasado llevada a cabo por el diario israelí Haaretz recogía que el 25 por 100 de los adolescentes israelíes, entre catorce y quince años, seguía aprobando, dos años después, el asesinato del primer ministro. El periódico no dejaba de hacer notar que, entre los encuestados, el porcentaje de quienes se consideraban religiosos practicantes que aprobaban el crimen (27 por 100) era muy superior al de los jóvenes laicos ( 4 por 100).
Las violencias de ambos extremismos, tanto judío como islámico, han sido tan espectaculares en el pasado que no han permitido ver la otra violencia que esos extremismos ejercen contra sus propias sociedades. Las batallas campales en Jerusalén de los judíos ortodoxos por el cierre de los clubs de baile, la interrupción de la circulación de autobuses y la paralización de toda actividad el Sabbath son bien conocidas.
Pero la situación interna de la sociedad israelí es mucho más grave y compleja. Un corresponsal estadounidense de origen judío la definía el mes pasado así: Israel corre auténtico peligro de implosión. No es solamente cuestión de árabes contra israelíes, sino de religiosos contra seglares, de ricos contra pobres, de asquenazíes contra sefardíes, de nuevos contra viejos inmigrantes, de izquierdas contra derechas y, ahora, de judíos ortodoxos contra judíos no ortodoxos.
Algunos miembros de la policía del primer ministro Benjamín Netanyahu, con su actitud ante la construcción de nuevas colonias de población en territorio de la Autonomía Palestina o el reforzamiento de las ya existentes, que mantiene bloqueado el proceso de paz, es tributaria de ese extremismo religioso que cada vez tiene más adeptos y mayor influencia en la vida política israelí.
Más de un centenar de organizaciones judías de los Estados Unidos financian la construcción de nuevas colonias de población y el mejoramiento de las existentes y ayudan a los ultraortodoxos y radicales judíos a mantener sus propios medios de comunicación. La prensa ha aireado recientemente el caso del doctor Irving Moskowitz, un médico judío americano que se ha enriquecido en el negocio del juego en Las Vegas. Por sí solo financia unos 150 centros judíos ortodoxos de Israel que se oponen a las conversaciones de paz, además de viviendas en colonias de población en Cisjordania, y, sobre todo, paga a la activa y militante sinagoga Ateret Coharim Yeshiva, enclavada en pleno corazón del Jerusalén árabe.
El dr. Moskowitz financia al extremista alcalde de Jerusalén, Ehud Olmert, rival electoral, por cierto, del primer ministro Netanyahu en esa ciudad. Al igual que los emires radicales del mundo árabe, los rabinos del movimiento Chabad Lubabitch — afines al alcalde Olmert —, afirman que quieren redimir al mundo, a su manera, por supuesto.
Por otro parte, los ultraortodoxos haredim creen que ellos personifican las esencias del pasado judío y desempeñan un papel cada vez más importante en la policía israelí. Ellos han pedido al Tribunal Supremo de Israel que declare fuera de la ley a dos organizaciones judías, Reforma del Judaísmo y Judaísmo Conservador, a las que acusa, entre otras cuestiones, de ser responsables de la asimilación de los judíos norteamericanos.
Sin ellas — sostienen — los judíos serían hoy treinta millones en los Estados Unidos. La israelí es una sociedad que todavía sigue pensándose y buscándose a sí misma, escribía recientemente la periodista Mica D. Halpern, y añadía que ahora ya no es sólo cuestión de quién es israelí, sino de quién es judío, y más aún, de quién es líder judío.
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