4d04 txp page_title/> Domingo del Pino: Jamsin sobe el Cairo

Reportajes varios



Jamsin sobe el Cairo :: 03/04/1972

Egipto: Cuando sopla el jamsin

Domingo del Pino. Corresponsal. Prensa Latina, abril de 1972

Cuando el jamsin sopla sobre El Cairo las calles se llenan de arena del desierto libio: los ojos se irritan y se cierran, en las casas bajan las persianas y entornan las puertas: resulta difícil ver el horizonte. Cuando pasa el jamsin todo vuelve a brillar con su luminosidad de siempre. El Cairo aparece con su majestuosidad realzada, con todo su esplendor milenario. Hasta el gris monótono de sus mezquitas y sus minaretes nunca repetidos resultan de una plasticidad aumentada. Las pirámides, telón de fondo del paisaje de El Cairo moderno, se mezclan a un decorado de monumentos romanos, coptos, árabes, turcos, que constituyen la unidad en la variedad de la historia de este pueblo.

Desde hace más de un cuarto de siglo otro jamsin que proviene de Israel, mantiene a Egipto movilizado en torno a una guerra que de antemano sabe que no puede decidir en el clásico campo de batalla. Esa realidad un tanto desmoralizante, se asocia al retraso del desarrollo económico del país. Egipto arrastra casi medio siglo de atraso, se afirma en algunos círculos intelectuales capitalinos: peor aún, la prolongación del statu quo actual, la ausencia de acuerdo con Israel, según la élite del poder, acentúa y convierte en crónicos los males egipcios.

La presencia israelí en la otra orilla del Canal de Suez ha venido a colmar las tribulaciones del gobierno con el peso de unos 4 millones de refugiados que han abandonado entre otras las tres ciudades más importantes de esa vía acuática, Port Said, Ismailía y Suez. El Cairo, destino de una gran parte de esa forzada emigración interior, cuenta hoy con más de 6 millones de habitantes. Compite demográficamente con las grandes capitales del mundo, pero sin la infraestructura habitacional, industrial, económica, ni de transportes ni servicios que permita asimilar a esa marea humana.

El desafío expansionista de Tel Aviv obliga a tener en pie de guerra a hombres y recursos económicos y es para muchos la causa de la imposibilidad de progresar. Las servidumbres del panarabismo impiden oficializar abiertamente aspiraciones y convencimientos. Desde hace tiempo los egipcios señalan dos factores que condicionan la posibilidad de negociar una convivencia con Israel: Israel, evidentemente, y los palestinos.

El extinto Gamal Abdel Nasser definió esta dualidad de limitantes y las posibles soluciones como “La negativa de Israel a aceptar las resoluciones de la ONU de 1948, concederle a los refugiados palestinos el derecho a su repatriación a Israel o el pago de compensaciones. Era el único litigio que nos separaba de los israelíes”, decía Nasser en 1970. “Después de 1967 un segundo problema ha venido a añadirse: la ocupación de territorios árabes. La Resolución del Consejo de Seguridad de 22 de noviembre de 1967 proporciona la solución para estos dos problemas, a la par que ofrece a Israel garantías de existencia soberana, seguridad y paz, y a la libertad de navegación por el Golfo de Aqaba y Suez”.

Al rechazar Israel en la práctica esta resolución, al multiplicar sus exigencias frente a los repetidos gestos y ofrecimientos egipcias, El Cairo se ha encontrado ante un auténtico dilema. La mayoría de los dirigentes sionistas, dicen en El Cairo, se ha acomodado con el papel que Washington reserva a Israel como mejor garantía de mantener su presencia en Medio Oriente. “La única región del mundo donde estados unidos puede hacer la guerra sin necesidad de enviar tropas es Medio Oriente”, escribía hace poco Ismail Sabri Abdallah, vice ministro egipcio de Planificación.

Abdallah también ha precisado su visión de los contornos del dilema: “¿Quieren los israelíes realmente integrarse en la región y compartir nuestra suerte, abolir la ley del retorno judío, precisar las fronteras, o quieren continuar como cabeza de puente de occidente?”; En cuanto al segundo aspecto, el problema palestino, agregaba Abdallah que las condiciones están maduras para liquidar las consecuencias de la guerra de 1967, pero no lo están aún para una solución definitiva del problema palestino, y es aquí donde la resolución del Consejo de Seguridad de 1967 toma toda su importancia. Nuestros hermanos palestinos tienen una fuerte tendencia a considerar el problema en términos de todo o nada, pero la Resistencia ha dado un paso enorme al adoptar la consigna de un estado democrático donde judíos y árabes vivan en paz.

Egipto, desde los tiempos de los faraones vive en dependencia de las aguas del Nilo. El país está recubierto de arena excepto en la franja a ambos lados del rio. Solo un cinco por ciento de su superficie es cultivable. El campesino dispone de una renta mensual que no sobrepasa los 9 dólares. Un millón de personas vienen a incrementar cada año una población que no cuenta con la contrapartida en puestos de trabajo equivalente. La represa de Asuán puede representar un salto adelante enorme hacia el progreso agrícola, la aceleración de la industrialización del país, y para lograr un índice de crecimiento superior al de otros países árabes.

La liberalización de la economía, la obtención de medios financieros árabes y extranjeros para proyectos básicos, los recientes descubrimientos de gas y petróleo, la construcción del oleoducto Suez-Alejandría, y la formación de grandes conjuntos regionales, son parte de las exiguas salidas previstas por los dirigentes dentro de un enfoque moderado de la solución de los problemas económicos.

Los argelinos han recomendado hacer frente a Israel al estilo vietnamita pero las alternativas económicas se conciben supeditadas a la posibilidad de una solución negociada del conflicto, principalmente en lo que concierne, en esta primera etapa, a la liquidación de las secuelas de la guerra de 1 967. Si el jamsin de Libia aparece inexorablemente cada año y durante los días que dura apenas deja respirar a los egipcios, el de Beersheva les mantiene alejado de la mesa de negociación.


Ayuda Textile
0